Justino Cebeira Fernández, un docente enamorado de la naturaleza (II): su origen y otros legados

Su pueblo: Los Navalmorales

Los Navalmorales se encuentra en la provincia de Toledo, dentro de Castilla‑La Mancha, y está situado en la comarca de La Jara, muy próximo también a los Montes de Toledo. Se asienta en un pequeño valle atravesado por el arroyo que lleva su mismo nombre. El municipio disfruta de un entorno natural muy característico del monte mediterráneo, con una mezcla de sierras, valles, arroyos y bosques que lo convierten en un destino ideal para él. Es esta Destacan los Montes de Toledo: el pueblo forma parte de su área de influencia, cerca del Parque Nacional de Cabañeros que es uno de los espacios naturales más importantes de España, conocido por su biodiversidad y sus paisajes de raña y bosque mediterráneo. Los arroyos locales más conocidos son Navalmorales, Macarro o Las Vegas, que recorren el término municipal, y la sierra del Santo es uno de los puntos más emblemáticos, con vistas panorámicas sobre el pueblo y los Montes de Toledo.

Existen rutas y senderos como la ruta del Boquerón de Los Navalmorales: un recorrido serrano con panorámicas de gran valor natural. O el PR‑TO 41 – Sendero del Calancho- que es una ruta circular de 8,27 km que pasa por el Molino del Tío Pequeño, el arroyo de la Vega y el paraje de El Calancho. Respecto a la flora y fauna, el entorno alberga bosques de encinas, fresnedas y choperas. Las aves más predominantes son el águila culebrera, abejaruco, búho real, milano negro, martín pescador o abubilla, habitando también anfibios y reptiles como rana común, gallipato, sapo corredor o tritón ibérico.

El pueblo de Los Navalmorales, que combina un entorno natural privilegiado, con sierras, arroyos y bosques mediterráneos, junto a su cercanía a espacios protegidos como Cabañeros, es un lugar perfecto para quienes buscan senderismo, naturaleza y tranquilidad.

En este contexto, sale a relucir que a Justino, la afición a la naturaleza le venía de su pueblo. Justino solía realizar salidas y excursiones por los Montes de Toledo desde Los Navalmorales. Cogía su bicicleta y al llegar al pueblo de Los Navalucillos, llegaba al parque nacional de Cabañeros, uno de los parques mejor conservados de España y conocido como el “Serengeti español” por su fauna. Puedes ver ciervos, jabalíes, águilas imperiales, buitres, etc. Tiene rutas de senderismo, centros de visitantes y safaris en 4×4.

En cierta ocasión, yo (Miguel Ángel Delgado), realicé la ruta más popular parte de Los Navalucillos y me acerqué a la famosa Chorrera Grande (cascada) que tiene unas vistas espectaculares desde arriba. A la entrada del parque el vigilante me preguntó hasta dónde pensaba subir y le dije que, si podía, no tenía mucho tiempo, hasta el pico Rocigalgo (1.447 metros) en cuya cima hay una cruz metálica. Me di la vuelta y el mismo vigilante me comentó que había realizado la ruta en muy poco tiempo, pero que había un señor de los Navalmorales que lo hacía en un tiempo increíble. Se refería a Justino.

Su amigo y director del IES Los Navalmorales, José Mª Sánchez-Cid Arenas, nos comenta: “Es difícil concentrar en pocas palabras lo que Justino aportaba en sus estancias vacacionales a nuestro pueblo. Su mente nada más aterrizar en el pueblo estaba encaminada a hacer diversas actividades deportivas, eso sí, siempre compartiéndolas con jóvenes, niños y adultos. De la nada organizaba cualquier tipo de competición, un 3×3 de baloncesto en el cauce seco del arroyo colgando un aro en la barandilla del mismo, un vóley playa en la piscina municipal tirando una cinta a modo de red de árbol a árbol, un mini partido de fútbol en cualquier recinto que se prestase para ello… Era querido por la chavalería que lo buscaban para que les organizara un juego nuevo y dando rienda a su imaginación lograba el divertimento y entretenimiento de todos. Fruto de su implicación en lograr que los jóvenes y niños practicasen el deporte, nacieron las primeras jornadas deportivas y recreativas, patrocinada por el ayuntamiento y organizadas por él y diversos colaboradores, en ellas y durante una semana de agosto, se hacían diversas competiciones de Baloncesto, vóley, waterpolo, triatlón, frontenis, bádminton, finalizando con una Gymkana para todos.

Su jornada diaria desde que se levantaba, estaba encaminada a la práctica del deporte, deportista incansable, persona afable y de buen trato, nunca lo vi enfadado y siempre con una relación cordal y cercana con sus paisanos, amante de la música clásica y con una vasta cultura que infundía admiración entre los que compartían tertulias con él. En fin, una persona con cuerpo de deportista, pero con un corazón lleno de generosidad y nobleza.”

