José A. Delgado: «Facha»

Soy fascista porque soy italiano
Luigi Pirandello. Premio Nobel de Literatura

Las palabras encierran significados; también respecto al vocablo facha. Una de las acepciones del Diccionario de la Lengua Española define así esta palabra: “De ideología política reaccionaria”, siendo fascista y ultraderechista algunos de sus sinónimos.

Creo que con demasiada frecuencia, en el transcurso de una tranquila conversación política entre amigos, atribuimos facha a cualquiera de los contendientes que no están de acuerdo con nuestras ideas: “Pero qué dices hombre, tú es que eres un facha”. Pasa igual en el debate parlamentario entre políticos donde se tilda de facha al diputado que discrepa del planteamiento del otro, especialmente si éste se alinea con una ideología de derechas, ¡ni siquiera de extrema derecha! Deberíamos tener cuidado con esta atribución si tenemos en cuenta las connotaciones peyorativas y tóxicas de este movimiento revolucionario, fundado e implementado por Benito Mussolini, cuyo lema era éste: “Sólo los fuertes sobreviven” Veamos.

Iñigo Bolinaga es licenciado en Historia e investigador de los movimientos políticos contemporáneos, con especial atención al hecho nacionalista en la Europa del siglo XX. En su obra “Breve historia del fascismo” (2013) describe las características más significativas de esta ideología: nacionalismo extremo; Estado fuerte y omnipotente; negación de la lucha de clases y del parlamentarismo; antimarxista; caudillista; uso del partido como instrumento de penetración en todos los ámbitos de la vida y exaltación de la violencia como método (págs. 298-299).

También el ensayista italiano Antonio Scurati, profesor de escritura en la Universidad Libre de Lengua y Comunicación de Milán, ha llevado a cabo una inmensa obra de cinco volúmenes sobre Benito Mussolini: abarca desde 1919 con el nacimiento de los “Fasci di Combattimento” (Grupos Armados de Combate) hasta la muerte del dictador, cuyo cadáver fue expuesto en abril de 1945 en la Piazzale Loreto colgado boca abajo junto al de su compañera Claretta Petacci. Su último libro lleva por título “El fin y el principio” (2026), un relato del declive físico y moral del histriónico tirano. El profesor advierte igualmente sobre el peligro que representan los nuevos hombres fuertes que prometen resolver los problemas complejos de manera fácil: a esto, añado yo, es lo que se llama populismo.

El sr. Scurati, por defender sus ideas, se ha convertido en una amenaza de este populismo. Meloni, Presidenta del Consejo de Ministros de Italia desde 2022 por el partido “Hermanos de Italia”, lo ha atacado personalmente. Igualmente, en el vestíbulo de su casa han aparecido bolsas llenas de excrementos, en sus muros han escrito pintadas contra él y se le difama de manera abierta. El escritor afirma que la publicación de su obra “M”, de la que ya ha editado cuatro volúmenes, ha tenido consecuencias: “Me he convertido en el enemigo intelectual número uno porque he tomado partido por determinados temas públicos. A sus ojos soy un enemigo. Ellos estaban listos para reescribir la historia y revalorizar el fascismo y mis libros se lo han impedido”. Y la prensa de extrema derecha lo tilda de “L´uomo de M” (Hombre de mierda). Él está convencido de que la vuelta de este movimiento ya está aquí. Los especialistas han manifestado que “M” ha supuesto un antes y un después en la manera de narrar esta nefasta ideología.

El fascismo italiano tuvo sus orígenes en el poeta Gabriele D’Annunzio (“Il Vate”) ideólogo oficial del régimen, de cuyos pensamientos Mussolini encontró su inspiración. Este Caudillo estudió magisterio, ejerció en Educación Primaria, y abandonó esta carrera por el periodismo llegando a fundar el periódico “Il Poppolo d´Italia”. Se trata de “Una corriente contrarrevolucionaria totalitaria que tiende a subvertir el orden establecido en aras a una organización jerárquica de la sociedad. Asimismo aborrece las ideas de igualdad entre los hombres y los derechos de los individuos por la colectividad nacional. Su lema era “Nuestro mito es la nación, nuestro mito es la grandeza de la nación”: Antonio Scurati, obra citada, págs. 39-40.

Mussolini se autoproclamó Il Duce (El Guía, El Líder), y fundó en 1919 los “Fasci Italiani di Combattimento” (Grupos Armados de Combate), un movimiento de grupos paramilitares armados para combatir a los partidos de izquierda. Su postura atrajo a buena parte de la población italiana y fue ganando adeptos entre los empresarios, terratenientes, clases medias, el ejército y la Iglesia católica. Con el apoyo de estos sectores, creó en 1921 el Partido Nacional Fascista (PNF) y al año siguiente lideró un golpe de Estado conocido como “La marcha sobre Roma”. El Gobierno liberal democrático dimitió y el rey Victor Manuel III traspasó el poder a Mussolini.

Las celebraciones destinadas a ensalzar los valores patrios y militaristas fueron constantes en la Italia del dictador. La fascista debería ser una sociedad de soldados capaces de dar la vida por Il Duce. Éste tomó por primera vez el poder en 1922 defendiendo el nacionalismo radical, las dictaduras autoritarias, la lucha contra el comunismo y cualquier forma de oposición. Reformó el sistema educativo para controlar las ideas y los valores que se enseñaban en la escuela, a la vez que los profesores universitarios tuvieron que vestir camisas negras (como los Fasci) y jurar fidelidad al régimen. Asimismo, en 1939, disolvió la Cámara de Diputados y la sustituyó por la Cámara de los Fasci y de las Corporaciones. Los cargos fueron ocupados por militantes fascistas designados por él. En el ámbito económico, su Gobierno buscó intervenir las relaciones entre trabajadores y empresarios a fin de controlar la actividad sindical, mientras que los propietarios y los obreros fueron agrupados en Corporaciones bajo estricta supervisión estatal.

A partir de 1924 Mussolini profundizó en las políticas fascistas para instalar un régimen totalitario: abolió los partidos políticos y los sindicatos, suprimió la libertad de expresión y eliminó el derecho a la huelga. Igualmente adquirió las funciones de jefe de Gobierno, primer ministro y secretario de Estado: la propaganda sistemática llevó a la exaltación de su figura como líder carismático de la Italia fascista. Deberíamos tener un poco de cuidado antes de atribuir facha a alguien.

José A. Delgado

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