Jean-Paul Sartre: El amor, la sexualidad y las mujeres (4/5)

4. UTILIZACIÓN DE IMÁGENES ESTIGMATIZADORAS DE LA MUJER: ABERTURA Y VISCOSIDAD

I. Es comprobable, según algunos críticos y expertos en los escritos de Sartre el carácter en cierta manera nauseabundo —o suscitador de una sensación de “asco”— de muchas de las expresiones, temáticas y situaciones que aparecen en los relatos, textos o dramas de Sartre. La novela sartriana,L’âge de raison tiene como centro una historia de aborto; el drama Huis-clos saca a escena a una infanticida, a una lésbica y a un traidor a su patria. Escenas escabrosas son moneda corriente en muchas de sus obras desde La nausée, L’enfance d’unt chef hasta Les chemins de la liberté o Morts sans sepulture, en donde se hace ostentación de la violencia sádica. En Les mouches, por ejemplo, se representa el arrepentimiento por una legión de moscas zumbadoras y fétidas (Moeller, op. cit., p. 46).

Muchos ejemplos concretos de ello o de semejante género, nos ofrece Sartre en L’être et le néant, piénsese, por ejemplo, en las páginas sobre “el agujero” con las que Sartre trata de describir “las partes sexuales femeninas”, que hacen pensar, según Charles Moeller, en una escatología infantil. (Moeller, p. 57). Pues bien, muchas de las referencias e imágenes que Sartre nos muestra sobre la mujer adolecen de esta característica, a veces, estigmatizante y misógina, respecto del sexo femenino. Es el caso, repetimos, con el que a veces ilustra sus descripciones al efecto vinculando el uso de los términos agujero o abertura a la figura fisiológica y anatómica femenina.

En efecto, en uno de los últimos capítulos de El ser y la nada, al referirse a la sexualidad femenina Sartre nos recuerda cómo muchos psicoanalistas, han llamado la atención el atractivo que ejercen sobre el niño toda clase de agujeros (agujeros en la arena, en la tierra, grutas, cavernas, anfractuosidades) y han explicado ese atractivo sea por el carácter anal de la sexualidad infantil:

“Solo a partir de aquí podemos pasar a la sexualidad: La obscenidad de las partes sexuales femeninas es la de toda abertura: es un llamado de ser, como lo son por otra parte todos los agujeros; en sí, la mujer llama a una carne extraña que debe transformarla en plenitud de ser por penetración y dilución. E, inversamente, la mujer siente su condición como un llamado porque está agujereada. Es el verdadero origen del complejo adleriano. Sin duda alguna, el sexo es boca, boca voraz que traga el pene —lo que bien puede traer consigo la idea de castración: el acto amoroso es castración del hombre— pero el sexo es ante todo, agujero. Se trata, pues, aquí de un aporte presexual que se convertirá en uno de los componentes de la sexualidad como actitud humana empírica y compleja, pero que lejos de encontrar su origen en ser-sexuado (SN, p. 745).

II. En otras ocasiones el término utilizado cono simbolismo que remite a la mujer es el de “viscoso”. En todas las que dedica a hablar de lo viscoso como cualidad-antivalor o categoría cargada de connotaciones negativas, por su condición de ser sustancias blandas, pegajosas, o fluidos que producen asco o repugnancia asociadas a la mujer o a lo femenino. ¿Cuál puede ser el modo de ser simbolizado por lo viscoso?, se pregunta Sartre. A la temática dedica nuestro filósofo unas diez densas páginas (SN, pp. 734-743). Sartre habla de le visqueux, “una sustancia entre dos estados”, “una sustancia húmeda y femenina”, según Camille Plagia (1). Considera la profesora de Humanidades de la University of the Arts de Filadelfia, que la viscosidad de Sartre no es la ciénaga de Dionisio, el lodo carnoso de la matriz generativa.Todo lo cual induce a Camille Plagia a afirmar, sin paliativos, que “la náusea de Sartre es la protesta más apasionada contra ese reino húmedo que gobierna la madre, una “mucosa” pegajosa. Y como toda humedad y licuefacción una aniquilación de la conciencia” (2).

