Tomás Moreno Fernández: «Reflexiones para el tercer milenio XIX: Primo Levi: Testigo y cronista del horror (2/2)»

II. SI ESTO ES UN HOMBRE de PRIMO LEVI

Si esto es un hombre la obra de Primo Levi, consta de una Presentación y de 17 breves capítulos, más un Apéndice añadido en 1976, en los que su autor va describiendo sus impresiones de internamiento y testimonio del horror sufrido desde su captura el 13 de diciembre de 1943 por la Milicia Fascista pasando por su viaje e ingreso en el campo de Auschwitz hasta sus últimos diez días antes de la liberación. Se inicia con un Poema, del mismo título, que es un verdadero epítome de todo lo que habrá de relatar a continuación, y que dice así:

Los que vivís seguros / En vuestras casas caldeadas, / Los que os encontráis, al volver por la tarde, / La comida caliente y los rostros amigos: / Considerad si es un hombre / Quien trabaja en el fango / Quien no conoce la paz / Quien lucha por la mitad de un panecillo, / Quien muere por un sí o por un no. / Considerad si es una mujer / Quien no tiene cabellos ni nombre / Ni fuerzas para recordarlo, / Vacía la mirada y frío el regazo / Como una rana invernal. / Pensad que esto ha sucedido: / Os recomiendo estas palabras. / Grabadlas en vuestros corazones / Al estar en casa, al ir por la calle, / Al acostaros, al levantaros; / Repetídselas a vuestros hijos. / O que vuestra casa se derrumbe, / La enfermedad os imposibilite, / Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.” (Si esto es un hombre, pp. 13-14).

A lo largo de los sucesivos capítulos que la constituyen, Primo Levi va alcanzando niveles de profundidad literaria y trágica grandezas equiparables a los relatos de un Dostoievski (Recuerdos de la casa de los muertos), un Joseph Conrad (El corazón de las tinieblas), un Hermann Melville (Moby Dick) o, incluso, un Dante redivivo. La vida cotidiana del Lager (campo) y las vivencias de los Häftlinge (presos) son vivamente descritas a lo largo de la obra. El impacto del momento del tatuaje (1) y del despojamiento de la personalidad e incluso de la dignidad y humanidad de los internados; el miedo a los constantes golpes de los Kapos, el sufrimiento por la desnudez, el trabajo, el hambre y el frío permanentes; los hurtos, los sabotajes y las tentativas de fuga; las relaciones con los demás presos y con sus victimarios, su trabajo en el laboratorio químico, el definitivo momento, en fin, de la Selekcja (selección de los que habían de ir a la cámara de gas) se nos transmiten con una fuerza dramática insuperable. Valgan a modo de ilustración sólo estos dos estremecedores fragmentos:

Hoy es domingo de trabajo, Arbeitssonntag: se trabaja hasta las trece, después se vuelve al campo para la ducha, el afeitado y el control general de la sarna y de los piojos y, en el tajo, misteriosamente, todos hemos sabido que la selección será hoy. La noticia ha llegado, como siempre, rodeada de un halo de detalles contradictorios y recelos: esta misma mañana ha habido una selección en la enfermería; el porcentaje ha sido del siete, del treinta, del cincuenta por ciento total de los enfermos. En Birkenau, la chimenea del Crematorio humea desde hace diez días. Hay que hacerle sitio a una enorme expedición que va a llegar del ghetto de Posen. Los jóvenes dicen a los jóvenes que serán elegidos todos los viejos. Los sanos dicen a los sanos que serán elegidos todos los enfermos. Serán excluidos los especialistas. Serán excluidos los judíos alemanes. Serán excluidos los números bajos. Serás elegido tú. Seré excluido yo” (Si esto es un hombre, p. 217).

