Otto Weininger: La nulidad ontológica de la mujer (4/8)

IV. EL CLIMA IDEOLOGICO: ANTISEMITISMO Y ANTIFEMINISMO

Por lo que se refiere al antisemitismo (1), éste era un aspecto de la vida vienesa omnipresente en los medios sociales, políticos y culturales de la ciudad, al que nadie podía mostrar indiferencia y del que tampoco podía escapar. Con el crecimiento de la población judía en Viena –que ascendió de los 70.000 miembros en 1873 a los 147.000 en 1900- había experimentado un gran empuje: “Como consecuencia, el sentimiento de odio hacia el judaísmo se extendió de tal manera en Viena” que, por poner un ejemplo, Karl Lueger, un antisemita despiadado que “había propuesto que se metiese a la población judía en barcos para después hundirlos, llegó a obtener la alcaldía de la ciudad” (2).

Doctrinas racistas, biológico-deterministas (lombrosianas), eugenésicas (galtonianas) y antisemitas, secuelas todas ellas del darwinismo social y del pangermanismo más exacerbado, alcanzaron tal auge que se extendían como mancha de aceite por los medios intelectuales e incluso populares. Nadie desconocía, por ejemplo, las ideas racistas de Arthur de Gobineau -aristócrata francés obsesionado con la sangre-, expuestas en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853-1855), para quien la raza blanca, de raigambre aria o indogermánica, era superior a todas la demás negroides u orientales. Los cruces interraciales eran disgenésicos y conducían necesariamente a la degeneración biológica y al derrumbamiento de la civilización. Otro francés, Georges Vacher de Lapouge en Selecciónsocial (1896) se encargó de llevar al límite esas premisas gobinianas concluyendo que las razas eran especies en distintas fases de formación, que las diferencias raciales eran innatas e insalvables y que cualquier pensamiento de integración racial era contrario a las leyes de la biología (3).

Tal era el clima de antisemitismo existente en los ambientes pangermanistas austríacos y alemanes de la época que una obra enciclopédica como Degeneración (Entartung) de un popular ideólogo judío, hijo de un rabino, Max Nordau, publicada entre 1892-1893 alcanzó un inusitado éxito. En ella se denunciaba que Europa se estaba viendo atacada por “una severa epidemia mental, una especie de muerte negra de degeneración y de histeria”, que estaba esquilmando su vitalidad y que se manifestaba a través de un gran número de síntomas (sospechosamente semitas): “ojos estrábicos, orejas imperfectas, crecimiento atrofiado […] pesimismo, apatía, comportamiento irreflexivo, sentimentalismo, misticismo y una carencia total del sentido del bien y del mal”.

Portadas de tres ediciones del ensayo de Paul Julius Moebius

En lo que concierne al antifeminismo, la conversión de las mujeres en objeto de escrutinio “científico” desde la perspectiva positivista fue protagonizada por Paul Julius Moebius (1853-1907), médico de Leipzig, que recogió en su folleto-libro (más bien inmundo y repugnante panfleto acientífico) titulado Sobre la imbecilidad fisiológica mental de las mujeres, Leipzig 1900 — auténtico bestseller de la época, reeditado sin cesar en las primeras décadas del XX — una serie de pseudoargumentos, prejuicios e “ideas” que fueron utilizadas para “corroborar” la inferioridad intelectual de la mujer. Sus “argumentos científicos” eran de este cariz: la deficiencia mental de la mujer no sólo existe, sino que además es muy necesaria; no solamente es un hecho fisiológico, es también una exigencia psicológica. Si queremos una mujer que pueda cumplir bien sus deberes maternales, es necesario que no posea un cerebro masculino. Si se pudiera hacer de modo que las facultades alcanzaran un desarrollo igual al de las facultades de los hombres, veríamos atrofiarse los órganos maternos y hallaríamos ante nosotros un repugnante e inútil andrógino.

Además de P. J. Moebius la labor de positivación del conocimiento sobre la naturaleza femenina y el abandono de una visión romántica e idealizada de la mujer fue secundada también por Max Nordau, el ya aludido intelectual izquierdista austro-húngaro de gran incidencia en los medios culturales progresistas de la época, cuya obra Las mentiras convencionales de la civilización (1883) denunciaba entre los “males de la civilización” —con la Iglesia, el matrimonio y la monogamia, las desigualdades sociales, la nobleza, la monarquía, poder estatal— el feminismo. Fue su hincapié en la necesidad de “poner fin a la idea de mujer como misterio incognoscible” y convertir a las mujeres en materia de investigación científica, la que tuvo más impacto en los teóricos de la inferioridad sexual” de la mujer.

A ello habría que añadir, sin duda, toda una tradición filosófica misógina y antiilustrada, patriarcal (representada por Schopenhauer, Hegel, Fichte, Kierkegaard, Nietzsche) que resucitó los antiguos valores femeninos del sacrificio, la renuncia, la abnegación y el vivir para los demás, frente al ideal ilustrado de la autorrealización, temerosa ante la aparición y emergencia de un nuevo tipo de mujer —más consciente de su dignidad ultrajada y de sus derechos cívicos conculcados y pisoteados por la arrogancia masculina dominante— que reclamaba activamente sus derechos a la participación ciudadana y a la emancipación personal.