Biblioteca y libros de consulta

Justino era una persona curiosa, pasaba muchas horas en la biblioteca y era un gran conversador. Así nos lo recuerda Francisco Melero o “Paco el de la biblioteca”, como le gusta que le llamen: “En memoria de Justino. Conocí a Justino en la biblioteca, ya que este ha sido mi lugar de trabajo durante más de 20 años. Justino frecuentaba la biblioteca por la tarde, que era mi turno de trabajo y cuando yo lo veía. Solía leer el periódico, y preguntar por las novedades bibliográficas que íbamos adquiriendo en la biblioteca. Siempre intercambiábamos algunas palabras, ya que era un hombre de trato sencillo y afable; según fue pasando el tiempo veíamos que teníamos bastantes cosas en común.

A mí me gustaba hablar con él y preguntarle cosas que me interesaba conocer, y el, por su especialidad en temas deportivos y cultura general, siempre me explicaba pacientemente. También era bastante amante de la naturaleza y de ese tema a veces era yo el que le daba algunas noticias de hiervas y plantas que nacían en los jardines de la facultad y que yo conocía por ser mis padres y abuelos del campo. Esto le venía a él muy bien para sus clases de supervivencia en la naturaleza que impartía en la facultad.

A veces coincidíamos en la caseta del vigilante a la hora de entregar las llaves y los tres nos podíamos tirar horas hablando de cualquier tema que nos surgiera, sin prisa ninguna por irnos a casa, aunque ya estaba finalizada nuestra jornada.

Una vez coincidió que lo vi pasar por Alhama con todos los alumnos, venían en bicicleta de acampar en robledal. https://milyunarutas.com/area-recreativa-el-robledal-granada

Ha sido un buen amigo, sencillo, amable y siempre dispuesto a compartir sus conocimientos con nosotros. Siempre tendré un sitio para el en mi recuerdo, lo echaré de menos a él y a su bicicleta.”

Solía consultar, los libros de cuerdas y nudos (cabuyería) y los relacionados con rutas y sitios de acampada.

De la biblioteca también se llevaba alguna película de vez en cuando y solía también echarle un vistazo a la prensa.

La jefa actual de la biblioteca de la Facultad María Isabel Carrión Plana, nos dice lo siguiente:

“Conocí a Justino durante un periodo breve, pero suficiente para reconocer en él a una persona profundamente apasionada por el medio natural. Cada visita a la Biblioteca de la Facultad de Ciencias del Deporte era una oportunidad para aprender algo nuevo, especialmente en torno a la orientación en el medio natural, la supervivencia y las rutas por el campo, temas que transmitía con entusiasmo y cercanía. Recientemente había hecho una recomendación de libros para que adquiriera la Biblioteca, que trataban temas sobre la supervivencia, bushcraft, plantas silvestres —incluyendo sus usos alimenticios— y primeros auxilios, que hoy forman parte de nuestro fondo.

Uno de los legados más especiales que nos dejó a la Biblioteca fue la antorcha olímpica de los Juegos de Barcelona 1992, en los que participó como portador. Tuvo el gesto de donarla a la biblioteca, dejando grabado en ella el tramo que recorrió. Actualmente, se encuentra expuesta junto a un photocall que él mismo diseñó, invitando a quienes nos visitan a acercarse y contemplarla.

Destacaría su dedicación a actividades dirigidas a niños, acercándolos al entorno natural de una forma didáctica y enriquecedora. En algunas ocasiones se llevaba la antorcha olímpica para mostrarla en las actividades que hacía con niños y explicar su experiencia en los Juegos Olímpicos. Otra muestra más de generosidad.

Durante el corto periodo de tiempo que coincidimos, Justino me mostró una manera distinta de ver el mundo, profundamente ligada a la naturaleza y al valor de compartir. Su recuerdo queda así ligado a ese espíritu inquieto y generoso que supo transmitir en cada visita a la Biblioteca.”

Justino era también un experto en plantas de la naturaleza y le encantaba la cocina tradicional. Miguel Martínez, que fue alumno suyo, comenta varias experiencias interesantes.

“Las plantas que recolectábamos apenas las cocinábamos en las supervivencia, íbamos con los medios justos para cocinar, un poco de aceite, sal y ajos era lo que llevábamos a las supervivencias durante 5 días de travesía por la Sierra de Tejeda, en esos días les enseñábamos a hacer fuego, arcos, orientarse en la noche y en el día, buscar alimentos en la naturaleza, desde cazar pequeñas aves hasta comer serpientes, pero cocinar recetas como tales, lo hacía el cocinero que trabaja en los comedores Universitarios de la Cartuja, el sí que elaboraba unos platos que eran exquisiteces con las plantas silvestres que le llevaba Justino, como el sorbete de tomillo limón.

La plantas que recolectábamos, según había sido la primavera en ese año de lluviosa y generosa, entre las más comunes y abundantes estaban la borraja, diente de león, llantén mayor y menor, las collejas, el ajetes silvestres, juncos, cardo mariano, esparrago triguero, higos chumbos, bellotas dulces , cardillo, malva , ortigas y berro. Cuando las recolectábamos les enseñábamos a lavarlas, desechar las partes no comestibles y según eran las características de la planta la cocinábamos hervida o cruda.”

