Juan Antonio Ruescas: Acerca de ‘El Guernica’

En el mismo vuelo que trajo a “El Guernica” desde Nueva York, veníamos, y se pudo comprobar la rebosante satisfacción del Ministro de Cultura, del Director General de Bellas Artes, titulares del traslado. Luego, desde la escolta de la Guardia Civil a la llegada, hasta tanta y tanta loanza, ya de años, claro parece haber perdurado el aprecio y satisfacción, mas sin un análisis crítico independiente. Ante la actual pugna por el tal, nos parecen oportunas las disquisiciones que siguen.

Cuando el gobierno de la Segunda República hace el encargo para la gran próxima Exposición de París -comienzos de 1937- Picasso se hallaba ¿por frustración con dama? en un estado de postración tal que le tenía en suspenso toda activa capacidad de nueva creación (histórico).

El gran diestro Ignacio Sánchez Mejías murió unos dos años antes por cornada en el último “tercio”, lo que al pintor le inspiró y pintó una serie de esbozos taurinos con miras a un futuro gran cuadro elegíaco, no realizado todavía entonces (histórico). Mas es sobremanera significante que tales esbozos de tal “origen”, de ningún modo han sido mostrados, pero sí luego, ahora, “otros” en el Museo Reina Sofia junto al ya cuadro “Guernica” precisamente con los temas “taurinos” pauta de elaboración concomitantes a éste.

Por otra parte, tengamos en cuenta que a mes y medio antes de la Exposición de París, Picasso no había realizado nada en orden a la gran obra, muy probablemente por su estado de ánimo supradicho, pero dada la premura de tiempo, la importancia del encargo (muy lucrativo), la envergadura de la obra, y precisamente el tema finalmente plasmado, es muy difícil sustraerse a la verosímil, plausible explicación de que el Pintor echara mano de los conservados, pensados bocetos para Sánchez Mejías.

Aleatorio acomodo de composición que por razón política pasó a calificarse, hasta hoy, “cuadro de bombardeo y guerra”, curiosamente, sin una crítica de riguroso análisis que empiece, p. ej., preguntándose sobre la falta absoluta de referencia al famoso árbol de Guernica donde se reunían las Juntas de Vizcaya, y otrosí, considerando que el decisivo abominable bombardeo se dio cuando el cuadro ya estaba pintándose.

Resulta ya bastante significativa la opinión de los que no “bélico”, sino “taurino” definen el cuadro. Y en detallada comprobación, parece que ningún componente deja de cuadrar con la muerte del torero (en precisión analítica, dos elementos resultan determinantes, el toro y el caballo, mientras todos los restantes no dejan de ser conclusivamente coherentes). Gran protagonismo del toro sobre mujer/madre querulante por hijo; la bella exasperación relinchante del caballo “picador” encornado, sin petos entonces; en línea de techo la consabida pobre bombilla de las oscuras precarias enfermerías placeras de antaño que tuvimos vistas; estelas funerarias elevadas inmateriales iluminando sepelio; y debajo, como un borujo sin consistencia, de confusas ancas doloridas… Pero en el suelo seminegro, tendido el cuerpo muriente del diestro que empuña un arma blanca, rota, sofisticada -el estoque, no simulado asimismo entonces- que Ignacio, herido en el último “tercio” tenía. En fin, lo más conflictivo, ¿qué de esa cabeza acariciada, en ámbito distinto, a la derecha del cuadro, con los brazos en alto? Pues plausiblemente, la amante de Ignacio, La Argentinita danzante doliente en tablao flamenco (bien sugieren esos blancos triángulos, como de miniabetos en decoración moruna). Y en resumen, todo insinuación, sugerencia… cuasi en un cubismo curvo, analítico, sin explicitar, muy de Picasso, como en tantas otras trazas o esbozos taurinos suyos.

Ahora bien. El poder político, el mismo Gobierno de la Segunda República, el predominio de Izquierdas (Picasso mismo comunista, que sólo supo del bombardeo por incidental noticia de periódico, y semejantemente, su fotógrafa sentimental Dora Maar), procuraron la calificación que engatusó al mismo Ministro de derechas que trajo el cuadro… y, mantenida, ha hecho que el cuadro sea “de guerra” y a la vez de pacifismo, con la beligerancia política que se quiera. Mas he aquí, que existe una gran fuente de referencia ajena, significativa, desde el Director del Museo de Nueva York, Alfred H. Barr Jr., el Simposio de 1947, hasta numerosas cartas, y versiones de críticos de arte independientes, que bien parecen en poco o en nada tratar el supuesto sentido extra-estético, “beligerante” de la obra: se atienen predominantemente al valor artístico de la misma. Lo político les deviene adherente.

Y para concluir, una muestra “excelente” de cómo tendenciosamente, demencialmente, puede tergiversarse “El Guernica”: léase literalmente el comentario literal a un vídeo catalán sobre el mismo:

“Símbolo Político. Picasso, al evitar en su cuadro cualquier alusión directa al bombardeo de Guernica, sentaba las bases para un icono capaz de representar todas las violencias, todos los bombardeos, capaz de sumar y unir historias sin anular ninguna”. ¡Olé y olé sacando consecuencias!, que jaleaba un gitano al cantar de su hembra!

Juan Antonio Ruescas

Redacción

Ver todos los artículos de


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

IDEAL En Clase

© CMA Comunicación. Responsable Legal: Corporación de Medios de Andalucía S.A.. C.I.F.: A78865458. Dirección: C/ Huelva 2, Polígono de ASEGRA 18210 Peligros (Granada). Contacto: idealdigital@ideal.es . Tlf: +34 958 809 809. Datos Registrales: Registro Mercantil de Granada, folio 117, tomo 304 general, libro 204, sección 3ª sociedades, inscripción 4