Camille Plagia

El horror a los objetos viscosos es constante en las páginas de La náusea de Sartre, así como la licuefacción siempre se ha asociado en los mitos y símbolos más ancestrales a la feminidad. En Sartre persiste esa tendencia. Releamos las palabras de Garcin, personaje de A puerta cerrada (1944), quien adjudica a su interlocutora femenina la “mala fe y la cobardía” por sus rasgos viscosos y licuables: “No quiero enviscarme en tus ojos. ¡Eres húmeda! ¡Eres blanda! Eres un pulpo, un barrizal”.“Aniquilación de la conciencia”, “mala fe”, “cobardía”, expresiones y características misóginas inseparables del léxico que Sartre acostumbra a utilizar cuando se refiere a las mujeres.

Para el individuo que vive el mundo sartriano, por el contrario, la virilidad es una simple afirmación de sí; símbolo de la posesión de la conciencia frente al mundo. El relajamiento amoroso no es diálogo de la fuerza que se hace humilde, para dar la vida; no es deseo creador, sino “actividad blanda, babosa y femenina”, caída pura y simple, robo de algo precioso. No hay aquí unión, surgimiento de la vida en el seno de la esposa, sino dulzona y femenina represalia del “en-sí” (3). Martha C. Nussbaum ha analizado, en Paisajes del pensamiento. La inteligencia de las emociones, la utilización de esa terminología sexista y misógina y considera que palabras como “lo pegajoso, húmedo, hediondo y ponzoñoso” son vistos como generadores del asco. Ese asco, sostiene Martha C Nussbaum, sirve siempre al propósito de mantenernos a distancia de nuestra propia animalidad y mortalidad —cuyas propiedades la humedad, el mal olor, la corrupción, lo pegajoso lo sucio— y se han asociado repetida y monótonamente con sujetos asimilados a lo femenino: blandos, porosos, receptáculo de fluidos, pegajosos, como mujeres por su humedad tumefacta. E incluso se han proyectado sobre grupos de sujetos en referencia a los cuales los grupos privilegiados buscan definir su estatus humano superior (4).

Por eso mismo la utilización de Jean-Paul Sartre de vocablos como viscoso, blando, pegajoso, dulzón, sucio etc., al referirse a las mujeres, aunque sea en abstracto, como de soslayo y de manera displicente, no es del todo inocente o neutral. Todos los tabúes estigmatizantes relativos al sexo, al nacimiento o a la menstruación, por ejemplo, expresan el deseo de protegerse de aquello que es demasiado físico, de todo lo que tiene que ver con las secreciones y fluidos del cuerpo.

III. En un famoso libro sobre el asco, Anatomía del desagrado, el teórico del Derecho William Miller, describe que —para la mentalidad misógina patriarcal interiorizada e inconsciente— estas percepciones masculinas hacia las mujeres son entendidas como aspectos inevitables de la sexualidad masculina, sin relacionarlas, como debería, con la falta de cultura y con la marginación y discriminación política o cultural de las mismas. Las mujeres reciben el semen del hombre y, puesto que son “lo que comen” (ya sea en el sentido de una incorporación oral o vaginal), se convierten en la parte sucia y mortal del hombre frente al cual éste debe tomar distancia, argumentará el teórico jurídico norteamericano. De este modo “al analizar el contenido del asco vincula estrechamente esta emoción a la misoginia y al anhelo masculino de mantenerse distante de los productos desagradables de su propio cuerpo y, en definitiva, de su propia condición animal y mortal”. La mujer se convierte, por todo ello, en algo generador de asco y repulsivo y por proyección, se convierte en la portadora de todas las características animales de las que el hombre quiere disociarse (5).En el caso de nuestro filósofo, la náusea funciona como el asco, al que nos hemos referido en estas últimas páginas. Para Sartre lo “viscoso” como característica del en-sí, como una manera de presentarse el ser-en-sí, es también una metáfora de lo femenino. La lectura de los textos que Sartre incluye en El ser y la nada, 4ª parte (6), pueden servirnos para comprobar esa descripción de lo viscoso en la que parecen presentarse todas las características de lo femenino como algo vegetativo y dulzón….