Al margen de las plantas hacíamos otra actividad en su asignatura en la que nos íbamos a un cortijo (Malacarilla) en las Gabias y allí durante 4 días convivíamos con los alumnos haciendo multitud de actividades además del tema plantas, éstas iban desde cómo hacer espetos de sardinas u otros pescados, aprender a salar pescados, secar carne en un horno cheroqui o asar un pollo en un horno fabricado por los alumnos, o en un horno tailandés, en fin muchas actividades diferentes incluido pasar la noche solos en el campo (la noche del loro la llamábamos) o enseñarles a hacer su propia pasta de dientes o potabilizar agua con medios naturales”.

En el vídeo de la cadena de televisión de la sexta, que más adelante se incluye un enlace, les habla Justino a los participantes en este curso, como instructor de supervivencia, del gordolobo, una planta medicinal bastante conocida para problemas respiratorios, se puede utilizar como infusiones, y también es conocida como el papel higiénico de la naturaleza; de la colleja que es comestible, bastante apreciada en la cocina tradicional, con cierto sabor parecido a las habas y es utilizada en tortillas, salteada con ajo, en revueltos… y del falso perejil que hay tener cuidado porque puede ser tóxico, como la cicuta. Es peligroso porque contiene sustancias tóxicas que pueden afectar al sistema nervioso y digestivo.

Francisco Martín Calvo, el dueño de la cafetería del Colegio Mayor Isabel la Católica desde hace 29 años nos cuenta:

“Justino ha sido un cliente fiel, ya que le gustaba el ambiente colegial y deportivo del colegio.

Justino ha compartido mucho tiempo en el Colegio, puesto que acompañaba a los equipos de voleibol femenino y masculino de la Universidad de Granada. Además, participaba en las competiciones de las 12 horas y jugaba con el personal del Colegio. Nos comenta Fran que en alguna ocasión ha estado colaborando con él detrás de la barra.

Justino, los miércoles solía venir a leer el periódico y a ver las noticias en la televisión de la cafetería. En una ocasión Ana, compañera de Fran en la cafetería, le quitó las pilas del mando para ver cómo reaccionaba y con su gran gentileza y siempre con su sonrisa le dijo, no te preocupes la próxima semana te traigo pilas de repuesto.

También cuenta Fran que después de la operación de hace un par de años, estaba distinto, como más serio y distante. Justino era una persona amable y que siempre se ofrecía para ayudar. Todos los miércoles traía a la cafetería dos bolsas de patatas fritas para las tapas y precisamente, la semana que lo iban a operar, vino dos veces al Colegio, el martes y el jueves, con la intención de dejarle a Fran suministros suficientes de patatas, ya que le dijo que como lo iban a operar, no sabía el tiempo que iba a estar ingresado. Justino era considerado uno más en el Colegio.

Gracias Justino por compartir esos momentos.”

La poesía y la bicicleta

Seguro que Justino hubiera participado en la jornada del viernes pasado 7 de abril en Granada, que hubo un paseo y la lectura de poesías y se adjunta el cartel. Un atasco de poesía en movimiento.

Palabras previas a la lectura de una poesía

En este día su compañera y amiga, Palma Chillón, en presencia de un grupo de gente variado en el que estaban amigos de Justino como Miguel Ángel Delgado Noguera y exalumnos y amigos Daniel Zamudio y Jorge González, leyó un texto del libro de Ángeles Mora: “Soñar con Bicicleta” a modo de recordar que Justino hubiera estado en dicha actividad.

Insertamos la poesía:

“Buscar la luz,

no mirar por los rotos

donde el rencor oculta

su negrura infinita.

Yo, que no tuve bicicleta,

Soñé con bicicletas

Y lloré al despertar

La huella de aquel sueño

me ayudará a cruzar

con esperanza

caminos prohibidos.”

También intervino Jorge González Gómez, compañero de la XIII promoción, y leyó también una poesía reivindicativa “pedaladas de poesía”:

Viajes de aventuras

Además de sus clases en el INEF /Facultad del deporte divulgó las actividades en la naturaleza de diferentes maneras y nos ha dejado un interesante legado. Leo, de Viveaventura, recuerda que: “en los viajes de aventura a Pirineos que hicimos 8 viajes diferentes y 2 viajes diferentes a Picos de Europa con alumnos y gente externa, siempre nos jugábamos al ajedrez quien fregaba los platos! Tocándome a mí la mayoría de veces!”

A lo largo de los 10 años desde la constitución de la empresa Vive Aventura SL, cuyo gerente es el antiguo alumno de Justino, Leonardo Andrades Lorente. (Leo), Justino y Leo colaborarían en diferentes proyectos, siempre enfocados en los deportes de aventura, gestión, dinamización y enseñanza.

