Hay dos tipos de personas cuando llega agosto. Las que desconectan por completo y las que, sin saber muy bien cómo, terminan en la sección de papelería de cualquier supermercado acariciando una agenda nueva mientras piensan: “Este curso sí que me voy a organizar”.
Si eres docente, probablemente pertenezcas un poco a ambos grupos.
Agosto es ese extraño mes en el que intentamos convencernos de que no vamos a pensar en el colegio, pero basta con ver un expositor de rotuladores fluorescentes para que nuestro cerebro empiece a imaginar programaciones, rincones de aula y actividades para septiembre.
No pasa nada. Nos conocemos.
Por eso, aquí va un pequeño manual de supervivencia.
Regla número 1. No compres la quinta agenda… todavía.
Sabes perfectamente que en casa tienes varias sin estrenar. Una porque era demasiado bonita para usarla. Otra porque cambiaste de sistema de organización. Y otra porque “esta tiene el calendario más práctico”.
Respira.
Septiembre llegará igualmente.
Regla número 2. Está permitido entrar en una papelería… pero bajo tu responsabilidad.
El olor a cuaderno nuevo es peligroso.
Empiezas buscando un bolígrafo y acabas saliendo con post-it de siete colores, pegatinas motivadoras, subrayadores pastel, una perforadora “por si acaso” y una libreta que no necesitabas, pero que parecía imprescindible.
Es un fenómeno científico aún sin explicar.
Regla número 3. No conviertas agosto en un claustro permanente.
Sí, tienes mil ideas.
Sí, has visto quince vídeos de decoración de aulas.
Sí, has guardado cincuenta publicaciones de Instagram con actividades que “algún día harás”.
Pero también necesitas aburrirte, leer una novela, dormir la siesta, viajar, pasear o simplemente no hacer nada.
Porque descansar también forma parte de ser un buen docente.

Regla número 4. No te sientas culpable por desconectar.
Existe una extraña sensación de culpa cuando pasan varios días sin pensar en educación.
Como si olvidarnos un rato de rúbricas, competencias o situaciones de aprendizaje nos convirtiera en peores profesionales.
La realidad es justo la contraria.
Las mejores ideas casi nunca aparecen delante del ordenador. Suelen surgir caminando por la playa, tomando un café con amigos o viendo jugar a nuestros hijos.
Regla número 5. Si compras material… disfrútalo.
Porque, seamos sinceros, todos tenemos un pequeño ritual.
Abrir los subrayadores nuevos.
Escribir por primera vez en la agenda.
Ordenar los rotuladores por colores.
Imaginar cómo será el primer día de clase.
Y son esas pequeñas ilusiones las que hacen tan especial esta profesión.
Regla número 6. Recuerda por qué empezaste.
Antes de que septiembre vuelva con reuniones, horarios, burocracia y prisas, agosto nos regala algo muy valioso: perspectiva.
Nos recuerda que detrás de cada programación hay personas.
Que detrás de cada evaluación hay niños y niñas con sueños.
Y que nuestro trabajo, aunque agotador muchas veces, sigue teniendo el privilegio de cambiar vidas en silencio.
Así que disfruta de agosto.
Compra esa agenda si realmente te hace ilusión.
Entra en la papelería sin remordimientos.
Guarda ideas si te inspiran.
Pero, sobre todo, descansa.
Porque el mejor material que puede llevar un docente el primer día de septiembre no cabe en una mochila.
Se llama energía, ilusión y ganas de volver a empezar.
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