- SARTRE. VIDA DE UN FILÓSOFO EXISTENCIALISTA
Jean Paul Sartre nace en París en 1905. Su padre, Jean-Baptiste Sartre, un oficial de marina que murió cuando el niño tenía más o menos un año. Su madre, Anne-Marie Schweitzer, de unos veinte años por entonces, volvió a vivir con sus padres. El resultado fue, como Sartre confesaba, que hasta los diez años permaneció solo entre un viejo y dos mujeres. Su carácter, marcado por un defecto visual (un estrabismo del ojo derecho), lo convierte en tímido y reconcentrado. Lector voraz e infatigable, estudiante brillante, atento y lúcido con un sentido crítico muy desarrollado, cursa su bachillerato en dos conocidos Liceos, el Henri IV de París y el de la Rochelle —ciudad costera del suroeste donde se había trasladado el nuevo matrimonio de su madre— en los que adquiere una formación humanística muy completa, además de un conocimiento avanzado del alemán y del inglés. Con este bagaje intelectual entra en el mundo universitario en cuyas aulas se libera en gran parte de su asfixiante y solitaria ligazón familiar (1).

Entre sus compañeros de la Sorbona y de la École Normale Supérieure (2) destacan, los más tarde conocidos filósofos Paul Nizan, escritor y crítico implacable de la filosofía burguesa; Herbaud (cuyo nombre verdadero era René Maheu) estetizante, cínico y libre, con una visión “corrosiva” de la “sociedad establecida” y, sobre todo, Simone de Beauvoir por su posterior relación personal y mutua influencia intelectual. La conoció en 1929, y junto a ella desde entonces, permanecerá toda la vida. Los cuatro eran opositores a la Agregación de filosofía de Lycée, los cuatro aspiraban a formar parte del profesorado filosófico nacional francés. Uno de ellos (Herbaud) apodó a la nueva integrante del grupo como “Castor” (en inglés Beaver significa eso mismo, género de roedores semiacuáticos conocidos como ingenieros de ecosistemas y asociados por Sartre y sus amigos a laboriosidad, inteligencia y fuerte espíritu colectivo). A partir de entonces, todo el mundo la conocería por ese cariñoso apodo o apelativo que su apellido Beauvoir en inglés evocaba.
De los 76 candidatos a la cátedra de filosofía de junio de 1929, Sartre obtuvo el nº uno, Simone de Beauvoir, la segunda plaza, surgiendo alguna que otra discrepancia con esa “clasificación”, discutible, según algunos testigos. En el primer tomo de sus Memoires d’une Jeune Fille rangée, Simone nos narra cómo conoció a Sartre y a sus colegas y la impresión que le produjeron: “Apenas trataban con nadie. No asistían más que a cursos muy escogidos. Tenían pésima reputación. Se decía de ellos que ‘les faltaba simpatía’ con respectos a las cosas”. Cuando Simone de Beauvoir hace su primera visita a la habitación de Sartre, a instancias de su introductor en el grupo Herbaud, al que había conocido un poco antes en la Biblioteca Nacional, escribe: “Estaba un poco intimidada cuando entré en la habitación. Había un gran desorden de libros y papeles, colillas en todas las esquinas, humo. Sartre me acogió con delicadeza mundana: fumaba en pipa. Paul Nizan, silencioso, con un cigarrillo en la comisura de los labios, sonriendo oblicuamente, me espiaba a través de sus espesas gafas, con aire de inquisidor”. Herbaud, por su parte, dice de sus compañeros: “Lo quieren comprender todo, sobre todo Sartre. Salvo cuando duerme, piensa todo el tiempo”.

