Hace un año llegué a Murtas para descubrir el trovo. No imaginaba entonces que aquel encuentro sembraría la semilla de Hijas del Canto y la Palabra. Volver ahora a la II Gala ‘Murtas Pueblo Trovo’, compartir algunos temas de este espectáculo y recibir una de sus distinciones ha supuesto cerrar un hermoso círculo de aprendizaje y gratitud.
Hay lugares que llegan a formar parte de nosotros sin que apenas nos demos cuenta. Murtas es uno de ellos.
Hace ahora un año llegué por primera vez a este rincón de la Alpujarra para asistir al acto que lo proclamaba «Pueblo Trovo». Apenas conocía entonces este fascinante universo de la poesía improvisada. Aquella tarde escuché décimas, quintillas y controversias; descubrí que el trovo era mucho más que un juego de ingenio y comprendí que estaba ante una de las expresiones más valiosas del patrimonio cultural de nuestra tierra.
Aquel día viví, además, una emoción que nunca olvidaré. El maestro trovero Francisco Mejías López me dedicó mi primer trovo. Aquellos versos improvisados, publicados posteriormente en IDEAL en Clase con motivo de mi primer artículo sobre el trovo, marcaron el inicio de un camino de aprendizaje, admiración y profundo respeto hacia este arte. Salí de Murtas con la sensación de haber descubierto un mundo nuevo. No imaginaba entonces que aquel instante sembraría la semilla de una creación artística y de una investigación que, un año después, me devolverían a este mismo lugar.
Desde entonces, el trovo ha pasado a formar parte de mi vida. He seguido aprendiendo, investigando y acercándome a este patrimonio extraordinario. Aquel primer encuentro en Murtas no solo despertó mi admiración por el trovo; allí comenzó a germinar la semilla de Hijas del Canto y la Palabra, un espectáculo nacido del deseo de recuperar y recrear el patrimonio musical y poético desde una mirada contemporánea. La riqueza de la tradición oral, el diálogo entre las culturas mediterráneas y el descubrimiento de los múltiples vínculos que unen distintas tradiciones musicales y poéticas fueron marcando, poco a poco, el camino de esta creación.

Por eso regresar a Murtas, esta vez para participar en la II Gala «Murtas Pueblo Trovo» y recibir una de sus distinciones, tuvo para mí un significado profundamente simbólico. Era volver al lugar donde, sin saberlo entonces, había comenzado una parte muy importante de este viaje personal y musical.
La Plaza de la Iglesia volvió a convertirse en un espacio de encuentro entre generaciones. Allí convivían la emoción de los homenajes póstumos a grandes figuras del trovo con el entusiasmo de quienes hoy siguen investigando, enseñando, improvisando o creando desde esa tradición. No era una simple entrega de distinciones. Era la celebración de una comunidad que reconoce públicamente a quienes dedican su esfuerzo a mantener vivo un legado cultural de patrimonio inmaterial que pertenece a todos.
Durante el acto intervinieron el alcalde de Murtas, Miguel Romera Rodríguez, y el director de la Cátedra Iberoamericana de Trovo y Poesía Oral Improvisada de la Universidad de Granada, Juan González Blasco. Su intervención volvió a cautivarme. Juan posee esa rara capacidad de combinar un enorme conocimiento con sensibilidad y un fino sentido del humor que hace que escucharlo resulte siempre cercano y apasionante. Yo no dejo de aprender con él. En cada intervención aparecen historias, matices y conexiones inesperadas que nos ayudan a comprender que el trovo no es únicamente una manifestación artística, sino un patrimonio que merece ser investigado, protegido y transmitido.
La labor de la Cátedra Iberoamericana de Trovo y Poesía Oral Improvisada resulta, en este sentido, fundamental. Gracias a ella, el trovo no solo se conserva: se estudia, se investiga, se enseña y continúa dialogando con otras tradiciones de poesía oral improvisada del mundo. Ese encuentro entre universidad, territorio y cultura popular contribuye a que un patrimonio nacido y transmitido durante generaciones siga creciendo y proyectándose mucho más allá de nuestras fronteras.
La música acompañó toda la velada con el original concierto de Eskarnia y Cristina Indira, la actuación de los troveros y músicos de cuerda de La Alpujarra, las poetisas del Genil-Loja, Alex y Lidia, del Taller, monitores del Taller de Trovos, y la actuación de la Asociación de Baile de Murtas, marcando una noche inolvidable.
Mostafá Bakkali y yo tuvimos también la oportunidad de interpretar algunos de los temas de Hijas del Canto y la Palabra. Cantar y contar algunas de sus historias precisamente en Murtas tuvo para nosotros un significado muy especial. Fue allí donde, un año antes, comenzó a germinar en mí la primera semilla de esta creación. Más tarde, esa intuición inicial encontró en Mostafá a la persona con la que compartir una intensa labor de investigación, recuperación, recreación y difusión del patrimonio musical y poético. En nuestra intervención musical quisimos rendir homenaje al centenario del viaje de Manuel de Falla y Federico García Lorca a La Alpujarra, interpretando obras de ambos. Fue una forma de poner en valor un episodio que también forma parte del recorrido por la Alpujarra que propone Hijas del Canto y la Palabra, un viaje por su memoria musical y poética. Poder compartir esa intervención precisamente en Murtas, y hacerlo en el marco de una gala tan significativa, fue, sin duda, uno de los momentos más emocionantes de la velada.