Cámaras de gas de Auschwitz (1943)

[…] Parece ser que toda marcha como todos los días, la chimenea de la cocina humea como de costumbre, ya ha empezado la distribución del potaje. Pero luego se ha oído la campana y ahora hemos comprendido que va en serio. Porque esta campana suena siempre al alba, y entonces es la diana, pero cuando suena a media jornada quiere decir Blocksperre, encierro en la barraca, y esto sucede cuando hay selección, para que nadie se sustraiga a ella y, cuando los seleccionados salgan hacia la cámara de gas, para que nadie los vea partir” (Si esto es un hombre, p. 218).

Se ha dicho, con razón, que Si esto es un hombre es la descripción más lacerante del proceso físico y psíquico de destrucción y deshumanización de las personas, llevado a cabo en toda la historia humana. No es casualidad, nos recuerda Mercedes Monmany, que Alain Finkielkraut comience su libro La humanidad perdida (Ensayo sobre el siglo XX) (3) con un pasaje directamente salido de Si esto es un hombre. Aquel en el que Primo Levi se enfrenta en Auschwitz al temible Doctor Ingeniero Pannwitz, terrible en su frío y perfecto arianismo, y cómo ese mismo frío le traspasa inmediatamente, y anota: «Aquella mirada no se cruzó entre dos hombres; y si yo supiese explicar a fondo la naturaleza de aquella mirada, intercambiada como a través de la pared de vidrio de un acuario entre dos seres que viven en medios diferentes, habría explicado también la esencia de la gran locura de la tercera Alemania» (Si esto es un hombre, p. 181).

Este demoníaco intento de degradación extrema de las personas, alentado por una ideología enloquecida en su fanatismo y llevada a cabo eficientísimamente por una racionalidad instrumental propia de una civilización técnicamente muy avanzada (pero moralmente pervertida) es lo que Primo Levi quiere denunciar a lo largo de ésta y de toda su posterior obra. Se questo è un uomo (como reza su título italiano original) vuelve una y otra vez a recordarnos esa degradación deliberada de los deportados al rango de «ganado», «materia prima» o «escoria» (términos exactos, en el argot del Lager, empleados por el autor al describírnoslo) hasta convertirlos -como en el caso de los denominados Müsulmänner– en seres de otra especie, en no-personas, en «no-hombres que marchan y se agotan en silencio» y a los que se les arrancó de cuajo su categoría y dignidad de seres humanos.

Quiere dejar constancia de ello, mostrar su furiosa reivindicación de humanidad, para que lo ocurrido allí y entonces nunca se olvide, para que nunca jamás vuelva a repetirse (4). Es precisamente la misma reivindicación que postularía, por las mismas fechas, otro gran testigo del horror nazi, Robert Antelme, el autor de L’Espece Humaine (1947), al afirmar que es “la reevaluación de la calidad de hombre lo que provoca una reivindicación casi biológica de pertenencia a la especie humana” (5).

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS

1) «Häftling: me he enterado de que soy un Häftling. Me llamo 174.517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo […]» (Si esto es un hombre, op. cit., p 41).

2) “Imaginaos ahora un hombre a quien, además de a sus personas amadas, se le quiten la casa, las costumbres, las ropas, todo, literalmente todo lo que posee: será un hombre vacío, reducido al sufrimiento y a la necesidad, falto de dignidad y de juicio, porque a quien lo ha perdido todo fácilmente le sucede perderse a sí mismo; hasta tal punto que se podrá decidir sin remordimiento su vida o su muerte prescindiendo de cualquier sentimiento de afinidad humana; en el caso más afortunado, apoyándose meramente en la valoración de su utilidad. Comprenderéis ahora el doble significado del término ‘Campo de aniquilación’, y veréis claramente lo que queremos decir con esta frase: yacer en el fondo” (Ibid, p. 39).

3) La humanidad perdida (Ensayo sobre el siglo XX), trad. de Thomas Kaut, Anagrama, Barcelona, 1998.

4) Véase Jean Claude Guillebaud, El principio de Humanidad, Espasa Calpe, Madrid, 2002, pp. 23-24

5) Robert Antelme, La Especie Humana, Arena Libros, Madrid, 2009.

 

 

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Tomas Moreno Fernández,

Catedrático de Filosofía

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