Otto Weininger: La nulidad ontológica de la mujer (8/8)

VIII. LEGADO Y PROYECCION LITERARIA Y ACTUALIDAD DE WEININGER

El mundo literario europeo, inmediatamente posterior, también se hizo eco de las ideas del joven vienés. El creador de la novela geométrica, el vienés Heimito von Doderer, epígono de una tradición narrativa que culmina con Musil y Broch, lo alababa en su Discurso a Otto Weininger, de 1963, como “el glorioso”. También en muchas de sus novelas trató de reivindicar a su adorado filósofo. Italo Svevo, el gran novelista de Trieste, citaba con afecto a Weininger en La conciencia de Zeno (Zeno Cosini). Isaac Bashevis Singer, por su parte, le llamó “loco y genial” en su novela Un amigo de Kafka (A Friend of Kafka). Su obra fue reconocida y elogiada por autores tan conspicuos como Franz Kafka, August Strindberg y Thomas Bernhardt. El nombre de Weininger hacía “latir el corazón” de Alban Berg, y el dadaísta Walter Serner lo alzó al Olimpo al lado de Shakespeare, Dante y Tolstoi.

Su influencia alcanzará incluso a escritores europeos de vanguardia: un británico, David Herbert Lawrence, (El amante de Lady Chatterley) profeta y poeta del sexo y de la vida, exaltador en sus novelas del falo, de la carne y de la sangre; un irlandés,James Joyce (Ulises), cuyo personaje Leopold Bloom, es presentado como un judío ligeramente afeminado y un francés, Marcel Proust (En busca del tiempo perdido), quien también sostenía -y, para algunos ello era un eco de Weininger- que había un buen número de hombres que eran homosexuales sin saberlo y que la homosexualidad era una enfermedad, un tipo de dolencia nerviosa que confería a los hombres determinadas cualidades femeninas. Ludwig Wittgenstein, por su parte, se mantuvo toda su vida fiel admirador del falso profeta al que había dado escolta por última vez, siendo un muchacho, en su entierro en Viena. Confesó su influencia, juntamente con las de Boltzmann, Schopenhauer, Frege, Russell, Spengler o Kraus, en alguna de sus obras. Todavía en 1931 Wittgenstein, por entonces en el Trinity Collage de Cambridge, defendía al misógino casuista de Viena ante su mentor, el profesor de filosofía George Edward Moore, con estas palabras: “Es cierto, es excéntrico, pero es grandiosamente excéntrico […] Su poderoso error es grandioso”.

Tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial las ideas antisemitas y antifemeninas del pensador judío renegado fueron arrumbadas al desván de las pesadillas, afortunadamente superadas. Otto Weininger cayó en el olvido, del que sólo emergió ocasionalmente como extraviado producto de una curiosa época. Sin embargo, Weininger renació de las cenizas del olvido, en donde se encontraba merecidamente sepultado. Al menos desde los comienzos del último tercio del siglo XX asistimos a una especie de “revival” de su figura y de sus peculiares ideas sobre el sexo y las mujeres. Hans Mayer ha señalado y denunciado el retorno de esos viejos fantasmas misóginos presentes tanto en las obras de escritores franceses, entre los que cita a Henry de Montherlant y a Jean Genet, como en la generación americana de dramaturgos, novelistas y guionistas de cine que cantan la potencia y la autoridad sexual del macho (Tenesse Williams, E. Albee) o el desprecio de la mujer “como simple objeto sexual” (Henri Miller). En todas partes se manifiesta esa relación en la que comparten tanto una fe irracional como una ideología elitista de señores. Y concluye con estas premonitorias palabras: “A la lucha de clases ha de suceder la lucha de sexos(1).

Y uno de los autores que ejemplifican con mayor exactitud esta mentalidad antifeminista y misógina es, sin duda, el escritor norteamericano Norman Mailer, sobre todo, con su ensayo The Prisoner of Sex. Antagonista del frente de liberación femenino, enemigo declarado de la Women’s lib — al que califica de movimiento narcisista y totalitario — y enfrentado con Kate Millet y su Sexual Politics (2), Norman Mailer se revela como uno de los más combativos herederos del legado weiningeriano, una especie de Weininger redivivo que “volvería de nuevo, sin vacilación, a establecer la audaz antítesis” weiningeriana entre prostituta y madre (3).