Tuve el honor de recibir con enorme gratitud la distinción por la creación, dirección artística e interpretación de Hijas del Canto y la Palabra. Mi alegría fue aún mayor al ver también reconocido a Mostafá Bakkali. Compartimos una misma forma de entender la investigación y la creación artística. Cada uno desde su propia sensibilidad y formación, trabajamos con el propósito de tender puentes entre las cantoras andalusíes, la tradición sefardí, las trovadoras occitanas y el trovo alpujarreño, convencidos de que el patrimonio permanece vivo cuando se estudia, se comprende y vuelve a expresarse desde el presente.


Pero, si hubo una imagen que me conmovió especialmente, fue contemplar los rostros de muchos de los músicos, troveros y personas homenajeadas. Hombres y mujeres que acumulan toda una vida dedicada a la cultura popular y que, al recibir su distinción, recuperaban de pronto la ilusión limpia de un niño. Había algo profundamente hermoso en aquellas miradas. No reflejaban orgullo, sino gratitud. Era como si, por unos instantes, volvieran a sentir la emoción de sus primeros trovos, de sus primeros acordes, de aquellas primeras veces en que descubrieron que la música, la palabra y la tradición podían acompañarlos durante toda una vida.
Murtas no solo organizó una gala, sino que nos envía un mensaje: nos recuerda que los pueblos pequeños pueden convertirse en grandes guardianes de la memoria colectiva cuando creen en su cultura y la sitúan en el centro de su identidad. En tiempos en los que tantas tradiciones corren el riesgo de diluirse, estas iniciativas demuestran que el futuro del patrimonio también se escribe desde las plazas de nuestros pueblos.
Quisiera expresar mi más sincero agradecimiento al Ayuntamiento de Murtas, a la Cátedra Iberoamericana de Trovo y Poesía Oral Improvisada de la Universidad de Granada y a todas las personas que hacen posible que continúe “ El arte vivo del Trovo”. También a quienes, muchas veces de forma silenciosa, investigan, recopilan, enseñan, cantan, tocan y transmiten nuestras tradiciones. Porque la cultura no pertenece únicamente a los libros o a los escenarios; pertenece, sobre todo, a las personas que la viven, la cuidan y la comparten.
Al volver a casa sentí que esta gala cerraba también un pequeño círculo personal. Hace un año escribía en IDEAL En Clase sobre mi descubrimiento del trovo. Ahora regresaba al mismo lugar donde comenzó aquel viaje con el corazón lleno de gratitud.

Momentos previos a nuestra intervención musical con unas vistas impresionantes de Murtas. Foto Pedro Fajardo.
Momentos previos a nuestra intervención musical con unas vistas impresionantes de Murtas. De izquierda a derecha Pilar Posadas y Mostafá Bakkali. Foto Pedro Fajardo.
Y, casi sin darme cuenta, me nació este pequeño trovo que compartí con los amigos balateros del grupo de Murtas. No pretende ser más que eso: el agradecimiento sincero de una aprendiz enamorada de este arte.
Murtas en mi corazón
Hace un año que llegué,
me sobrecoge la emoción,
porque yo me enamoré
del trovo y la improvisación.
¡Vivan sus calles y gentes,
poesía y repentización!
Sus trovos inteligentes
me cautivan con pasión.
Aprendiz trovera soy,
y ayer canté con amor
a este arte que me doy,
con alma, entrega y valor…
Y allí me quedo, aunque me voy.
Pilar Posadas de Julián
Catedrática de Pedagogía, Música y Lingüista
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