José Luis Abraham concluye con ‘El hombre que murió en la guerra’, su colección dedicada al teatro de los Machado

Con la edición crítica y didáctica de El hombre que murió en la guerra, la editorial Rilke culmina la publicación de la obra dramática de Manuel y Antonio Machado.

El argumento de El hombre que murió en la guerra gira en torno a un personaje que hace su irrupción de manera camuflada al iniciarse el segundo acto. Solo cuando don Andrés es consciente de que no podrá tener descendencia con su esposa Berta, el recuerdo de su hijo comienza a acecharle, volviendo del revés su anterior indolencia hacia él. Juan de Zúñiga es fruto del galanteo de don Andrés con Julia, algo que Berta desconocía. Después de indagar sobre las vicisitudes de su hijo bastardo, el progenitor descubre que aquel cayó en el asalto de una trinchera alemana cerca de Lens, sirviendo al ejército francés como soldado voluntario en la guerra de 1914.

Pese a desplazarse hasta la ciudad francesa junto a su amigo el coronel Roquerol y escribirle cartas en las que le prometía «reconocerlo como el último vástago de una estirpe ilustre», don Andrés no consigue obtener noticia alguna de su hijo hasta enterarse de que había caído en combate. En el décimo aniversario de su fallecimiento, los más allegados celebran un responso.

José Luis Abraham, con un ejemplar de la colección ::A. ARENAS

Justo el día de esta ceremonia privada, reciben la visita de un individuo que se presenta como Miguel de la Cruz, compañero en la línea enemiga de Juan de Zúñiga, quien trae su última voluntad: abrazarle y entregarle un retrato vestido de soldado. Pero también revela la argucia de Juan de Zúñiga, quien propuso a Miguel de la Cruz intercambiar sus identidades, a lo que este no aceptó. En tal trance, sospechamos de la dualidad de Miguel de la Cruz, quien en realidad es Juan de Zúñiga fingiendo su muerte a través de aquel. Sin embargo, resulta curioso que para don Andrés sea una verdad irrefutable reconocer a su hijo Juan de Zúñiga en la foto entregada por Miguel de la Cruz. Todo lo contrario sucede con Juliana y Guadalupe (esta última, prometida de Juan de Zúñiga).

Además del estudio introductorio (“El juego dialógico de la identidad, la rebeldía y el perdón”), el aparato crítico que acompaña al texto dramático, José Luis Abraham López incorpora un bloque de actividades con un amplio número de actividades de distinta naturaleza y que conducen a la comprensión lectora, a la interpretación de personajes y acción, así como otras que promueven la reflexión y el debate.

 

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