Salimos de unas citas médicas y vamos a dar un pequeño paseo, íbamos a tomar un café o vaso de leche y media tostada y en esas que nos encontramos en pleno centro de Granada, en la Gran Vía, en la misma puerta del instituto Padre Suárez a una persona, un hombre, no sabemos si dormido o inconsciente a pleno sol con un andador a su lado. Eran ya las 10:30 de la mañana y aunque es septiembre, estamos en la enésima ola de calor, como sabéis, y había unos 32 grados a la sombra y aproximadamente 40 grados al sol.
Por ello, varias personas nos preocupamos ya que este señor podía caer gravemente enfermo o morir si se quedaba en esa situación y hablamos sobre qué podemos hacer para ayudarlo.
Decidimos pedir ayuda para ver si lo pueden atender o, como mínimo llevarlo a la sombra o algún otro lugar. Llamo al 061, explico la situación y lo primero que me preguntan es si es una persona sin hogar, no lo sabemos, en realidad, pero sí que lo parece, está deteriorado y no muy limpio. Entonces dicen que necesitan saber si está despierto o dormido y nos piden que intentemos despertarlo para comprobarlo. Finalmente, lo conseguimos despertar. La señora del 061 me da las gracias por la colaboración y dicen que van a mandar policía y servicio médico. En ese momento, salen tres profesores de ese instituto. Mientras llega la ayuda solicitada intentamos llevarlo a la sombra porque él no puede ya que tiene la movilidad muy reducida y no se encuentra bien.
Entonces aparece un policía y se muestra absolutamente insensible a la situación, dice que esa persona no se sabe si está así por gusto o por necesidad, que lo que tiene que hacer es irse a un parque, cuando el hombre no se podía mover y estaba tirado en el suelo, y se marcha.
Uno de los profesores intenta levantarlo para ponerlo a la sombra pero no puede y se tiene que ir a otro instituto porque entra a trabajar a esa hora. Los otros dos profesores del instituto se meten dentro y ya no vuelven a salir en la hora siguiente mientras nosotros estamos allí. Uno de ellos dice que cuando le dé mucho el sol se irá él solo. En ese momento ya le estaba dando mucho el sol pero no se podía mover.
En ese momento, nos quedamos intentando ayudar solamente una administrativa del IES Padre Suárez, un señor joven que decía que era de un pueblo, una señora extranjera, mis hijos y yo.
Entonces el señor y la señora se van a comprar una botella de agua. La administrativa y nosotros nos vamos a San Juan de Dios. Ante la desesperación se nos ocurre ir allí porque ellos/as proporcionan comida a las personas sin hogar, por si hay alguien que nos pudiera ayudar a trasladar y llevar a este señor a algún lugar. Allí el guardia de seguridad dice que ellos no pueden hacer nada, que aquello es un centro privado. Nos sugiere que vayamos urgencias de Gran Capitán pero que no abren como tales hasta las tres de la tarde con lo cual como son las once y ya habíamos pedido ayuda sanitaria por teléfono, volvemos a donde estaba el señor y ya había llegado la ambulancia. Vemos a una trabajadora y dos trabajadores de la ambulancia charlando y criticándonos sin saber que éramos nosotros, decían que hay qué ver, que por qué habíamos llamado para atender a esa persona (el señor seguía tirado al sol sin poder moverse), que les habíamos hecho perder el tiempo. Estaban comentando eso cuando llegamos y la administrativa les dice que los que habíamos llamado habíamos sido nosotros porque hay una persona que no está bien que está al sol, que no se puede mover y que se va a poner gravemente enferma si lo dejamos en esa situación. Ellos dicen que no lo van a atender porque él les ha dicho que no quiere ayuda y se van.
Ya habían llegado las otras dos personas con la botella de agua y nos quedamos todos anonadados por la falta de atención y la denegación de asistencia primero por parte del policía y ahora del personal médico. Nos encontramos sin saber qué hacer y a quién acudir. Al hombre le han dado agua, está un poco mejor y ahora puede hablar algo más, y dice que tiene mucha hambre. Entonces hemos ido a comprarle un bocadillo. Cuando hemos vuelto con el bocadillo, entre todos como hemos podido lo hemos arrastrado por el suelo hasta dejarlo en la sombra y ahí se ha comido el bocadillo y se ha bebido lo que quedaba de agua.
