Pues ya sabía el porqué la gente dormía y no disfrutaba de la espléndida mañana: Previsores, que eran ellos, dormían para en la noche, y después del castillo alargar la jarana hasta la “madrugá”. Que no sólo en Sevilla tienen noche tan famosa y espectacular. Los jovenzuelos y algunos niños de más corta edad fueron esa mañana los más madrugadores.
Eran las diez, aproximadamente, cuando se esperaba el camión que transportaba la banda de música denominada: “Banda de Música del Ave María”, dirigida muchos años, por su Director, D. José Ayala que, delante de los muchachos uniformados y formados en orden de parada, desfilaba y marcaba el paso con su caminar característico y algo cojo, debido a una fijación de la rodilla derecha. En su recuerdo y honor, el Excmo. Ayuntamiento de Granada, hace años rotuló una calle con su nombre “Calle Músico José Ayala Canto” sito, cerca del Genil, en zona donde se honra a otros eminentes maestros. Con entrada por calle Agustina de Aragón y salida a Ribera del Genil,
Dicha Banda, estaba formada por muchachos de las Escuelas del Ave María, dirigidas por el Padre Manjón, sobre el año 1.896, comenzó a sonar estrenando sus primeros dieciséis instrumentos, los cuales costaron cantidad montante de 750 Pts . La banda fue muy querida en toda la provincia de Granada, donde residía y en donde permaneció activa más de cien años. Se hizo famosa en la procesión del Corpus granadino, donde militarmente formados e impecablemente uniformados desfilaban y tocaban, con D. José Ayala (su director por muchos años) a la cabeza, siendo conocido y recordado aún por su particular y afable personalidad y sus característicos andares.
En más de una ocasión disfruté las paradas y algún concierto en el kiosco del Salón de la banda en Granada, donde se presentaba completa con todos sus miembros y muy bien uniformados y disciplinados. Era, a esta banda tan arraigada en Granada, la que esperaban nuestros muchachos y también mayores, desde hacía rato, en la plazoleta de la Posada.
Algunos jovenzuelos más avezados, por traviesos e inquietos, no pudiendo esperar salieron a la carretera y se aventuraron andando largo tramo, hasta la llegada de aquellos que hacía que la vuelta fuera corriendo tras el camión.
El programa de las fiestas del pueblo, durante muchos años en su primer referenciado acto sobre el papel informativo, decía: Fiestas populares en Benalúa de las Villas en honor de su patrón San Sebastián. En primera página y cabecera de ésta, escrito, había: “PROGRAMA DE ACTOS” y su primer acto rezaba: “A las 10’00 h. de la Mañana “Repique de campanas, disparo de cohetes y la Banda de Música, que recorrerá las principales calles de la población”. Y en verdad que así lo hacían.
El Sr. alguacil, de uniforme, era también persona…, digamos, y digamos bien, “autoridad representativa” de la Corporación Municipal que esperaba la banda, pero se ponía en lugar más discreto y coordinado con otros chavales que a su aviso y cuando el camión subía por la cuesta Parrales, disparaban el primer cohete, como consecuencia comenzaban las campanas a repicar y no paraban los crujidos y repiques hasta que la banda de música, pie en tierra y formada, comenzaran tocando el himno nacional.
Era enorme la alegría de aquel apoteósico ruido estruendoso, de cohete con son de campana, y sumada a estos, la sonora, vigorosa y patriótica marcha Real o Himno de España.
La emoción contenida de niños, jóvenes y grandes, era palpable, la expectación ante tanto ruido le exaltaba y es que…
¡¡¡Las Fiestas habían comenzado!!!
Terminado el carrusel por las calles del pueblo, la música acababa bajo la sombra de un gran árbol que en la plaza había, y ofrecían un concierto de una hora aproximadamente que escuchaban bastantes lugareños. Finalizado éste y aplaudidos, el Sr. Alcalde a recibir y dar la bienvenida, bajaba a la plaza, desde el Ayuntamiento, saludaba al director y daba ánimos a los muchachos.
El ambiente festero se palpaba en toda la villa, la alegría se notaba, y es que era grande el hecho de vivir las fiestas de tu pueblo, en aquellos días. Que sólo había unas, y solas, en todo el año… ahora es fiesta siempre…, ¿quién va a valorar o disfrutar, con algo, de lo que cansado y hastiado está?
Los músicos de la banda, como cuasi niños que eran, enseguida comenzaron a intimar con mozalbetes del pueblo, los más adelantados de ellos y los más echados para adelante de éstos, simpatizaban enseguida y amigos de por vida se creían; porque siendo tan jóvenes se sentían amparados con un amigo del lugar al que iban. Estos del pueblo se sentían importantes tener tan original amigo, que hasta su gorra le dejaba usar.
Estos jóvenes paisanos que amigos tan pronto se hicieron, fueron los que ayudaron a hacer, al Sr. alguacil, la original manera de aposentar y buscar hotel a aquellos músicos.