Comenta Leo:

“Comenzamos con actividades de aventura dentro del Plan de Ayuda a la Docencia. En este plan, además de Vive Aventura, también estaban otras empresas del sector para poder ofrecer a los alumnos de la asignatura de Medio Natural donde Justino se encargaba de la parte práctica.

Así los alumnos podían tener muchas experiencias diferentes aportadas por las diferentes empresas colaboradoras, y las propias actividades que Justino llevaba a cabo como Supervivencia, Cicloturismo, Senderismo, Acampadas, etc.

Con Vive Aventura tuvo una conexión especial, ya que las propuestas que se le ocurría a Justino, tenía siempre una respuesta por mi parte. Siempre, vamos a estudiarlo y lo hacemos.

De esa forma se llevó a cabo la idea de Justino de dormir en la tirolina de Comares. Justino vio algunas fotos de los Alpes con escaladores haciendo relajación en hamacas, y finalmente se hizo realidad”.

Con el Plan de Ayuda a la Docencia, se realizaron muchas actividades novedosas:

1. Barranquismo con acampada. En varios días se realizó barranquismo nocturno en el río Lentegí (Granada) y a la mañana siguiente barranquismo en Río Verde (Granada).

2. Acampada “Noche del Loro” + Paintball en la Finca Malpasillo. (Granada).

3. Dos Días de Multiaventura en Ronda para realizar espeleología en la Cueva de la Excéntrica y Fuensanta, Vía Ferrata Nocturna y al día siguiente barranquismo en el Río Guadalmina en Benahavís ( Málaga).

4. Dos días en Comares para hacer ferratas, tirolina, relajación en hamacas y dormir en hamacas.

5. Actividades en la facultad. Rocódromo. Escalada deportiva, rapel. Tiro con arco.

Desde el 2016, Justino fue director de campamentos realizados por Vive Aventura en diferentes lugares. Comenzando en Estepona, en el Parque San Isidro, en Los Pedregales. Además de hacer funciones de director de campamento, era un animador y educador nato.

Eran campamentos de 4 días de duración para diferentes centros educativos. En Estepona en el año 2018, se llevó a cabo el último Campus Vicente del Bosque, que durante 2 semanas llevó a cabo Vive Aventura con Justino como director.

Justino coincide en Comares con Manuel Ruíz Cazorla, antiguo alumno de él y director del IES La Maroma (Benamocarra, Málaga). Este encuentro hace que después del Covid, los campamentos se lleven a cabo en el Complejo Rural El Molinillo, en Arenas del Rey (Granada). Ya que Manuel Ruíz Cazorla, es de Arenas del Rey y enseña a Justino y a Leo, las instalaciones, los estupendos lugares y la zona. Y desde entonces, se viene realizando los campamentos allí, donde Justino seguía ejerciendo de director de campamento.

Sigue comentando Leo: “En 2016 se comienza a realizar el viaje para los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte a Pirineos, como un nuevo reto y un viaje de aventura como alternativa al viaje de estudios al caribe.

Se llamó “PIRININ” ya que combinaba Pirineos con terminar el viaje el último día en las fiestas de San Fermín en Pamplona. La idea de este viaje es ofrecer a un grupo de alumnos una alternativa al viaje de estudios y que sea un viaje de aventura. Se planifica la visita a Pirineo Navarro (Selva de Irati), Pirineo Aragonés (Ordesa y Monte Perdido) y Pirineos Catalán (Aigüestortes y Lago de San Mauricio).

Viaje en furgoneta con un remolque y 7 alumnos. De camping en camping haciendo un campamento itinerante y realizando actividades de senderismo, barranquismo, vías ferratas, rafting, etc. Además de dos Parques Nacionales y terminando en Pamplona. El comienzo era siempre en Cuenca como primera parada una vez se salía desde Granada. La aventura estaba garantizada: tormentas, actividades nocturnas como vías ferratas y barranquismo, etc. Justino y Leo cocinaban y algunos alumnos ayudaban. Los alumnos montaban sus tiendas de campaña y se disfrutaba de una convivencia auténtica de campismo en extraordinarios lugares. El primer viaje que realizamos, la primera noche tuvimos que dormir en la habitación de lavandería ya que llegamos tarde al camping y estaba diluviando. Ese fue en el Camping L´Orri en Sort. De esta forma llegamos a realizar 8 viajes diferentes, que se iban cambiando algunas actividades, lugares e incluso los días. El último realizado fue en el 2021 donde la duración total fue de 14 días y la última actividad fue un crucero por el Delta del Ebro.

En un mismo año, se llegó a realizar 2 viajes, y tras llegando de uno, descansamos 2 días y luego comenzar otro. Este tipo de viaje, al principio era para los alumnos, luego se abrió para cualquier participante coincidiendo así, alumnos y personas externas a la facultad. En el recuerdo siempre estará el primer viaje a Pirineos, donde Gustavo, alumno de la facultad, plantea la idea de que le gustaría hacerse una foto colgado de la figura del Toro de Osborne. A Justino le parece una estupenda idea, y localizamos en la ida uno apropiado, y en el viaje de vuelta, nos hicimos todo el grupo una foto de todos colgados de esa estructura.

