Victoria Eugenia Muñoz Jiménez: «¿Y si desarrollamos la fuerza mental?»

El ser humano se convierte en aquello que practica repetidamente
William James

Si miramos a nuestro alrededor, cada vez observamos más personas cuyo primer objetivo nada más bajar el pie de la cama cada mañana es evitar la dificultad, lo incómodo o aquello que requiere esfuerzo, y buscar nuevas formas de entretenimiento —cada divertimento que aparece queda rápidamente obsoleto y hay que buscar nuevas maneras de disfrutar— que, además, sean inmediatas.

Entonces, ¿no es bueno entretenerse, divertirse…? ¡Por supuesto que sí! No solo es bueno, sino necesario y más que recomendable, pero precisamente para desconectar de un esfuerzo físico o intelectual mantenido, no como sustitutivo de este. Al hilo de lo que decía James, si no acostumbramos a nuestro cerebro a tolerar el esfuerzo, a afrontar la dificultad, a realizar tareas tediosas… lo vamos a convertir en un cerebro perezoso, igual que le ocurre a un músculo que, si dejamos de ejercitar, se vuelve flácido y cada vez más inútil para su función: asegurar la bipedestación, facilitar el movimiento, proteger las articulaciones, sostener pesos…

Es la corteza prefrontal, situada en la parte anterior del lóbulo frontal del cerebro, la encargada de dirigir esa orquesta formada por las funciones ejecutivas: la capacidad para planificar tareas y organizarnos, resolver problemas, evitar la procrastinación, aprender de los errores y la experiencia, perseverar, gestionar el autocontrol, los impulsos y las emociones, desarrollar un criterio, establecer metas y secuenciar los pasos para alcanzarlas, desarrollar la flexibilidad adaptándonos a los cambios e imprevistos…

Y es que ese “puesto de mando” tiene funciones de vital importancia para el día a día:

*De allí fluye la memoria de trabajo, es decir, esa que nos permite retener la información de lo aprendido y utilizarla en tiempo real mientras estamos realizando cualquier tarea: he mirado en casa cómo llegar a un sitio en mi aplicación del móvil y mientras conduzco este se ha quedado sin batería, pero llego allí porque recuerdo en qué calle debía girar a la izquierda y qué salida de la siguiente rotonda debía tomar; estoy haciendo la compra en el supermercado y he olvidado la tarjeta en casa, solo llevo dinero en efectivo, por lo que voy calculando mentalmente el montante de la compra a medida que voy cogiendo productos para no pasarme.

*También la flexibilidad cognitiva tiene su cuna en este lugar de nuestro cerebro. Es eso que nos permite, por ejemplo, atender lo que más urge en cada momento o reaccionar ante imprevistos: le doy prioridad al trabajo que debo entregar mañana y dejo para más tarde la preparación de la reunión o el examen que tendré la semana próxima; tenía planeado ir al cine, pero voy a acompañar al médico a un familiar que ha caído enfermo.

*La capacidad de inhibición, es decir, la aptitud para frenar un impulso, una respuesta que pueda ser inapropiada o una distracción en beneficio de algo más importante: me apetece mirar la notificación de wasap que me acaba de saltar, pero lo haré más tarde, ahora voy a seguir con este trabajo; una señora corpulenta me obstaculiza el paso y yo voy con prisa, pero no le digo “Apártate, gorda, que no me dejas pasar”.

*La regulación de las emociones para, por ejemplo, no dejarme llevar por la ira tras una discusión y destrozar lo que tenga más a mano, insultar o agredir a alguien; estoy nervioso porque voy a una entrevista de trabajo o a un examen, noto mi corazón golpeando mis costillas, pero respiro lentamente y pienso “Estoy bien preparado y voy a dar respuestas adecuadas”; el acelerador que hay en mi pecho reduce la velocidad.

Sin embargo, podemos observar a nuestro alrededor que cada vez hay más personas (niños, jóvenes y adultos) que pierden los papeles ante una situación que les incomoda, no saben reaccionar ante un imprevisto, no son capaces de organizar una tarde de trabajo en casa, no logran concentrarse, están con frecuencia desganadas o se ven desbordadas cuando tienen que atender tareas simples. Pero esto, tiene solución si tenemos voluntad de encontrarla.

Si somos capaces de desarrollar nuestra fuerza mental, nuestra vida va a cambiar, y para bien. Cada vez que me obligo a hacer algo que no me apetece, a mantener el esfuerzo que estoy realizando, a aplazar algo que me hace disfrutar, a madrugar, a cumplir un horario autoimpuesto, a afrontar una situación incómoda… estoy fortaleciendo ese “músculo” que tenemos tras las cejas y paulatinamente irá surgiendo esa resistencia mental que nos permitirá afrontar con éxito lo que la vida nos ponga por delante, y la consecuencia vendrá sola: nos sentiremos muy satisfechos y encontraremos la motivación para perseverar. Porque las personas fuertes pueden nacer por una especial disposición que “venga de serie”, pero también se hacen. Esto es lo que la neurociencia llama neuroplasticidad, es decir, aquello que haces una y otra vez va a hacer que cambie tu mente porque nos adaptamos a aquello que repetimos. Si repito solo lo que es cómodo, lo que me divierte, lo que me apetece, lo que es fácil… voy a fabricar una mente holgazana y cada vez más incapaz; pero si insisto en aquello que me incomoda, me supone esfuerzo, me aburre o me resulta difícil —después me daré el premio: una onza de chocolate, un paseo con mi perro, una escapadita al cine, un café con amigas, un rato en redes sociales…—, mi cerebro, ante una nueva dificultad o contratiempo, me dirá “Tú puedes”, y podré porque me sentiré capaz. Lisa Simpson lo explica de maravilla en un vídeo que circula por redes sociales.

La corteza prefrontal es la parte del cerebro que más tarde madura, por eso todas esas funciones de las que hemos hablado están menos presentes en los niños y les cuesta más mantener la concentración de manera prolongada, reprimir un comentario hiriente, organizarse o aplazar una recompensa. Pero podemos ayudarles a entrenar esas funciones y dentro de unos años tendremos jóvenes y adultos fuertes mentalmente, resistentes, no dependientes y capaces de afrontar situaciones importantes, complicadas o comprometidas. Y todo llegará a lo largo de la vida. Preparémoslos para ello.

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Victoria Eugenia Muñoz Jiménez

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