Proemio
Para aliviar los calores
que nos endilga el verano
yo recurro al octosílabo
en versos romanceados
y en la mesa de un chiringo
me predispongo a rimarlos,
mientras pimplo una cerveza
o dos, si se tercia el caso.
- ¡Ojú, qué calor!
Cuando el estío se enraíza
con sus calores benditos
me afano en el ritual
de visitar chiringuitos
y en todos ellos encuentro
a maestros y a peritos
muy versados en el arte
de espetar el pescaíto
o freír los calamares
con ese toque divino
que en playas de nuestra tierra
es un rasgo distintivo.
Si el asunto va de espetos
hay que hilar bastante fino
pues vayas a donde vayas
siempre será un buen destino
al encontrar espeteros
a sus fogatas uncidos
asando con toques mágicos
las sardinas, cuyo brillo
al radiante sol expuestas,
emanan tal olorcillo
que a sus fulgores y aromas
siempre se acaba rendido.
No hablemos de las almejas,
mejillones, conchas finas,
boquerones al limón,
los chanquetes o la jibia,
los gambones o cigalas,
las sabrosas puntillitas,
los calamares, el pulpo,
las coquinas o gambitas
que cocidas o a la plancha
saben a gloria bendita.
Y bañarse ¿para cuándo?
me pregunta con buen tono
un amigo que en su hamaca
bajo el astro rey redondo
lucha por un bronceado
de piernas, tórax y lomo.
Con mis mejores palabras
y sonrisas le respondo
que las cosas son complejas
y tiempo habrá para todo,
pero que al mediodía
yo solamente me mojo
las cavidades ventrales
y el espacio de su entorno
ya que atravesar la arena
sorteando los chinorros
y los niños con balones
zambombeándolo todo
para llegar hasta el agua
bajo este sol de bochorno,
es de épica arriesgada
que ni de lejos soporto.
Por lo tanto, al mediodía,
lo que rige es una caña
o un par de ellas si se tercia
con un espeto de tapa
y, después, lo que se diga,
que las mañanas son largas
y cansinas de aguantar
sin remojar la garganta.
Dice el refranero antiguo
con afilada ironía
y algo de recochineo
que de cuarenta p’arriba
hay que tener prevención
al mojarse la barriga.
Concluyendo, ya se sabe
que un par de cañas al día
cuando el Lorenzo calienta
con su braveza bravía,
es mantener la liturgia
de arcana sabiduría.





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