En el año 2019, también se crea el otro viaje de Aventura a Picos de Europa, con similar formato y donde coincidió en el mismo año con el de viaje a Pirineos.

Incluía Espeleobarranquismo en Valporquero (León), además de realizar descenso del Sella en canoa, senderismo por la ruta del Cares, senderismo subida al refugio del Naranjo de Bulnes, realizar vías ferratas en Asturias y Cantabria.

En todos esos formatos, hemos disfrutado también de días gastronómicos. Con comida típica de los extraordinarios lugares. Estos, son viajes y experiencias que todos los amantes del deporte de aventura deberían experimentar en alguna ocasión. Yo he tenido la suerte de compartir con Justino. Y seguir aprendiendo de él, en cada experiencia desde cocinar unas buenas lentejas a fuego lento a almacenar las piezas del ajedrez en un bote de colacao vacío para su transporte.

¡Nos veremos… donde esté el cura y el gato… para quedarnos un rato!

¡Con cariño!” Leonardo Andrades (19/04/2026)

Justino también formalizó su saber en y con la naturaleza en diferentes formatos. Impartía cursos de esta temática, como los cursos sobre supervivencia.

Este video es realizado por uno de sus estudiantes y se encuadra en este contexto:

“Fue el día 6 de Abril del 2016, Granada, salimos desde INEF hasta el pueblo de Las Gabias, concretamente a la finca malpasillo, en la cual estaremos hasta el día 10 haciendo un curso de supervivencia impartido por nuestro profesor de Medio Natural Justino Cebeira y compañia. El vídeo es un resumen de lo que hicimos, a mayores también hicimos hípica, tirolina y rápel nocturno, cabuyería, curtir pieles… Una salida muy interesante de la que aprendimos muchas cosas”.

Curso SUPERVIVENCIA INEF GRANADA

Natura dat omnia, si sapienter quaerimus.”

La naturaleza lo da todo, si buscamos con sabiduría.

Ahí planteó las actividades SBED (Supervivencia-Bushcraft Educativa y Deportiva) de carácter práctico, que proporcionan formación dirigida a la autosuficiencia y supervivencia en un medio natural, donde se observará uno de los cielos de estrellas más impresionantes dentro del Geoparque. Orientación mediante estrellas, técnicas para hacer refugios de fortuna, panificación, fuego con técnicas prehistóricas, obtención de recursos vegetales para diferentes usos, construcción de cuerdas y bushcraft para obtener herramientas.

En el curso de supervivencia del instructor Justino Cebeira, simulan durante un día un mundo con ciudades arrasadas en las que solo el campo puede salvarles; por lo que les dan trucos de cómo sobrevivir en la naturaleza.

Intervino con Tribal Trainings, una empresa ubicada en Andalucía dedicada a la educación física, especialmente a actividades deportivas y recreativas y ofrecieron entrenamientos y formación dentro del ámbito del movimiento y el bienestar físico.

Tribaltrainings-ciencias del deporte UGR: actividad supervivencia-bushcraft 2018

En estos vídeos se recoge a Justino como aventurero, superviviente en la naturaleza. El término “supervícolas” no está recogido en el Diccionario de la Real Academia y está relacionado con Supervivientes. Vídeo de Supervícolas con Justino Cebeira como protagonista:

También participó en talleres de Deportes náuticos y multiaventura (con fecha 14/09/2024 al 15/09/2024). En este curso se realiza un recorrido por una amplia variedad de actividades tanto del medio acuático como terrestre, en un entorno privilegiado situado a 20 minutos de Granada, incluyendo kayak, padle surf, tiro con arco, senderismo, cabuyería, contenidos de supervivencia, actividades lúdicas, vivaqueo, etc.

También participó en congresos sobre la temática: actividades en el Medio Natural, como el I Congreso Internacional sobre la enseñanza de la Educación Física y las actividades en el Medio Natural

Ahí, el Dr. Justino Cebeira Fernández expuso en una charla la experiencia de una actividad al aire libre con los centros educativos: puesta en práctica real a través de un taller de actividades en un centro educativo de Granada”

Esta actividad se realizó en el CEIP Inmaculada del Triunfo con estudiantes de primaria. Inmaculada Morales, directora del centro en aquel momento nos cuenta lo siguiente: “Era un profesor maravilloso y una persona muy querida. Fue una pernoctación en el colegio. Con tiendas de campaña. Les hicieron también algunos juegos”.

Justino realizaba de forma espontánea u organizada su rol de guía por rutas en Granada. Enamorado de Granada y de su historia, embrujado por la Alhambra, que conocía a la perfección y explicaba con generosidad a sus amigos, contempló durante más de veinte años su silueta desde su casa en la placeta de Santa Inés, en el Albaicín. Aquel barrio, del que tanto disfrutó, acrecentó todavía más su sensibilidad y su amor por la ciudad de la Alhambra. Justino se ofrecía a hacer rutas guiadas por Granada y la Alhambra y lo definen como “enciclopedia andante” de la globalidad de conocimiento que aportaba de todo tipo. Esta actividad se realizó para el profesorado de la Facultad.

