Unos días antes de partir el volcán entró en erupción, en el ambiente flotaba la pregunta ¿se podrá cumplir el programa trazado? ¿Se interrumpirá el ferry? Dudas que al llegar a la otrora isla del volcán quedaron totalmente despejadas, sólo tenías que poner precaución al ir pisando la ceniza, tipo arenilla, que es muy resbaladiza.
El tiempo de tomar el ferry y cubrir esa corta distancia de apenas cuatro kilómetros entre Kagoshima y Sakurajima, embarque rápido y sin necesidad de bajar del autobús, los trabajadores eficientes y rápidamente asegurados los vehículos para cruzar la bahía [más al norte es un refugio para determinadas especies, entre ellas delfines] y en diez minutos ya estás bajo la influencia del volcán y sus tres conos, el de la derecha es el que continúa expulsando sus célebres fumarolas y algunas que otras cenizas que son un excelente abono para la tierra.

Tras unos centenares de metros llegamos al Sakurajima Visitor Center, proyección del audiovisual para hacernos una idea, un pequeño museo y, por supuesto, la sección de compras. No falta nunca, pero había que aprovechar el tiempo y tras tener el punto de encuentro y la hora tocaba el pediluvio termal que viene de maravilla para tranquilizar los ánimos y dejarte como nuevo.

Se trata de una fuente que emana una beneficiosa agua y circula en una acequia adecentada varios centenares de metros, limpia y con asientos de madera que bien podría imitarse en las aguas termales de Alhama en lugar del paulatino abandono al que nuestros recursos acuáticos se han visto sometidos. Buen diseño, cómodo y acondicionado da servicio diariamente a cientos de personas de todos los rincones del orbe que acuden a la zona atraídos por la magia del cono volcánico. ¡Cuánto tenemos que aprender…!

Tras el relajante ejercicio tocaba mirar el reloj y ponerse en marcha para continuar la ruta costeando la parte sur hacia uno de los miradores que nos acercan al humeante como y al que la gente no puede acceder cuando llega a determinada cota. Desde ese privilegiado mirador hay que seguir un recorrido que es toda una lección de ciencias naturales y calculado diseño para disfrutar de la vulcanología omnipresente. Hay varios túneles que sirven de refugio en caso de emergencia y tras el regreso también nos explicarán que hay todo un sistema de balizamiento con 21 lugares a los que acuden los barcos a recoger a los lugareños en caso de entrar en erupción; por suerte lleva años que apenas si deja ir humos y lluvia de ceniza que impregnan el ambiente y enfada a los lugareños sobre todo si han lavado/colgado la ropa al aire libre: deben retornarla a la lavadora.

La otrora isla está muy bien comunicada por medio de una carretera circular y un servicio de autobús, frecuente y efectivo, que permite realizar la visita de una forma relajada en esa vía de apenas 40 kilómetros en donde el verde de la ladera y el mar contrasta con los picachos totalmente grises.
En la zona norte, muy cerca del Café Shirahama, hay varios cultivadores de nabos -se pueden ver en el audiovisual- que a veces dan ejemplares dignos del Guinnes, suele ser una pieza circular, en simbiosis con la forma de la otrora isla, entre 5-10 kilos de media, pero en algunos casos el nabo dio en la báscula los 30 kilos. Son cultivos protegidos con modernos métodos de recolección de agua y al mismo tiempo se evitan la proliferación de hierbas que perjudica los cultivos, los modernos métodos de plástico y gota a gota acabaron creando una simbiosis perfecta en la cara norte y húmeda que facilita el cultivo.

Esta parte cultiva la variedad que se conoce como rábano volcánico o Sakurajima daikon que pasa por ser la variedad más grande del mundo, al margen de los pesos ya citados a veces tiene cincuenta centímetros de circunferencia y la tierra volcánica le confiere una dulzura y textura únicas, incluso crudo está buenísimo y se cultiva desde la era Edo [1603-1868 era que finalizaba con la restauración del gobierno imperial por parte del último shogun Tokugawa Yoshinobu] y actualmente tiene varios festivales a lo largo del año. Por su influencia altamente positiva en el organismo humano es una raíz que alcanza buenos precios, de pasemos señalaremos que hay infinidad de variedades por todo el Japón, basta visitar un comercio para descubrir esa riqueza hortícola. Lástima que los controles aduaneros impidan [correr un buen riesgo] llevarse plantas cuando regresas a casa, tampoco encontré semilleros, pero en mi mente estaba traer unos sobres para llevarlos a Alhama y a ver si los hermanos Arenas aclimataban la especie en su parcela de La Peña y, de paso, llegar también al Llano Dona.
En otras zonas de Japón hay nabos alargados que también dejan estupefactos a los viajeros, por ejemplo el tipo de Osaka o Moriguchi daikon que llega a alcanzar el metro y medio de longitud, sería muy interesante ver cómo los extraen de la tierra para que no se rompan.





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