Del tablero de ajedrez al aula: una mirada al Aprendizaje Basado en Historias como metodología activa para despertar pensamiento, emoción y aprendizaje significativo
“El ajedrez no es siempre competitivo. No siempre tienes que ganar.”
Del tablero de ajedrez al aula esta es en sí, una mirada al Aprendizaje Basado en Historias como metodología activa para despertar pensamiento, emoción y aprendizaje significativo, hay historias que entretienen, hay historias que enseñan y hay otras que, además, consiguen que nos miremos a nosotros mismos…” Gambito de dama” es una de ellas.

Vuelvo a retomar mi Proyecto Educativo de Ajedrez, UMA-CLUB DE AJEDREZ DE ANTEQUERA, para reflexionar sobre, el juego educativo que este pasatiempo encierra, pero…hoy lo voy trasladar al ABH (Aprendizaje Basado en Historias) desde mi crítica constructiva, quiero compartir con mis lectores enseñanzas que esta historia de TV, deja como enseñanza desde lo cotidiano y desde la realidad de la vida misma de una adolescente que queda prendada por este estratégico juego.
La serie nos presenta a Beth Harmon, una joven que descubre en el ajedrez mucho más que un juego, encuentra un lenguaje, un desafío, una forma de comprender el mundo y, sobre todo, una posibilidad de construir su propio camino. Observando y reflexionando sobre su historia desde la perspectiva educativa, encuentro una poderosa metáfora para pensar la escuela y la universidad: aprender también es jugar una partida en la que cada decisión importa y, es precisamente desde esa mirada donde cobra sentido mi proyecto doctoral: Aprendizaje Basado en Historias (ABH), una metodología activa que nace de una convicción profunda, cuando una persona se siente parte de una historia, deja de ser una simple receptora de información y comienza a convertirse en protagonista de su propio aprendizaje.

El tablero también puede ser un aula, en Gambito de dama, Beth aprende a observar antes de mover una pieza, analiza posibilidades, anticipa consecuencias, formula estrategias y toma decisiones; en educación sucede algo semejante. El aprendizaje significativo no consiste únicamente en acumular contenidos, implica observar, interpretar, relacionar, cuestionar, decidir, crear y reflexionar.
El aula puede convertirse así en un tablero donde cada estudiante tenga la oportunidad de pensar su propia jugada. Desde el ABH, la historia funciona como un dispositivo pedagógico capaz de activar la curiosidad, la imaginación, la emoción y el pensamiento crítico. El relato no es un simple recurso decorativo: se convierte en el punto de partida para investigar, dialogar, resolver problemas, construir conocimiento y generar nuevas preguntas, porque una buena historia no termina cuando llegamos al último párrafo, una buena historia comienza a vivir cuando despierta preguntas, aquí entra en juego el Storytelling: contar para aprender, el storytelling educativo nos recuerda algo esencial, las personas no aprendemos solamente a través de datos; también aprendemos a través de experiencias, emociones, personajes, conflictos y significados, por eso, introducir una historia en el aula puede modificar la relación del estudiante con el conocimiento, una novela, un relato, una película o una experiencia personal pueden convertirse en situaciones de aprendizaje, un claro ejemplo “el ajedrez”.

El estudiante observa al personaje, reconoce un conflicto, interpreta sus decisiones, establece relaciones con su propia realidad y comienza a construir significado, es aquí donde el ABH dialoga con otras metodologías activas como el Aprendizaje Basado en Proyectos, el aprendizaje cooperativo, la gamificación, la educación emocional y el pensamiento crítico, la historia se transforma en un puente, un puente entre emoción y cognición, entre lectura y experiencia entre teoría y realidad, entre pregunta y conocimiento,veo, pienso y me pregunto mirar más allá de lo evidente, una de las estrategias que encuentro especialmente significativa para trabajar narrativamente es “Veo, pienso y me pregunto”, imaginemos una escena de Gambito de dama:
Veo: una joven frente a un tablero. Las piezas están organizadas. Su mirada permanece concentrada. Hay silencio.
Pienso: está analizando posibilidades. No está simplemente jugando. Está tomando decisiones, anticipando movimientos y construyendo estrategias.
Me pregunto: ¿qué sucede dentro de su pensamiento? ¿Qué la lleva a tomar una decisión? ¿Qué ocurriría si cambiara su estrategia? ¿Podemos aprender de nuestros errores de la misma manera que aprendemos de nuestras victorias?
Tres preguntas aparentemente sencillas pueden abrir una auténtica experiencia de aprendizaje.
– Veo, desarrolla la observación.
– Pienso, favorece la interpretación y la argumentación.
– Me pregunto, activa la curiosidad, la indagación y el pensamiento crítico.
Y cuando estas tres dimensiones se encuentran, el estudiante deja de mirar pasivamente y comienza a pensar sobre aquello que observa, la partida más importante no está en el tablero, quizá una de las enseñanzas más profundas de Gambito de dama sea que la partida más importante no siempre es contra un adversario, a veces la partida es contra nuestros propios límites. En educación, esta idea adquiere una enorme fuerza, cada estudiante llega al aula con una historia diferente, con experiencias, emociones, capacidades, dificultades, expectativas y sueños, por eso, enseñar también significa reconocer al otro como sujeto de aprendizaje.
Mi propuesta de Aprendizaje Basado en Historias parte de esa mirada humanizadora, no pretendo que el estudiante simplemente responda preguntas sobre una historia, quiero que entre en ella, que dialogue con sus personajes, que cuestione sus decisiones, que investigue, que argumente, que cree, que relacione la ficción con su contexto, que pueda decir: “Esto que estoy leyendo también tiene algo que ver conmigo y con el mundo que habito”, así pasar de ser el lector al protagonista.