Hemos aprovechado para ir a comprar algo de comer para nosotros y la administrativa supongo que para tomarse un café rápido. Cuando hemos vuelto estaba mejor y nos ha pedido que lo subiéramos al andador para poder moverse. Lo hemos intentado pero no podíamos y un chico que ha pasado se ha ofrecido a hacerlo y le hemos dado las gracias. Lo hemos dejado allí sentado a la sombra y nos hemos despedido, nos ha preguntado que dónde íbamos, le hemos dicho que a nuestra casa, ahora tenía ganas de hablar, quería saber dónde vivíamos, le hemos dicho que en el Polígono y nos ha comentado que él tenía un piso allí. Le hemos deseado que le vaya bien y ha respondido irónico, sí, bien, me va a ir.
Una respuesta dramática. En realidad, somos conscientes de que se requiere de planes consistentes en redes de albergues o refugios, viviendas sociales y sistemas de ayuda para solucionar estas situaciones. No somos ingenuos, pero no procurar sombra, agua o comida a una persona que no está bien, negarle lo básico para salvarle la vida en un momento de necesidad con absoluta falta de humanidad por parte de muchos ciudadanos, la negación de asistencia por parte de la fuerzas de seguridad y del personal sanitario, incluyendo comentarios desagradables de desprecio y falta de consideración al género humano solo por su pobreza o situación de singhogarismo, nos ha resultado grave, preocupante y descorazonador.
Ayudar en algo en estas situaciones siempre deja regusto a poquísimo y recuerda al poema Refugio nocturno de Bertold Brecht de 1931:
«Refugio nocturno»
Me han contado que en Nueva York
en la esquina de la calle 26 con Broadway
se pone cada atardecer un hombre
durante los meses de invierno
y, pidiendo a los que pasan,
consigue un techo para que pase la noche
la gente desamparada que allí se reúne.
Con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.
Pero algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.
Algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.
Pero con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.
Todos/as aquellos/as que han pasado y a los/as que hemos solicitado ayuda y nos la han negado añadiendo además comentarios que desplegaban falta de humanidad y la negación de la consideración de persona o ser humano a este pobre señor, seguro que en alguna situación se han sentido vulnerables y han necesitado ayuda, nadie se cree otra cosa incluso aunque lo nieguen o presuman de lo contrario.
Cualquier problema o situación inesperada y no deseada puede generar una situación de sinhogarismo, no nos engañemos. También conocemos lo que provoca el estar en la calle: enfermedades físicas y mentales, y adicciones. Pongámonos en los zapatos de estas personas y pensemos en qué se puede sentir al vivir y dormir un día tras otro en la calle, sin tener donde lavarse ni comer ni descansar adecuadamente. Se genera una espiral por la falta de aseo y de conservación de salud y de imagen difícil de abandonar.
En Granada, la asociación La calle mata, de nombre significativo, no para de denunciar estas situaciones, de hacer peticiones al ayuntamiento y de intentar proporcionar ayuda a estas personas. Por su trabajo y sus denuncias sabemos que la esperanza de vida de estas personas es menor que la de la media y que sufren temperaturas insoportables tanto en verano como en invierno. Pensemos en quiénes de nosotros toleramos los veranos actuales ya sin ventiladores u opción de aire acondicionado y pasamos estos a duras penas si no tenemos posibilidad de acudir a piscinas, playas o lugares frescos.
Además, mientras estábamos viviendo toda esta preocupante e inaudita situación era inevitable relacionarla con la falta de preocupación por los derechos humanos de los migrantes en los últimos tiempos en Ceuta y la primera victoria de la ultraderecha en Alemania en el estado federado de Sajonia-Anhalt. Sin embargo, este señor era totalmente español de origen y nacionalidad pero eso no ha hecho que por ello nadie se preocupara más por él. Lo cual confirma que lo que hace a muchos odiar a otros es fundamentalmente lo que se conoce como aporofobia, rechazo u odio a personas en situación de pobreza o exclusión social.
Las personas pobres, sin hogar, mayores, en riesgo de exclusión, los migrantes son seres humanos y tienen y deben asegurarse sus derechos. Cualquiera de nosotros en cualquier momento podría necesitar ayuda por distintas circunstancias o situaciones y le gustaría recibirla. Pensemos en la historia no tan lejana, pensemos en tantos países no tan lejanos. Cuesta creer que haya que recordar esto a cualquier ciudadano/a. Además, unos cuerpos y fuerzas de seguridad y profesionales sanitarios que ignoren las necesidades o nieguen la asistencia y el deber de socorro a personas en peligro por su condición de exclusión o sinhogarismo nos parece grave y preocupante.
Con lo que hicimos ayer no cambiamos en nada nuestro sistema ni la vida de este pobre señor pero al menos unos pocos nos unimos para ayudarle por un momento y quería contar lo que sucedió por si a alguien le puede hacer reflexionar, y sobre todo, por la indignación y sorpresa que nos produjo el desprecio por una vida tan humana como la de los demás.





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