De los cuatro, tres, Sartre, Simone y Nizan obtienen la ambiciada plaza; Herbaud es rechazado. Al enterarse Jean-Paul del éxito de Simone y desaparecer Herbaud del horizonte sentimental de ella, le dice: “A partir de este momento me ocuparé de ti”. Simone entiende, siente, prevé que aquella relación va a durar mucho. “Sartre respondía exactamente a mis ilusiones de los quince años: era el doble en que yo me volvía a encontrar, llevadas hasta la exageración mis propias manías. Cuando nos separamos a comienzos de agosto sabía que jamás saldría de mi vida” (3). Juntos, encarnarán a los intelectuales contestatarios y comprometidos de su juventud (como sus coetáneos Aron, Hyppolite, Danielou, S. Weil y más tarde Albert Camus); juntos descubrirán a sus ídolos literarios Celine, Faulkner, Kafka y viajarán por toda Europa. Nápoles y Barcelona, Atenas y Londres, Roma y Hamburgo, por Marruecos y por Estados Unidos, más tarde; juntos trasnocharán en los locales de jazz en la rive gauche y en los cafés “existencialistas” de París… Su amistad irá cimentándose progresivamente a lo largo del tiempo; su relación de juventud se prolongaría hasta el final de sus días (casi 51 años).
Sus ansias viajeras y su afán de aventuras tienen que posponerse una vez obtenida la plaza de professeur Agrégé de Liceo (4). Sartre toma posesión como profesor de filosofía en el Liceo del Havre y permanece allí durante dos cursos (1931-1933). Alguna de las narraciones o relatos que más tarde aparecerán en Le Mur (El Muro) serían redactadas durante ese periodo docente. En 1933 es becado del Instituto Francés para estudiar en Berlín, lo que colma en gran parte sus ambiciones intelectuales y lo convierte en privilegiado testigo del crecimiento del nacionalsocialismo, del exterminio de la izquierda alemana y de la irrupción de los irracionalismos biologicistas y totalitarios que habrán de desolar y destruir Europa muy poco después. De la capital del Tercer Reich, Sartre volverá al Liceo de Havre convertido en un antifascista militante. Durante los años 1937 y 1938 —cuando ha estallado ya la guerra civil en España— el profesor Sartre se traslada al Liceo de Laon para tomar posesión, al año siguiente, de la cátedra del Liceo Pasteur de París, años en los que tal vez se dedicara a construir su “visión del mundo” y gestar su primera gran obra filosófica L’être et le néant (El ser y la nada).

Sin duda, uno de sus mayores hallazgos filosóficos durante su estancia en Berlín fue el conocimiento de la fenomenología husserliana cuyo primer fruto sartriano fue L’imagination (Nouvelle Encyclopédie philosophique, PUF, 1936) y otras dos obras Esquisse d’un theorie des émotions (de 1939) y L’Imaginaire, de 1940. Le Mur, novela corta se publica en 1937 en la “Nouvelle Revue Française”, una bella narración en la que anticipa su riguroso análisis existencial en el que la existencia se manifiesta como absurda y descarnada y se pone de manifiesto la falta de razones para vivir, un anticipo de lo que luego en La Nausée (La Náusea) desarrollará magistralmente: el sinsentido del existir humano. Esta novela, dedicada al Castor (S. de B.), publicada por la editorial Gallimard, París, en 1938, será la que al cabo de cuatro años lo llevará a la fama, es su novela más famosa y conocida. Su protagonista Antoine Roquentin, individuo solitario y extraño, un día de invierno, mientras se encontraba en un jardín de su ciudad, se siente mal y confiesa:
“Hace un momento estaba yo en un jardín público. La raíz del castaño se incrustaba en la tierra, debajo de mi banco. No me acordé más de que era una raíz. Las palabras se habían desvanecido y con ellas la significación de las cosas, sus modelos de empleo, los débiles signos que los hombres han trazado sobre su superficie. Yo estaba sentado algo encorvado, con la cabeza baja, solo frente a aquella masa negra y nudosa absolutamente salvaje y que producía terror. Fue entonces cuando tuve esta iluminación. Aquello me cortó la respiración. Jamás hasta aquel momento había presentido lo que significa existir…”
Y continúa describiendo cómo la náusea llega y le domina. Y es a partir de entonces cuando comienza a sentir y comprender las razones de este fenómeno. Todas sus reacciones, todas sus andanzas las transcribe a un diario, y es gracias a ese diario “metafísico” como el lector toma contacto con Antoine Roquentin. Con ella, se diría, que el existencialismo, o la filosofía de la existencia, toma carta de naturaleza en la literatura francesa y europea. Se colocó a la cabeza de las lecturas populares y de la moda juvenil. A partir de su éxito y divulgación también se produjo un teatro, una poesía y hasta una canción popular existencialista, ubicada en las caves de Saint-Germain-des-Prés, auténticos templos del culto sartriano durante los primeros años de la postguerra, entre cuyos ídolos estaban Juliette Gréco, su musa, y Boris Vian (5).

