Aquí, en la antigua estación del tranvía, bastantes jubilados se entretienen jugando a la petanca. Ellos se conforman con poco, pues vienen un rato por la mañana y otro por la tarde. Y al anochecer no es raro encontrártelos subiendo de regreso para su casa, o en el bar Los Palomos. Estamos dentro de la caseta y hay numerosas fotografías enmarcadas en las paredes. Éste es fulanito de tal y este otro se murió el año pasado… Ahora le paso el micrófono a José García Luján:
–Esta garita se la dio el Ayuntamiento a ellos y los socios pagan sesenta céntimos al mes. Venías por las tardes y vías a la gente jugando, pero ahora se hartan pronto y cogen el camino. Éste ha sido un pueblo de motes, por los tejeros –es lo propio de los pueblos y los motes los ponen los graciosos para reírse un poco de la gente; al final se ríen todos con la mala uva de los apodos, menos el agraciado–. Apenas ibas a trabajar al tejar, te ponían un mote: Culobarro, Modas… En la construcción era el Quitavergüenzas el que daba la cara… De Villanueva de Mesía vino uno, y le pusieron Elquefaltaba. La Gabia ha sido un pueblo que ha vivido del campo, de los tejares y la emigración. En el Portichuelo era donde esperaban todos los trabajadores y recuerdo que los manijeros salían a las Cuatro Esquinas y ahí buscaban a la gente…
Como su compañero, Francisco Ruiz García también nació en 1935, el año de las vísperas de la Guerra Civil. Mala época. En cuanto al cultivo del cáñamo también se dio en Galera –desde siglos se hacían aquí buenos alpargates– y Orce. Quizá sólo fueron estos tres pueblos de la provincia de Granada donde se sembró el cáñamo.

–Los espajaores le sacaban la paja al lino, pero al cáñamo lo majaban los majaores y lo hacían en medias arrobas. Luego lo rastrillaban, pero el polvillo que soltaba el cáñamo era enfermizo. Lo depositaban en una alberca y el alberquero se encargaba de que no se pasara ni se pudriera. Y luego se sacaba en el mes de enero –con el esparto hacen algo parecido: lo sumergen en agua durante 40 días hasta que se pone blando, y luego dejan que se seque al sol–. A veces tenían que romper el hielo y las piedras las quitaban con ganchos. Era un oficio muy duro. Aquí venía mucho cáñamo de Callosa de Segura y el que me enseñó a rastrillar era de este pueblo. Después, con la estopa hacían las alpargatas de cáñamo. También en Gabia se hacían sogas, las llevaban a Granada en un carro y se traían la estopa. Y así. Luego vino el cultivo del tabaco, que dejaba más dinero.

Nota. Este artículo viene en mi novela, Gabia, la memoria perdida. Edición de autor (2004). Hay que recordar que la línea 4 del tranvía de Granada-Armilla-Churriana-Gabia se inauguró en noviembre de 1912, pero las líneas de los tranvías de Granada cerraron en 1974, 62 años después. La causa fue porque tenían pérdidas económicas mientras se imponían las líneas de autobuses urbanos. El precio del viaje de Granada a Gabia era entonces de cincuenta céntimos y cuarenta a Churriana. A finales de julio pasado el metro realizó pruebas en la parada de Las Gabias, donde estaba la antigua estación del tranvía, en la que se ha conservado la pequeña caseta –parece un milagro–, al lado del campo de petanca donde los jubilados se entretenían jugando.

Han anunciado por la prensa que las obras concluirán a finales de diciembre, esperemos que cuando inauguren el metro no se salga de la vía como le ocurrió al tranvía en Churriana, en el viaje de inauguración. El problema se solucionó con la ayuda de los numerosos mozos, que acudieron de Las Gabias y de Churriana. Entre todos arrimaron el hombro, alzaron el tranvía y lo consiguieron poner sobre el raíl. Entonces no había grúas, todo se hacía a base de riñones. Yo conservo un billete del tranvía, que iba de Granada a Huétor Vega, de los años setenta. Fui con un amigo al Restaurante el Capricho, porque necesitaban camareros, pero cuando llegamos ya estaban cubiertas las plazas. Hace unos meses anunciaron que las viviendas se habían revalorizado bastante en Churriana y en Las Gabias, es que el progreso lo que te da con una mano, te lo quita con la otra.






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