Centro Comercial La Verónica-Antequera Foto: Rafael Montero González
En una metodología activa, el estudiante no ocupa una silla frente al conocimiento, ocupa un lugar dentro del proceso, la historia puede convertirse entonces en un escenario de aprendizaje donde se plantean retos, problemas, dilemas y preguntas, el docente deja de ser únicamente transmisor de contenidos para convertirse también en mediador, diseñador de experiencias, facilitador y acompañante del aprendizaje y el estudiante adquiere un papel más activo como investigador, creador, colaborador y protagonista, esta transformación exige una mirada pedagógica diferente. No se trata de abandonar los contenidos, se trata de darles sentido, no se trata de sustituir la enseñanza, se trata de enriquecerla, no se trata de contar historias por contar, se trata de utilizar la narrativa como una herramienta para pensar, aprender y transformar. Mi propia partida es , sin duda alguna… investigar desde la pasión y la vocación, mi proyecto doctoral también es una historia, una historia construida con investigación, preguntas, lecturas, incertidumbres, evidencias, reflexión y mucho trabajo, pero, sobre todo, construida con pasión. Porque investigar en educación no significa únicamente producir conocimiento académico, significa preguntarnos constantemente qué educación queremos construir y qué experiencias de aprendizaje queremos ofrecer a nuestros estudiantes.

Mi compromiso con el ABH nace precisamente de esa inquietud, desde mi formación docente y mi experiencia educativa, he aprendido que enseñar exige profesionalidad, pero también sensibilidad, exige conocimiento, pero también escucha, exige rigor científico, pero también vocación y exige, especialmente, una capacidad permanente para revisar nuestras propias certezas. Por eso entiendo mi investigación desde un pensamiento reflexivo, crítico y constructivo, reflexivo, porque me obliga a mirar mi propia práctica, crítico, porque me invita a cuestionar aquello que damos por establecido y constructivo, porque no quiero quedarme solamente en la crítica, quiero aportar alternativas.
Volvamos un poco al principio…¿Y si cambiamos la pregunta?, quizá la educación necesita comenzar a formular nuevas preguntas, en lugar de preguntar únicamente, por ejemplo…¿Qué tiene que aprender el estudiante?, podríamos preguntarnos, ¿Cómo podemos conseguir que quiera aprender?, en lugar de: ¿Cómo evaluamos lo que sabe?. También podríamos preguntarnos: ¿Cómo hacemos visible lo que piensa, siente, crea y es capaz de transformar?, en lugar de considerar la lectura como una obligación…¿Qué ocurriría si consiguiéramos que cada estudiante encontrara en una historia una razón para querer seguir leyendo?, ahí comienza, para mí, el verdadero desafío.

Creo que la educación también necesita su gambito… en ajedrez, un gambito implica asumir un riesgo estratégico, yo diría que en educación también necesitamos atrevernos a mover una pieza diferente, cambiar la disposición, introducir una historia, plantear una pregunta inesperada, permitir que el estudiante interprete, pueda crear, investigar, equivocarse, volver a intentarlo, porque tal vez, el aprendizaje no consiste en encontrar siempre la jugada correcta a la primera, capaz consiste en aprender a pensar antes de realizar la siguiente jugada y ahí reside una de las mayores fortalezas de las metodologías activas, el conocimiento deja de ser algo que simplemente se recibe y comienza a convertirse en algo que se construye.
Esta es una historia que esta en proceso , una historia que todavía no termina, mi historia, mi camino, cuando pienso en mi investigación doctoral, siento que todavía estoy frente al tablero, hay movimientos que conozco, otros que todavía estoy intentando comprender, hay preguntas que han encontrado respuestas y respuestas que han generado nuevas preguntas, pero continúo jugando, continúo investigando, continúo creyendo y construyendo en la educación. Porque, al igual que Beth Harmon descubre que cada partida abre nuevas posibilidades, yo también he comprendido que cada historia puede abrir una puerta hacia un nuevo aprendizaje.

