Las tarjetas QSL [documentos que certifican la recepción de una emisión de radio según el código Q que se utiliza en el mundo de la radiodifusión en sus múltiples campos, especialmente entre los radioaficionados, está pensado para dar la máxima información con las mínimas letras, especialmente en transmisiones de morse o telegrafía y que ha resultado sumamente efectivo en el mundo de la radio por acortar las emisiones y mantener una máxima efectividad] de las zonas polares no son solamente escasas, sino difíciles de localizar, sobre todo las de las primeras expediciones que utilizaron la radio y que ya están consideradas, en muchos casos, verdaderas reliquias históricas, imprescindibles para poder documentar hechos que, generalmente, quedan olvidados en archivos dispersos del país o países que montaron la expedición.
Hasta la llegada de las modernas tecnologías, la radio fue el único vínculo con la civilización que los expedicionarios al continente blanco tuvieron a su alcance y, hasta principios del siglo XX, ni eso. Marconi, y su yate Electra, tuvieron mucho que ver en la expansión de la radio en la marina que, en muchos casos, acabó incorporando el sistema mucho antes de que el invento iniciara su andadura entre el gran público.

Si miramos atrás, el invento de la Telegrafía Sin Hilos [TSH o TSF según el idioma que se esté utilizando] significó un aldabonazo para las comunicaciones, sobre todo para las denominadas “estaciones utilitarias” [emisoras de utilidad pública que, generalmente, operaban las compañías telegráficas, telefónicas o de las empresas postales en las mayoría de los casos; muchas de ellas eran conocidas como emisoras “punto a punto” o “estaciones costeras”] cuyo contenido, teóricamente, estaba protegido por las reglamentaciones de la UIT [Unión Internacional de Telecomunicaciones o ITU]: la gente podía escucharlas, pero no divulgar su contenido, ello permitía proteger la privacidad de los mensajes [hoy hemos avanzado una barbaridad y nos registran hasta cuando sudamos, Orwell, en su ficción, se quedó realmente corto].

Esas estaciones comenzaron a incorporarse a las expediciones a la Antártida, prácticamente no hubo ninguna que fuera al continente blanco tras la I Guerra Mundial que prescindiera de la radio y las QSL generalmente se generaban tras el regreso a casa y para ello estaba el libro de registro que llevaba el operador de radio correspondiente y que guardaba primorosamente. En algunos casos, también hubo emisoras que las enviaron directamente desde la misma Antártida y con matasellos que son verdaderos documentos de la historia postal del continente helado [otro caso es el de las emisoras de radiodifusión, que también las hubo, y varias de ellas en Onda Corta, todavía opera una de este tipo desde la Argentina Base Esperanza: LRA RADIO NACIONAL ARCÁNGEL SAN GABRIEL y de la que, seguramente, más tarjetas QSL existen, además de transmitir en español] gracias a las bases de ocupación permanente [especialmente] y a que en muchos casos se realizan reavituallamientos con vuelos más o menos programados. En caso contrario, como todos los aficionados a la filatelia polar saben, las comunicaciones postales suelen ser lentas y hay que esperar el regreso de los expedicionarios al país de origen para que el correo generado en sus horas de descanso comience a fluir por el correo de manera natural.
Las emisoras de este tipo de radio son operadas [habitualmente] por radioaficionados o bien por profesionales de la radio [generalmente militares] que se contratan para esos peculiares viajes [todavía recuerdo el anuncio que en los noventa me pidieron unos colegas franceses que buscaban un radioaficionado español para su expedición al Polo Norte vía Groenlandia] que, en caso de emergencia, serán los responsables de lanzar sus mensajes de socorro al éter. Si nos atenemos a los “novios de las ondas” posiblemente sea el ruso Ernest Krenkel el más famoso de todos ellos y del que más información y material filatélico-postal existe: Sellos, QSL, Fotos [yo mismo le dediqué hace años un artículo que fue colgado en www.natureduca.com/Radioblog] como para poder montar varias páginas en cualquier colección polar centrada en el Ártico.
Así que, aunque a veces no sean tarjetas postales al uso y muy pocas las circuladas al descubierto [suelen tramitarte entre las organizaciones de radioaficionados en paquetes colectivos para reducir los costes postales] sí son documentos de primera mano dignos de figurar en cualquier colección sobre el gélido territorio antártico, sobre todo en el caso de no disponer de otro material, especialmente si corresponde a expedicionarios o bases que ya pasaron a la historia. Los aficionados harían bien en ii incorporando a sus colecciones de filatelia polar estas piezas, raras, prácticamente desconocidas fuera del mundo de los radioaficionados o diexistas [radioescuchas] pero que son verdaderos testimonios históricos usados por quienes tuvieron la dicha de ser los depositarios de mantener el contacto radial en unas condiciones climáticas extremas [en la sede de los TAAF en Saint Pierre-Isla de Reunión, hace años yo mismo me inmortalicé junto a uno de los viejos transmisores que permitía enlazar las tierras francesas en la zona austral con París].

Personalmente, mis primeras QSL me llegaron a través de la escucha de las emisoras de radiodifusión, fue a primeros de los sesenta, cuando todavía era un niño, la primera emisora que me envió la tarjeta fue RNW “LA EMISORA MUNDIAL HOLANDESA” que, desde Hilversum, mantuvo la radio en uno de sus más altos niveles y fomentó esta fantástica afición que en su momento permitía la escucha de casi 200 países o territorios prácticamente sin moverte de casa. Eran tiempos dorados de la radio y las bandas hervían de señales de todo el mundo. Desde la clásica Onda Larga, pasando a la media [muchas estaciones, todavía sin transmitir en cadena, posibilitaban que, tras la caída de la tarde, el divertimento estuviera asegurado y, cuando llegaba la tarjeta, el correo y los regalos, pues de todo había cuando éramos “pobres” era toda una fiesta. Hoy somos teóricamente, ricos, pero prácticamente nadie te contesta así que las emisoras españolas acabaron siendo realmente unas adelantadas a su tiempo].

Cada década, prácticamente, iba aumentando el porcentaje de fracasos hasta finales de los noventa cuando apenas 1 de cada 10 informes era atendido por las emisoras españolas; así que hemos perdido hasta la sana costumbre de la cortesía, muchas de ellas se escudan en la falta de fondos… Todavía recuerdo cuando se emitía el RINCÓN DX en Radio Juventud de Barcelona, yo mismo pagaba de mi escuálido presupuesto, los sellos para atender a los radioescuchas que se permitían invertir su tiempo en realizar y enviar su informe a la emisora de la Vía Augusta. ¡Eran otros tiempos! También la onda media está siendo abandonada, las bandas tropicales casi son un cementerio y en onda corta, salvo estaciones en lengua árabe o idiomas bastante extraños para nosotros, prácticamente ya no queda nada… ¡Luego se extrañan del radicalismo en que han hecho entrar al mundo! Las pocas que emiten en la lengua de Cervantes prácticamente todas están en el continente asiático aunque hay una que realmente hay que felicitar y que no corresponde a esa zona RADIO RUMANIA INTERNACIONAL que se mantiene fiel a su audiencia y cuya programación suele ser realmente agradecida en todo el mundo por su calidad. De América no siempre hay propagación, pero también existen algunas todavía activas en el éter incluida, como no, la de la base argentina en el continente antártico.





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