Dentro de su gran bagaje histórico y cultural, Justino era un buen contador de cuentos e historias. Se aporta el escrito de Elena, hija de Jesús Medina, que compartió con Justino, unos días antes de su fallecimiento, refleja lo que era Justino, y relata algunas historias que le contó:

“Hay personas que enseñan… y hay personas que dejan huella. Justino pertenece, sin duda, al segundo grupo. Tuve el privilegio de conocerlo, de escucharlo, de sentir cómo cada una de sus palabras no solo transmitía conocimiento, sino vida. Porque Justino no explicaba la actividad física en el medio natural… la vivía. La respiraba. La convertía en algo que trascendía lo técnico para transformarlo en experiencia, en emoción, en aprendizaje real. Hablar de él es hablar de energía, de pasión, de autenticidad. De ese tipo de profesores que no necesitan imponer atención, porque la capturan desde el primer segundo. Su forma de contar, su manera de moverse, de mirar, de cambiar la voz… hacía que cada historia cobrara vida delante de nosotros. No eran cuentos: eran escenas. No eran palabras: eran sensaciones. Recuerdo especialmente dos de esas historias que, aunque sencillas en apariencia, escondían verdades profundas. Una de ellas hablaba de unos pájaros que volaban libremente por el cielo. Todo parecía perfecto, hasta que uno de ellos recibió algo desagradable desde arriba. Inmediatamente comenzó a quejarse, a lamentarse, a mirar a los demás buscando culpables. Pero poco a poco, entre el murmullo del grupo, surgía una reflexión: todos, en algún momento, cargamos con lo nuestro. Todos tenemos nuestras propias dificultades, nuestras “manchas”, nuestras circunstancias. La diferencia no está en evitarlas, sino en cómo seguimos volando a pesar de ellas. Y Justino, con esa intensidad suya, no solo lo contaba… lo hacía sentir. El otro cuento era aún más impactante por su forma de interpretarlo. Empezaba con algo aparentemente absurdo, incluso cómico: una pequeña queja, un sonido, una “protesta” del cuerpo. Y entonces comenzaba el diálogo. El cerebro hablaba con autoridad, los ojos presumían de su importancia, los oídos reclamaban su papel… todos convencidos de ser imprescindibles. Mientras tanto, una voz más débil —la del órgano ignorado, el menos valorado— iba desapareciendo entre el ruido de los demás. Hasta que, poco a poco, el sistema empezaba a fallar. Algo no iba bien. Y entonces llegaba la toma de conciencia: cada parte, por pequeña o insignificante que parezca, es esencial para el equilibrio del conjunto. Cada función, cada rol, cada persona… cuenta. Y en ese momento, Justino no solo narraba… interpretaba, transformándose en cada uno de los personajes, logrando que todos entendiéramos la lección sin necesidad de explicarla. Ese era su talento. Esa era su grandeza. Porque Justino no enseñaba contenidos: enseñaba a mirar, a sentir, a comprender. A valorar lo importante. A respetar el proceso. A entender que la naturaleza, el cuerpo y la vida siguen principios similares: equilibrio, adaptación y respeto. Su vida era enseñar. Y se notaba en cada gesto, en cada palabra, en cada historia. No había artificio, no había guion forzado. Había verdad. Por eso, hoy, solo puedo decir que fue un auténtico honor haber sido, aunque fuera por un instante, su alumna. Y aún mayor reconocimiento merecen todos aquellos que pudieron aprender de él durante más tiempo, porque no solo recibieron conocimientos… recibieron una forma de entender el mundo. Gracias, Justino, por recordarnos que enseñar no es solo transmitir, sino dejar huella. Y que las mejores lecciones no se olvidan… se viven. Elena.”

Justino contaba historias y cuentos con su moraleja para la vida. Era la enseñanza o lección final que el lector debe aprender de la historia o cuento. Efectivamente, un excelente docente enseña entusiasmo, apertura mental y valores. Un buen docente inspira, guía y facilita el aprendizaje con claridad, empatía y pasión.

En esta línea, vamos hacer una simbología de Justino y el síndrome de la abeja (aunque no existe este síndrome, así que podría ser mejor la metáfora de la abeja). Las abejas visitan flores y chupan, extraen, el néctar. Así hacía Justino como una abeja con las flores, van “recogiendo” lo mejor de cada persona que conoce: ideas, valores, formas de pensar, habilidades… Va de persona a persona y de uno, aprende de música; de otro, literatura; de otro, recorridos o rutas en la naturaleza; ajedrez… Así, crece su conocimiento. Puede que, en algún momento, desaparezca, pero realmente sigue con curiosidad buscando conocimientos, experiencias de otras personas con las que trata. Así ocurre con las experiencias, proyectos, inquietudes de otras personas con las que enseguida saca provecho y aprende para luego transmitirlo a sus estudiantes.