Incluso las semejanzas en la esfera subjetiva, aparentemente tan sorprendentes, de Weininger y Mailer son más bien desconcertantes que indicadoras: “El judío de Viena y el judío de Nueva York. Ambos amalgaman feminismo y semitismo. Weininger se atreve a establecer la equiparación de femenino y judío. Llama a su época “no sólo la más judía, sino también la más femenina de todos los tiempos”. Otto Weininger, el hombre y el judío, dictaba con ello su propia sentencia. Y fue él mismo quien la ejecutó” (4). Ambos, en fin, analizan el tema de la homosexualidad, oculta y angustiosamente en el caso del austríaco; expresamente en el del americano (en relación con los casos literarios de D. H. Lawrence y Jean Genet). Mitificaciones de sus obsesivos estereotipos, como las llevadas a cabo por Norman Mailer o Henri Miller, y aproximaciones a su figura y a su pensamiento como las de Chandak Sengoopta, Le Rider o Hans Mayer ponen de manifiesto cómo sus ideas no han perdido desgraciadamente poder de irradiación y sugestión en los menos avisados.

Al ser, por otra parte, recientemente objeto de estudio tanto el decadentismo de su época como su irracional angustia vital, Otto Weininger vuelve a gozar de renovado interés. Su tema nuclear, la lucha entre los sexos, y su verdadero móvil, la desesperación autodestructiva de una soledad insuperable y existencialmente padecida, han vuelto a estar de actualidad. El falso profeta aparece ahora como triunfal personaje de teatro y cine y sus teorías sobre la mujer y la sexualidad — meros extravíos de este estafador intelectual – sirven como materia de discusión a sus colegas posmodernos (5).

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS

1.Historia maldita de la literatura, op. cit., p.118.

2. Por su parte Kate Millet ha esclarecido en su análisis de Henry Miller y de Norman Mailer, la complacencia de estos dos autores por lo lúbrico, lo degradante de la actividad sexual ejercida sobre la “fémina” o la reducción de las mujeres —protagonistas de sus novelas— a “ninfómanas insaciables”, obsesas sexuales. Imágenes de la mujer que reproducen fielmente el estereotipo femenino weiningeriano que impregna de principio a fin las páginas de Sexo y carácter. Cf. Kate Millet, Política sexual, Cátedra, Madrid, 1995.

3.Historia maldita de la literatura, op. cit., p.140. La figura de la prostituta frente a la madre que Weininger consagra —- en el capítulo x de su obra como las dos tipologías o formas arquetípicas de la feminidad — es la inversión exacta, la antítesis perfecta, del mito de la mujer idealizada de la tradición cristiana occidental: de la figura de la Virgen y Madre o de la Madonna de los pintores renacentistas, de la Angelicada, de la Beatriz del Dante, la Laura de Petrarca, la Isolda de la leyenda medieval y wagneriana y de todas las Damas ensalzadas por el modelo provenzal de las Cortes de amor medievales y sus variantes románticas desde Chretien de Troyes a Goethe. Es el mismo estereotipo invertido y transformado en su otro extremo, en su antítesis, el mismo modelo sacro puesto al revés que ha modelado el sentimiento del amor en Occidente en los ocho últimos siglos. Una invención masculina totalmente denigrante y vengativa sobre y contra la mujer. Para este estereotipo en el imaginario literario e iconográfico occidental, véanse: Denis de Rougemont, El amor y Occidente, Kairós, Barcelona, 2002 y Marina Warner, Tú sola entre las mujeres. El mito y el culto de la Virgen María, Taurus, Madrid, 1991, capítulos IX (Trovadores) pp. 187-204, X (Madonna) pp. 205-217 y XI (Dante, Beatriz y la Virgen María) pp. 218-233.

4.Ibid. 141.

5. Como señala Hortensia Moreno (Femenino y Masculino en las ideas de Otto Weininger, op. cit, p.131): “la actualidad del texto de Weininger puede verse reflejada en la cantidad de resultados o entradas que arroja una búsqueda en Google (137.000 en menos de un segundo). También resulta significativo que en 2003 los departamentos de inglés y de lenguas modernas de la Universidad de Sussex organizaran una conferencia internacional e interdisciplinaria para celebrar el centenario de Sexo y carácter y la publicación –en Indiana University Press- de su primera traducción completa al inglés”.El número de ediciones de la obra sobrepasa hoy las cincuenta ediciones.

ÍNDICEOTTO WEININGER: LA NULIDAD ONTOLÓGICA DE LA MUJER

NOTA: LA PRÓXIMA SERIE DE TOMÁS MORENO FERNÁNDEZ SE TITULA ‘LA SEXUALIDAD, EL AMOR Y LAS MUJERES EN ORTEGA Y GASSET’ . ESTÁ COMPUESTA DE 12 ENTREGAS Y DARÁ COMIENZO EL MARTES, 26 DE MAYO.

Tomás Moreno Fernández

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