Mientras enseña en el Liceo Pasteur de París se produce una movilización general en Francia. Debe incorporarse a filas (a pesar de haber cumplido su servicio militar desde octubre de 1931 a enero de 1931) y acuartelado en Nancy y hecho prisionero de los alemanes el 21 de junio de 1940 durante casi un año, hasta que se escapa de su prisión en abril del año siguiente, demostrando así su bravura personal, valor e inteligencia. Se reintegra al Liceo Pasteur (1941) y poco después toma posesión des u cátedra en el Liceo Condorcet, también de París desde 1942 a 1944. Durante el curso de 1943 publicará las obras siguientes: Les Mouches (drama en tres actos), L’être et le néant (ensayo filosófico), L’age de raison (novela) y Les Sourcis (novela). Todas editadas por Gallimard. Desde que llega a París toma contacto con la Resistencia enrolándose en una de las organizaciones de la misma.
Les Mouches (1938) ha sido considerada como la obra teatral más significativa y valiosa del filósofo. En ella se representa una nueva versión del mito de Electra: la actuación de Orestes, el protagonista, es el símbolo de la libertad humana incompatible con la existencia de Dios. La tesis que trata de mostrar es que la acción es la libertad y que los hombres son libres y, a veces, sin saberlo siquiera. El ateísmo y la libertad son los temas nucleares de esta obra: “Cuando la libertad ha estallado en el alma de un hombre, los dioses son impotentes contra el hombre”.
La segunda obra dramática de Sartre, Huis-clos (A puerta cerrada), obra en un acto sitúa a sus personajes —un cobarde, una lesbiana y un infanticida— en un hotel, encerrados en una habitación y condenados a vivir frente a frente. Garcín el cobarde y desertor describe la situación con estas palabras: “Ha llegado el momento. La estatua está aquí, la veo y comprendo que estoy en el infierno (…) Todas estas miradas que me devoran… ¿No sois más que dos? Os creía mucho más numerosos. Entonces, esto es el infierno. No lo hubiera creído jamás. ¿Os acordáis?; el azufre, las cadenas… ¡Vaya broma! No son necesarias las cadenas. El infierno son los otros”. Su producción teatral fue muy dilatada. Irán apareciendo Morts sans sepulture (Muertos sin sepultura) y La putain respectueuse, (La puta respetuosa), sobre la segregación racial en USA en 1946. En 1948 se publica Les mains sales (Las manos sucias), sobre el compromiso político, en ella pone en duda los dogmatismos derivados de la época estalinista y fue piedra de escándalo para los militantes comunistas de todos los países occidentales. Le diable et le bon Dieu. (El diablo y el buen Dios), se estrena en 1951. Nekrassov y Les secuéstres d’Altona (Los secuestrados de Altona) son de 1956 y 1960 respectivamente.

La trilogía novelística denominada Les chemins de la liberté (Los caminos de la libertad), consta de L’age de raison, (La edad de la razón), Le sursis (El aplazamiento), y La mort dans l’áme (La muerte del alma). Tres novelas-río, en las que se intercalan varias acciones y argumentos y en ellas van emergiendo y desarrollándose los temas sartrianos nucleares: el absurdo de la existencia, el ateísmo radical, el tormento de los “otros”, la condena a la libertad y la irracionalidad de la existencia.
Desde el momento en que se publicó su conferencia L’existencialisme est un humanisme (El existencialismo es un humanismo) (1946), Sartre tratará de armonizar su labor vulgarizadora y publicista con su labor filosófico-política. La mayoría de los críticos están de acuerdo en que, a partir de 1960, fecha en la cual se publica su obra Critique de la raison dialectique (Crítica de la razón dialéctica), el derrotero intelectual de Jean-Paul Sartre varía de signo en el intento de conciliar sus posiciones existencialistas originarias y las sobrevenidas en su última etapa de carácter explícitamente marxista. Por su última obra, Les Mots le fue concedido el Premio Nobel de literatura de 1964, que rechazó.

En este apretadísimo resumen de su obra literaria y filosófica no podemos dejar de referirnos a la importancia de la revista mensual “Les Temps Modernes” —cuyo título nos recuerda inevitablemente al gran film de Charles Chaplin, estrenada también por entonces—, creada en 1945 en la postguerra por Sartre, Simone de Beauvoir y otros intelectuales franceses, como Merleau-Ponty, Raymond Aron, Jean Paulham, Michel Leiris, H. Lefevre, Francis Jeanson, como instrumento de la clase intelectual francesa al servicio de la cultura y de la actualidad política e intelectual. En ella se publicaros textos muy significativos sobre los temas más polémicos y controvertidos de los veinte o treinta años que siguieron a la Segunda guerra mundial, desde el colonialismo y el neocolonialismo hasta la polémica sobre el dogmatismo marxista o las posiciones de los intelectuales en relación con el compromiso político. Muchos de ellos serán recogidos y compilados bajo el título general de Situaciones.