Incluimos, a continuación, una bonita y completa aportación a lo largo de una larga etapa de la vida de Justino, en el que se reflejan las sucesivas aportaciones que se han realizado. En este texto, Antonio Gómez Muñoz y Marina Picazo Espinosa, amigos cercanos de Justino, nos comparten sus experiencias con Justino, lo titulan: “algunas notas sobre nuestras experiencias con Justino”.

“Lo primero que tengo que decir a todas las personas que han pasado por la vida de Justino, que hayan compartido experiencias vitales con él y que tengan cierto interés en leer estas líneas, es que le estamos haciendo un flaco favor. Lo hacemos indudablemente por nosotros mismos y no por la persona a la que pretendemos rendir tributo. No nos creemos que ya no esté y ansiamos expresar lo que su ausencia nos supone. Pero bueno, vamos a ello.

No conocemos a demasiadas personas que pasen por la vida con tan pocas ganas de notoriedad y sean felices simplemente haciendo lo que les gusta, o lo que les da la gana en cada momento, no necesitando reconocimiento alguno. Era una persona contradictoria, condición humana de la que nadie puede desprenderse. Necesitaba a las personas y era un animal social (ya lo sabemos todos los que compartimos cachitos de vida con él), pero en sus “ecosistemas” más frecuentados no había demasiados habitantes. Le gustaba hacer muchas cosas solo y de ahí sus aficiones. La bicicleta, el ajedrez (preparaba jugadas, leía manuales, jugaba contra él mismo), el frontón, la biblioteca y la lectura, la música, la montaña, la supervivencia…, en definitiva, cosas que se pueden hacer individualmente y sin pedir permiso a nadie. Lo curioso (y seguimos con la contradicción), es que también le gustaba compartirlas con los que nos consideraba como sus amigos.

Para poder ver a Justino había que “echar una instancia”. “Vade retro, Satanás” decía al mundo moderno de la comunicación instantánea, los móviles, las redes sociales… A veces avisaba antes de pasar por casa, pero la mayoría de las veces era una sorpresa, eso sí, muy bien recibida por todos sus habitantes, especialmente los pequeños, a los que sabía entretener como nadie con sus chascarrillos y juegos de campamento. También le gustaba comer bien, y se quedaba a veces asombrado de la capacidad de mi mujer, mi suegra, o mi madre, para prepararle en un instante una comida, merienda, cena, o lo que se terciara cuando venía de visita, aunque él también era experto en esas lides.

Compartimos muchas experiencias. En la carrera, fue compañero en los equipos de voleibol de la Facultad formados por Toño Santos, en los campeonatos universitarios y las competiciones provinciales y andaluzas, como jugador y como entrenador (casi siempre compartíamos habitación en los desplazamientos) y además fue también mi profesor de Táctica Deportiva. Cuando acabé la carrera estuvimos una semana haciendo un viaje inolvidable por Sierra Nevada con mi nissan patrol de 2ª mano pasando por zonas de la Sierra que ya están (con buen criterio) cerradas al tráfico de vehículos, como el paso de los machos, subida al Mulhacen, carril de Capileira, Laguna Seca, Alpujarra Almeriense, refugio de Río Seco… En este último le hicimos una visita al también tristemente fallecido Gerardo Alonso, que regentaba por entonces el lugar, del que Justino decía que nunca había visto a nadie sufrir en una bici de montaña (que por entonces era una novedad en España) como a él. En fin, toda una experiencia. Al año siguiente, en pleno verano, estuvimos en Cazorla, mi tierra, en una ruta en bici de montaña por la entonces desconocida Loma del Rayal, Collado de Zamora, el Aguilón del Loco y el Puerto de Tíscar en la Sierra de Cazorla. Subiendo un “jorro” (pista o camino forestal para extraer madera) Justino al ver que estábamos en un lugar bastante inaccesible y casi “no ciclable”, cautivado por la belleza del bosque centenario de pino laricio, me preguntó si quedaría algo del bosque y si saldríamos vivos de allí si había un incendio forestal. Yo le respondí que creía que tendríamos muy pocas posibilidades, pero que la vida se abre paso y que el pinar rebrotaría. Después de la ruta fuimos al refugio de la Cueva del Peinero, en la Sierra de las Villas con mis sobrinas Irene y Alicia a descansar y hacer senderismo. Justino les dejó una gran impresión a las dos por sus ocurrencias y por la forma tan peculiar que tenía de ver la vida.

Tras esta etapa Justino nos visitaba con cierta frecuencia, sobre todo en verano en la casa que mis suegros tienen en Alcalá la Real, donde llegaba en su bicicleta MBK negra y a pesar de haber camas de sobra, acampaba con su tienda y su saco de dormir en la parcela y disfrutaba de las noches musicales de “Etnosur” con nosotros, que todavía no teníamos hijos.

