Antiguamente, las fiestas de mi pueblo, Jorairátar, eran muy sencillas, pero se vivían con mucha ilusión y, sobre todo, con una gran devoción a nuestro patrón, el Arcángel San Gabriel.
Se celebraban en las Pascuas, porque era una época en la que regresaba mucha gente que había tenido que marcharse del pueblo para trabajar fuera. Aprovechaban esos días para volver y reunirse con sus familias. Además, coincidían con el tiempo de la matanza, por lo que se podía disfrutar un poco más de aquellos días tan esperados.
La celebración religiosa era el centro de la fiesta. Se celebraba la misa en honor a San Gabriel y después el santo salía en procesión por las calles del pueblo y a lo largo del recorrido se tiraban cohetes en su honor. La gente, vestida con sus mejores trajes, lo acompañaba con mucha fe y respeto.

Recuerdo especialmente la banda de música tocando en la puerta de la iglesia y por la tarde en el paseo de la Fuente. Allí había unos bancos de obra donde se sentaban muchas personas para escuchar la música. Las parejas ocupaban todo el paseo y bailaban pasodobles y boleros hasta que llegaba la noche. Era bonito ver a jóvenes y mayores disfrutando juntos de aquella música.
Tocaban pasodobles, boleros, marchas procesionales y otras piezas tradicionales que gustaban muchísimo, especialmente a las personas mayores. Y los niños también disfrutábamos viendo aquel ambiente y escuchando la banda.

La fiesta era también un gran punto de encuentro. Como he dicho antes, regresaba mucha gente que vivía fuera del pueblo para pasar unos días con la familia. Se reunían hermanos, hijos, sobrinos y amigos que llevaban mucho tiempo sin verse. Se aprovechaba para estar juntos, hablar, recordar y disfrutar del calor de la lumbre y de aquella fiesta tan esperada.
Aunque eran unas fiestas sencillas, tenían un significado muy grande para nosotros porque estaban dedicadas al patrón del pueblo y también una manera de darle las gracias por haber pasado un año más y poder encontrarnos de nuevo allí, en nuestra tierra.
En las casas también se aprovechaba el día para preparar una comida especial, algo más rico de lo habitual, aprovechando la carne de la matanza como la asadura con cebolla. Tener a toda la familia reunida era ya motivo suficiente para celebrar.

Y, por supuesto, no podían faltar los dulces. Se preparaban los roscos pobres, que eran típicos de entonces, los buñuelos y alguna torta hecha en el horno. También se hacía arroz con leche o rosetas con miel. Pero, sobre todo, recuerdo aquellos hermosos roscos y los buñuelos, que eran los verdaderos protagonistas de aquellos días.
Cuando pienso ahora en aquellas fiestas, me doy cuenta de que no necesitábamos grandes cosas para ser felices. No había grandes espectáculos ni lujos, pero había música, familia, fe, comida hecha en casa y muchas ganas de disfrutar.
Bastaba con escuchar a la banda tocando en el paseo de la Fuente, ver a las parejas bailando, sentarse en aquellos bancos de obra, acompañar a San Gabriel en su procesión y reunirse después alrededor de una mesa con toda la familia.

Actualmente, las fiestas se celebran en verano y se han renovado gracias al interés de todo el pueblo por continuar con esta tradición tan hermosa de rendir homenaje a nuestro Arcángel San Gabriel. Se hacen concursos, juegos, pasacalles, bailes, comidas en el polideportivo y representaciones de Moros y Cristianos, además de mantener la tradicional misa y procesión de nuestro santo.
Por ello, gracias a Dios, nuestras fiestas están más vivas que nunca y no han perdido la esencia de antaño. Creo que nuestras fiestas fueron y siguen siendo muy grandes para nosotros, porque están llenas de lo más importante como es la fe, la familia, la unión , la tradición y el cariño por nuestro pueblo.
JORAIRÁTAR, PUEBLO DE MUY BELLA HISTORIA
Jorairátar es un pueblo
de recuerdos y de ilusión,
que todos hemos vivido
con alegría y devoción,
en nuestra juventud sana
de aquellos años añorados.
Ese amor a nuestro patrón,
el Arcángel San Gabriel,
que siempre nos acompaña
y llevamos en el corazón.
Todos rezamos con devoción y fe
a Dios y a nuestro Ángel,
para que nos ayuden siempre
con su bondad y protección.

¡Ángel bendito, sé nuestra fuerza!
¡Sé nuestro amparo y nuestra esperanza!
¡Y en nuestras vidas danos salud!
¡Con tu protección ayúdanos
y danos tu bendición!
¡Sol de la vida, luz y consuelo
que todos necesitamos!
¡Dios, Jesucristo, nuestro Salvador,
protégenos en nuestro caminar!
Haz que en estas fiestas tan bonitas
se diviertan nuestros vecinos y visitantes.
Son tres días de ilusión,
en los que todos estamos unidos,
dando alabanza y oración
en honor a nuestro patrón,
para que Él nos ayude
y nos dé su protección
a todos con amor.
¡Viva San Gabriel!

Rosario Ruiz Martín,
abuela y madre de familia,
apasionada de la cultura y del saber






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