“¿Cuál puede ser (…) el modo de ser simbolizado por lo viscoso? (…) La miel que fluye de mi cuchara sobre la miel contenida en el recipiente comienza por esculpir la superficie, se destaca en relieve sobre ella, y su fusión con el todo se presenta como una postración (…) y como la depresión, el aplanamiento de los senos algo fláccidos de una mujer que se tiende de espaldas (…) El primer lugar, lo viscoso es lo blando al tacto. Si echamos agua al suelo se derrama, si echamos una sustancia viscosa, se extiende, se aplana, es blanda; si tocamos lo viscoso, no huye: cede. (…) Da, pues, de entrada, la impresión de un ser al que se puede poseer, y doblemente: su viscosidad, su adherencia a sí le impide huir —puedo, por ende, cogerlo entre las manos, separar una cantidad de miel o de pez del resto del tarro y con ello crear un objeto individual por creación continua— pero, a la vez, la blandura de esa sustancia, que se me despachurra entre las manos, me da la impresión de que destruyo perpetuamente. Es la imagen de una destrucción-creación. Lo viscoso es dócil. Ahora bien, en el momento en que creo poseerlo, he aquí, que, por un curioso viraje, es él quien me posee. (…) Aparto las manos, quiero soltar lo viscoso, pero se me adhiere, me absorbe, me aspira, su modo de ser, (…) es una actividad blanda, babosa, femenina de aspiración, vive oscuramente entre mis dedos y siento como un vértigo. Me atrae a él como podría atraerme el fondo de un abismo. (…) Lo viscoso aparece como un líquido (…) Lo viscoso es el desquite del en-sí. Desquite dulzón y femenino, que se simbolizará en otro plano por la cualidad de lo azucarado. Lo viscoso azucarado es el ideal de lo viscoso. Simboliza la muerte azucarada del para-sí (la avispa que se mete en el dulce y se ahoga en él).

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS

1. Camille Paglia, Sexual Personae. Arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson, Valdemar, Madrid, 2006, p.154.

2. Ibid., p. 571.

3. F. Jeansen, Sartre par lui-même, París, 1954, p. 140.

4. En efecto, en determinadas culturas y regímenes políticos, no muy lejanos en el tiempo, grupos de seres humanos como “los judíos, las mujeres, los homosexuales, los intocables y la gente de ‘clases o razas inferiores’, todos ellos han sido imaginados como maculados por cuanto de sucio hay en el cuerpo. Las mujeres más o menos en todas las sociedades patriarcales han sido vehículos para la expresión del odio masculino por lo físico y lo potencialmente corruptible Tradicionalmente se asocian propiedades parecidas relacionadas con el asco a las mujeres en tanto que receptáculos del semen y en tanto que relacionadas íntimamente mediante el nacimiento, con la mortalidad del cuerpo (ibid).

Martha C. Nussbaum,

5. Cit. en Martha C. Nussbaum, op. cit. p 256. William Miller, The Anatomy of Disgust, Cambridge, Harvard University Press, 1987 (trad. cast.: Anatomía del Desagrado, Taurus, Madrid, 1998).

6. Jean-Paul Sartre, El ser y la nada, 4ª parte, capítulo II: “Hacer y Tener”. III: “De la cualidad como reveladora del ser”. Editorial Losada, Buenos Aires, 1966. Traducción de Juan Valmar, pp. 737-740.

íNDICE DE ESTA SERIE:

4. UTILIZACIÓN DE IMÁGENES ESTIGMATIZADORAS DE LA MUJER: ABERTURA Y VISCOSIDAD

5. LAS MUJERES DE SARTRE: SIMONE DE BEAUVOIR Y OTRAS

Tomás Moreno Fernández

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