Tras un primer período existencialista sus posiciones ideológicas van cambiando y transformándose hacia el comunismo más ortodoxo, que comporta su ruptura con las posiciones del otro gran escritor francés, del absurdo existencial, de origen argelino, Albert Camus. Entre 1956 y 1958, asiste críticamente a la invasión soviética de Hungría, y se alinea con los partidarios de la independencia argelina. En 1967 participa en el Congreso para la Paz y el Desarme, que se celebra en Helsinki. Forma parte, más tarde en 1968, del Tribunal Russell, contra la intervención estadounidense en Vietnam y asiste a los acontecimientos de mayo del 68, desde posiciones de extrema izquierda dirigiendo La Cause du Peuple y creando el diario Libération. Su posición crítica ante la invasión de Praga por la URSS, en 1968, y contra el régimen cubano a partir del “Caso Padilla” (1970) lo investirán, en una parte de la izquierda europea, de una notable autoridad moral e intelectual. Tiene aún oportunidad de celebrar la Revolución de los Claveles de Portugal en 1975. A partir de 1971 se produce su crisis personal y su decadencia física y la pérdida definitiva de la visión de su ojo izquierdo, que lo obliga a una vida dependientes de los cuidados de sus amigos y allegados. Muere en París, el 15 de abril de 1980.
BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS
1. Ben-Ami Scharftein, Los filósofos y sus vidas. Para una historia psicológica de la filosofía, Cátedra, Madrid 1984, pp. 353-363. Además del citado hemos consultado las siguientes biografías sobre Jean-Paul Sartre: su propia autobiografía Les Mots (M) Gallimard, París, 1964; F. Jeansen, Sartre par lui-même, París, 1954; Alberto Miguez, Biografía completa de Jean-Paul Sartre, Ibérico Europea de Ediciones, Madrid, 1918. Bernard-Henry Lévy, El siglo de Sartre, Ediciones B, Barcelona, 2001; Hazel Rowlley, Sartre y Beauvoir, Lumen, Barcelona, 2006.
2. Sartre junto a Paul Nizan ingresarán en esa selectísima École en 1924, en donde tendrán como compañeros a figuras de la talla de Raymond Aron y Georges Canguilhem. Allí tendrá como profesor al maestro Brunschvicg. En 1927 opositará por primera vez a la Agrégation de filosofía de Liceo y fracasará: la plaza nº uno la obtendría su amigo y compañero Raymond Aron.
3. Citas tomadas de Charles Moeller, Literatura siglo XX y cristianismo, vol. II La Fe en Jesucristo (Jean Paul Sartre et alt.), Apéndice. “La infancia de Sartre”, p. 451, Ed. Gredos, Madrid, 1961 pp. 451-462.
4. Profesor titular o catedrático que ha aprobado la agrégation, una oposición muy competitiva en el sistema educativo francés.
5. Permítaseme esta evocación o licencia sentimental: Entre 1944-45, tras la liberación, y 1950 el existencialismo tenía su sede urbana en las cafeterías y caves como el Café de Flore situado entre el Boulevard Saint-Germain y la calle Saint Benôit, donde se instalaron tanto Sartre como Simone para escribir sus textos y artículos. La vida existencial, de escritores, artistas y músicos tenía lugar entre el bulevar Saint-Michel al este y la rue des Daint-Pères al oeste, los quais del Sena al norte y la calle Vaugirard al sur, zona que se convirtió en esos años en atracción turística. La imagen icónica que teníamos los jóvenes de mi generación (una quincena de años después aprox.) de los existencialistas, era la de un intelectual o artista de mediana edad con jersey negro de cuello vuelto y un cigarrillo negro en los labios, un Gauloise o un Gitane. Ni que decir tiene que fueron los inspiradores de la vocación filosófica de los chicos y chicas de mi generación, a quienes imitábamos en todo o casi. El París de entonces comenzaba a resurgir tras la contienda en lo intelectual, y no sólo por lo que respecta a la filosofía y al existencialismo. En el ámbito dramático en 1944 se estrenaron la Antígona de Jean Anouihl y A puerta cerrada de Sartre: el Calígula de Albert Camus y La Loca de Chaillot de Giraudoux al año siguiente y en 1946 se estrenó Muertos sin sepultura de Sartre. Eugene Ionescvo y Samuel Beckett, influidos por Luigi Pirandello, esperaban entre bastidores.
íNDICE DE ESTA SERIE:
- SARTRE. VIDA DE UN FILÓSOFO EXISTENCIALISTA
2. SARTRE. LA FAMILIA. LA FORJA DE UN HOMBRE MISÁNTROPO Y MISÓGINO
3. EXCURSUS SOBRE EL AMOR Y LA SEXUALIDAD EN SARTRE
4. UTILIZACIÓN DE IMÁGENES ESTIGMATIZADORAS DE LA MUJER: ABERTURA Y VISCOSIDAD
5. LAS MUJERES DE SARTRE: SIMONE DE BEAUVOIR Y OTRAS





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