Te espero en el chiringuito o romances de la canícula, 8: Como sardinas en lata

Ni un minuto de sosiego,
incluso de madrugada,
pues no se puede dormir
salvo un par de cabezadas
ya que estamos por aquí
como sardinas en lata
sudando la gota gorda
y harticos de tanta playa.

Camines por el paseo
o corras por las mañanas
haciendo los ejercicios
prescritos en la gimnasia,
vayas a comprar al súper
o intentes ir a la playa,
por doquier las multitudes
pululan en desbandada
colonizándolo todo
con ansiedad desnortada,
puesto que hay aquí más gente
que jamás se imaginara
y lo mejor es largarse
zumbando para Granada.

¡Por los cuernos de la luna!
Qué placidez para el alma
llegar a Puerta Real,
perderse por Bibarrambla,
tomar un café con churros,
o en la plaza de Mariana
leerse el periódico entero,
culminar un crucigrama,
jeroglífico o sudoku
libando leche rizada.

Otro día, a Plaza Nueva,
río Darro, Santa Ana
y, si responden las piernas,
irse al bosque de la Alhambra
y en la fuente del Tomate
echar un traguito de agua
viendo pasar el tiempo
con monótona desgana
mientras la brisa va y viene
de la sierra hasta Granada
.

Mas, estas ensoñaciones
sólo nacen de las ansias
de poder, por fin, subirme
a la quietud de Granada
o más aún, al Veleta,
allá en la Sierra Nevada
y echar mi vista hacia el sur,
observando en lontananza
la bruma del Mediterráneo
y el azuleo de sus aguas,
lejos de la marabunta
invasora de sus playas
donde el caballo de Atila
galopa a todas sus anchas.

Ya no voy al chiringuito
ni el espeto me hace gracia,
ni siquiera una cerveza
con un platito de gambas
o unos boquerones fritos
hijos de la mar salada,
pues me he propuesto alejarme
del bullicio de la playa
donde la gente no puede
ni tumbarse en la toalla
y es un tormento llegar
a remojarse en el agua,
ya que todo el mundo está
como sardinas en lata
que ni siquiera en el Corpus
o en la feria de Granada
se puede ver tanta gente
hormigueando en la playa.

¡Que no se puede aguantar!
¡Cachis en la mar serena!
Mas, como dice el refrán
de cachazuda manera,
según reflexión antigua
al hablar de las lentejas,
que si quieres te las comes
y, si no quieres, las dejas.

Pues lo dicho, dicho está,
me largo para Granada
aunque tenga que sufrir
la pertinaz caravana,
que desde Motril a Armilla
parece Semana Santa
con coches procesionando
midiendo bien la distancia
cual hacen los nazarenos
cuando van de retirada,
unos en pos de los otros
en resignación cristiana.

Y con esto finaliza
la serie romanceada
que, entre chiringo y sardinas,
sombrero, tumbona y playa
y algún que otro bañito
temprano por la mañana,
cuando puedes, sin agobios,
llegar a donde está el agua,
hemos echado el verano
y ahora toca irse a la casa
para poder descansar
del agobio de la playa
donde solo otoño e invierno
tiempos son de paz y calma.

Relación de romances de esta serie veraniega:

Juan José Gallego Tribaldos

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Comentarios

3 respuestas a «Te espero en el chiringuito o romances de la canícula, 8: Como sardinas en lata»

  1. Precioso, como siempre.

  2. 😄en septiembre ya los espetos no saben igual.
    Refrescando ya el verano.
    Gracias Juan José por amenizar la mañana. Un abrazo

  3. María José Coín Gallego

    Muy bien descrito todo el proceso. En llegando hasta este punto no hay otra que cambiar de tercio al encanto de la quietud, la calma y el sosiego, necesarios como el agua, contrapeso inevitable, y hasta la próxima…

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