Portada de ‘Sexo y carácter’

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS

1. Sexo y carácter, op. cit., p. 17. Sobre el antisemitismo-ambiente de la época de Weininger véanse: Peter Watson,Historia intelectual del siglo XX, op. cit., pp. 52-57; Arthur Hermann, La idea de decadencia en la historia occidental, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1998, pp. 55-103 y 115-150; Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo” (I), Barcelona, 1994, pp. 90-94.

2. Peter Watson, op. cit., p. 24.

3. En los países de habla germana existía, pues, toda una constelación de científicos y pseudocientíficos, filósofos y seudofilósofos, en constante competición para atraer la atención del público, que se mostraban virulentamente pangermanistas, racistas y antijudíos. Pero el éxito de las ideas gobinianas en Austria y Alemania se debió a un solo individuo: Richard Wagner que en 1876 se había interesado por sus obras mientras se preparaba para su primera actuación en Bayreuth. Difundió las teorías del conde francés (Gobineau) entre sus jóvenes seguidores artistas, músicos e intelectuales del círculo de Bayreuth. Dos de ellos, Ludwig Schemann y Houston Stewart Chamberlain, viendo una turbadora semejanza entre las ideas de Gobineau y las de Paul Antón Botticher (más conocido por el seudónimo afrancesado de Paul de Lagarde y figura clave del movimiento ultranacionalista germanista) asimilarían estas ideas transformándolas en auténtico evangelio político para una Alemania moderna, como suplemento del evangelio artístico wagneriano.

4. Citado en Peter Watson, op. cit., p. 55-56. Fue en Austria, en mayor medida que en cualquier otro lugar de Europa, donde el darwinismo social y todas estas doctrinas racistas, antisemitas y pangermanistas no se quedó en mera teoría. Dos dirigentes políticos Georg Ritter von Schönerer y Karl Lueger, llegaron a elaborar con ellas su propio cóctel ideológico con la intención de crear plataformas políticas orientadas a conceder mayor poder político a los campesinos incontaminados de las corruptas ciudades y a promocionar un antisemitismo virulento, que presentaba a los judíos como la encarnación de la degeneración. Con este nocivo cóctel de ideas se encontrará un joven austriaco, Adolf Hitler, cuando pisó por primera vez Viena, en 1907 con la intención de matricularse en la escuela de arte.

5. Paul Julius Moebius (1853-1907) natural de Leipzig, médico en 1877, psiquiatra alemán, neurólogo en el Policlínico Universitario de Leipzig y en la Policlínica Neurológica del Albert-Verein de Leipzig, centró sus investigaciones en las enfermedades nerviosas funcionales, en la frenología y en la diferencia entre los sexos etc. Su obra Über den Pphysiologischen Schwachsinn des Weibes fue traducida al castellano con el título de La inferioridad mental fisiológica de la mujer. La deficiencia mental fisiológica de la mujer, con prólogo de Carmen de Burgos Seguí, en Valencia, F. Sempere y Cía Editores, 1904. Hay otra traducción de Adan Kovacsics Meszaros, con prólogo de Franco Ongaro Basaglia, Barcelona, 1982

6. J. P. Moebius, op. cit, p. 58.; cf. Francis Schiller, A Möbius Strip: Fin-de siècle Neuropsychiatry and Paul Möbius, University of California Press, Berkeley, 1982.

7. Max Nordau, Psicofisiología del genio y del talento, editado por Salmerón, Madrid, 1910, pp. 36 a 38, citado en Nerea Aresti: “Médicos, Donjuanes y Mujeres Modernas. Los ideales de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo XX”, Universidad del País Vasco, 2001. “La obra de secularización y des-idealización de la imagen femenina iba encaminada a arrebatar a la feminidad los valores positivos que históricamente se le habían atribuido, y dejarla reducida a los aspectos más denigrantes y menospreciativos de las concepciones tradicionales” (Ibid, p. 53).

ÍNDICEOTTO WEININGER: LA NULIDAD ONTOLÓGICA DE LA MUJER

IV. EL CLIMA IDEOLOGICO: ANTISEMITISMO Y ANTIFEMINISMO

V. EL MOVIMIENTO DE EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES

VI. SEXO Y CARÁCTER. UN LIBRO QUE REFLEJA UNA ÉPOCA

VII. SEXO Y CARÁCTER: SU INFLUENCIA EN EL NAZISMO

VIII. LEGADO Y PROYECCION LITERARIA Y ACTUALIDAD DE WEININGER

Tomás Moreno Fernández

Ver todos los artículos de


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

IDEAL En Clase

© CMA Comunicación. Responsable Legal: Corporación de Medios de Andalucía S.A.. C.I.F.: A78865458. Dirección: C/ Huelva 2, Polígono de ASEGRA 18210 Peligros (Granada). Contacto: idealdigital@ideal.es . Tlf: +34 958 809 809. Datos Registrales: Registro Mercantil de Granada, folio 117, tomo 304 general, libro 204, sección 3ª sociedades, inscripción 4