Mi apuesta por el Aprendizaje Basado en Historias es, en definitiva, una apuesta por una educación más activa, significativa, participativa y humana, una educación que no solamente enseñe a responder, una educación que enseñe a preguntar, porque cuando un estudiante observa y piensa, aprende, cuando se pregunta, investiga, cuando investiga, descubre, cuando descubre, construye y cuando construye conocimiento, comienza a comprender que también puede transformar su realidad.
El ajedrez, es una partida que también se juega en el aula, si el tablero puede convertirse en un aula, el ajedrez puede convertirse también en una poderosa metodología para aprender a pensar, no hablamos solamente de enseñar a mover piezas, sino de enseñar a observar, anticipar, tomar decisiones, elaborar estrategias, asumir consecuencias, aprender del error, perseverar y volver a intentarlo. Cada movimiento implica una elección y cada elección abre nuevas posibilidades de aprendizaje. Desde esta perspectiva, mi apuesta es seguir avanzando hacia una integración del ajedrez en la formación inicial del profesorado, especialmente en el Grado de Magisterio, entendiendo este juego como una herramienta pedagógica capaz de articular contenidos, competencias, pensamiento crítico, creatividad, cooperación y educación emocional, el futuro docente necesita no solo conocer metodologías activas, sino también vivirlas, experimentarlas y descubrir cómo pueden trasladarse posteriormente a sus propias aulas.
Esta propuesta ya ha comenzado a tomar forma a través de experiencias concretas de articulación entre la formación universitaria y el mundo del ajedrez, en marzo de 2026, tuve la oportunidad de coordinar un evento de ajedrez, realizado en el hall dela Facultad de Ciencias de la Educación, con la colaboración del Club de Ajedrez Antequera, una experiencia que reafirmó mi convicción de que la universidad puede y debe generar espacios donde el conocimiento académico dialogue con experiencias reales, participativas y significativas.

La posibilidad de vincular estas experiencias con el Grado de Magisterio abre, a mi entender, un camino especialmente valioso, que los futuros maestros no solamente conozcan el ajedrez como juego, sino que puedan descubrirlo como recurso metodológico y estrategia pedagógica, experimentar sus posibilidades educativas y posteriormente diseñar propuestas para llevarlas a sus propias aulas y es aquí, donde encuentro una conexión profunda con mi propuesta de Aprendizaje Basado en Historias (ABH), tanto una historia como una partida de ajedrez colocan al estudiante frente a una situación que exige implicarse. Hay personajes, conflictos, decisiones, incertidumbres, estrategias, errores y nuevos caminos, el estudiante deja de ser espectador para convertirse en protagonista de una experiencia en la que debe pensar, interpretar, decidir y construir. FOTO 10
El ajedrez, además, nos ofrece una extraordinaria metáfora de la educación… no se trata de enseñar al estudiante cuál es la jugada correcta, sino de ayudarlo a desarrollar las capacidades necesarias para pensar cuál podría ser su mejor jugada, ese es, para mí, el verdadero valor educativo del ajedrez, por eso quiero seguir apostando por una de las alternativas de trabajo: ABH, ajedrez y formación docente, generando puentes entre la universidad, el profesorado, el alumnado y las instituciones vinculadas a este apasionante juego de estrategia. La experiencia desarrollada en marzo de 2026 junto al Club de Ajedrez Antequera representa un punto de partida para continuar construyendo nuevas propuestas, nuevos encuentros y nuevas experiencias de aprendizaje, porque cuando llevamos el tablero a la formación del profesorado, no estamos simplemente incorporando un juego, estamos incorporando una manera diferente de comprender el aprendizaje, una manera que invita a detenerse, observar antes de actuar, pensar antes de responder, anticipar antes de decidir y comprender que equivocarse no significa perder, sino disponer de una nueva oportunidad para aprender.

Quizá la educación, como el ajedrez, no consista en conocer de antemano todas las jugadas. consista en aprender a pensar la siguiente y es ahí cuando, un futuro maestro aprende a pensar estratégicamente, a acompañar al otro en sus decisiones y a transformar el error en una oportunidad, entonces el tablero deja de ser solamente un lugar donde se juega una partida y se convierte en un verdadero espacio pedagógico para aprender a jugar la partida que te lleva al proceso continuo de nuevos conocimientos..
“Quizá ese sea el verdadero gambito de la educación: atreverse a mover una pieza diferente para descubrir que, al otro lado del tablero, siempre existe una nueva posibilidad de aprender. La vida, como el ajedrez, nos pone frente a movimientos que no siempre sabemos anticipar. Pero cada error nos enseña, cada pregunta nos transforma y cada historia nos deja una huella. Aprender es, quizá, atreverse a mover una pieza aun sin conocer el resultado, confiando en que cada paso puede abrirnos un nuevo camino. Porque al final, la verdadera victoria no está en ganar la partida, sino en convertirnos en mejores personas mientras aprendemos a jugarla.”
Gracias Club de Ajedrez Antequera! por colaborar en este Proyecto Educativo, Gracias! Por acompañarme a seguir educando con propósito y demostrar que a través de este juego de estrategia también existe la magia para seguir aprendiendo.





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