Le ayudé durante tres días a hacer la mudanza de su apartamento de toda la vida en el Albaicín, al que no se podía acceder en coche, pero por la calle San Juan de los Reyes metimos el nissan patrol y desde el apartamento montamos una tirolina con freno para bajar los muebles, las bolsas de ropa, los vinilos, cintas de cassette y los miles de Cds que atesoraba (muchos de ellos grabados en el ordenador de mi casa en tardes interminables) y estuvimos luego acondicionando su nueva casa en los Cármenes de San Miguel.

Siempre estaba ahí, en su pequeño limbo personal, pero si te hacía falta, sabías que podías ir a su despacho en el INEF por la tarde o a su casa y pedirle lo que sea (eso si, por teléfono, imposible). Siempre respondía. Nunca decía que no. Tenía una generosidad poco común en una persona que ha decidido vivir su vida de forma individual sin familia propia, sin pareja la mayor parte de su vida adulta. Siempre ha estado presente cuando traíamos algún niño/a al mundo (tenemos 3 niños y una niña) y tenía una conexión especial con ellos. Cuando preguntaba por nuestra familia decía “¿cómo va la Galaxia?” y nosotros le contestábamos que rotando alrededor del agujero negro del día a día.

Pasaron los años y nos veíamos esporádicamente, ya que con la vorágine de la crianza nosotros teníamos poco tiempo y él cada día estaba más liado con su trabajo y sus múltiples actividades, muchas de ellas genuinamente altruistas a las que se entregaba en cuerpo y alma.

Algo que le pasó en un instante, aparentemente insignificante, dio un vuelco a su vida. “Le tocó la china”. Tuvo un golpe de mala suerte. La vida lo puso a prueba y salió hacia delante, aunque tuvo secuelas. Afrontó lo que le pasó y no cambió un ápice su forma de conducirse por este “jodido mundo sin arreglo”, como decíamos los dos. Yo muchas veces ironizaba comentando que a este mundo solo lo podía arreglar un meteorito exterminador de planetas. Nos reíamos mucho con esto y él me envió una tira cómica de Perich (sic), en la que Dios le decía a un Ángel en el Cielo mirando a la Tierra y viendo que los humanos hacían leche con las almendras: “Les he puesto hasta ocho animales que les dan leche, a la mierda con todo esto, búscame un meteorito”. Fue de las últimas conversaciones por whatshaap con él. Las secuelas le obligaron a tener que pasar de nuevo por quirófano y esta vez no pudo con el reto. Punto final. Se acabó lo que se daba. Hasta que nos volvamos a encontrar no sabemos ni cómo, ni cuándo, ni dónde. Has pasado por este mundo, te has conducido por él y lo has abandonado siendo fiel a ti mismo. Has dejado tu impronta en muchas personas con las que te has cruzado y te has nutrido de ellas, como nosotros de ti.

Buen viaje querido amigo y perdónanos por dar publicidad a lo que sentimos por el enorme agujero negro que tu marcha ha dejado en nuestra galaxia. Seguro que lo entenderás.”

Aquí se extrae un video de Justino, unos días después de ser operado la primera vez, en casa de Ana (una amiga) en Valparaíso (Sacromonte). Justino se presenta, en su esencia, con su humor característico.

Como me gusta mucho el ajedrez (soy Miguel Ángel), y a Justino también le gustaba voy a aportar un salto de caballo dedicado a Justino. Para resolver el salto de caballo tienes que empezar en a1 (TU) escaque o casilla en negro y finaliza en d3 (NA,) casilla marcada con (*).


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Solución:

Para terminar estas aportaciones, cerramos con dos textos de despedida.

Un epílogo de Álvaro, amigo común, que me dice lo siguiente: “A mi amigo Justino qué tristeza recibir la noticia que Dios ha fijado tu hora final en este mundo. Qué pena no poder contar contigo para la próxima excursión. Justino, qué recuerdos tan maravillosos nos ha dejado, esa acampada nocturna, esos recorridos en bici, esas charlas que siempre se hacían cortas…parece que ya no podemos hacerlas juntos, pero por suerte tenemos una mente que nos conecta, y así iremos contigo como si vinieras con nosotros. DEP.” Cuántos proyectos nos ha dejado por hacer: visitar ciudades olímpicas, centros de formación del profesorado de Educación Física, lo picos más altos de Andalucía…

María Carrascosa, compañera de la primera promoción, expresa: “Es precioso este recorrido singular por la senda vital de Justino, su pasión por la belleza, la verdad y la bondad. Gracias Justino por compartir tu sabiduría con tanta gente, no te olvidaremos. Justino sonríe desde su descanso infinito, seguramente rodeado de esa naturaleza a la que tanto amaba.”

Sit tibi terra levis. La tierra te ha recibido como a su mejor amante.

Agradecer de corazón a todas las personas que habéis escrito, desde el respeto y la admiración por Justino; aunque a él no le gustara, creo tenemos también el derecho a escribir estas líneas para el recuerdo de su bonito legado.

Miguel A. Delgado Noguera

y Palma Chillón Garzón

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