En acto de servicio y con autoridad especial, D. Eduardo Adalid, representante de la Corporación local, poníase en el centro de un corro que hacían los muchachos a su alrededor, músicos uniformados y los vestidos de traje civil de aquí. Sacándose las gafas del bolsillo de su guerrera del uniforme, con parsimonia y autoridad, hacía callar a los chicos, mientras que desdoblaba un papel en que parecía tener una lista, que había preparado a su libre albedrío, sin más norma que, en la casa que hubo, habrá. Y así se evitaba la molestia de tener que pensar para repartir.
Comenzó: “oye Antoñín, tú con este músico lo acompañas a casa de Dª Pepa, la del pechete, le dices que éste es el músico que este año le ha tocado, que lo reciba, le dé de comer, que ya tendrá hambre, y le prepare cama y albergue para estos días”. “¡Sí Sí! “Agalí” yo sé “onde” es, yo lo llevo… Vamos tío, ta tocao una güena casa, vas a estar bien”, respondió.
Era esta costumbre muy arraigada ya en el pueblo y, ciertamente, que la gente lo hacía muy bien con los muchachos músicos que alojaban en casa por unos días. Al principio de su estancia en casa, se mostraban algo cortadillos pero, acostumbrados que estaban a ello, además de que eran chicos muy despabilados y despiertos, pronto se integraban en la familia, además porque ésta le atendía y correspondía muy bien y la “buena leche” de las personas hace milagros.
Nada más aposentarse el joven músico en la casa, Dª Pepa le puso en la mesa “gloria bendita”, algo que los capitalinos siempre han apreciado mucho: el chorizo, el salchichón casero de Benalúa y si acompañado viene de un verdadero ibérico, mejor. Pues de todo eso, muy bien dispuesto en el plato y, junto a él, un buen cacho de pan crujiente de la panadería de la Aurora, le puso Pepa al chaval, que salido de su aposento y encontrándose de sopetón ante tal menú, se volvió ojiplático y enseguida cogió la silla al tiempo que cogió el pan y no cogia pringue porque no sabía por dónde empezar. Se decidió por un trozo chorizo y dejaría el jamón para el final, por considerarlo cosa más exquisita.
Había de dar cortos sorbos de agua a menudo, tal era la gana con que deglutió. Poco a poco, mordisco a mordisco se fue llenando y sentíase tan agusto, que un plácido sopor le invadió, que le llevó a dormirse en la silla. Dª Pepa silenció la casa, cerró la ventana y dejó dormir al artista músico, lector de pentagramas, intérprete de buenos sonidos y mejores ecos armónicos.
Despertó, alterado, se puso en pie de un salto. Se encontraba desorientado. Se halló. Se recompuso anímicamente y reaccionó rápido, miró su reloj de muñeca y casi diciendo un taco exclamó:
“¡¡Joooeeé!!, ¡el fútbol! Que tenemos que tocar en el fútbol”.
Cogió su enorme instrumento, la tuba. Aunque manejaba e interpretaba con más instrumentos, él era especialista en tuba. Más grande que él era.
Allá, corriendo hacia la plaza, partió.
Cuando llegaba, la banda ya estaba formando, pues acaba de sonar el “golpe de llamada” del bombo. Instrumento musical de la clase de los de percusión membranófonos.
Marcan y mantienen el pulso en los diversos estilos de música. Parece, pero no es fácil su manejo.
Hacia el campo de fútbol salieron, en formación y orden de parada y con alegres marchas interpretadas por el recorrido, una gran cantidad de niños les seguían. Ahora hacían filigranas musicales con una adaptación, muy bien conseguida, de Bolero Ravel.
Jugaba el Deportivo Olivares, de la población vecina del mismo nombre, con el equipo local, Club de Fútbol Benalúa de las Villas.
Aquellos con equipación con pantalon gris oscuro y camisa a rayas verticales, azules y blancas. El equipo local con pantalón negro y camiseta de color rojo. Con alineación compuesta por hombres fuertes y recios, por los campos “benalugueños” forjados.
Éstos entrenados durante un tiempo, por D. José, el practicante que a su vez formaba la Directiva con D. José, el del “Bar Joseíllo” y D. Laureano Abril, el de la escuela particular. El partido iba a comenzar, el pueblo entero rodeaba el campo, ocupando sus asientos y lugares, de pie y en la tribuna… bueno, tribuna no había.
Los equipos comenzaron a salir de vestuarios. Situados en una alameda cercana, los espectadores bramaban y los blancos pañuelos volaban en saludo, aclamando a los héroes locales, que ya en el campo, de esta forma equipo formaban:
Portero: Pichi.
Defensas: Pepe la Luz, El Santo, Pepe Marchao. Medios: Niceto, Negro del Juez.
Y en la delantera: Nene la Mariandrea, Amarete, Rafael El Tinda, Moreno La Pescaera y con el “9” en la espalda y de central: Juan Pedrito el cura o Pepe El Perlo.
Según sus estudios y demás obligaciones les permitían.
La alineación del equipo contrario no ha sido revelada a este reportero, por su entrenador: simple táctica de juego.
De ”tío del Bombo”,“El Títo Morcilla” que, con una garrafa de vino de arroba, sobre su cabeza puesta, alrededor del perímetro de la cancha corría, bailaba, saltaba y tanta voz y gritos daba que su garganta rompía. Y el hombre, “forzado” por dicha causa… había de bajar la arroba de vino y de un trago muy largo beberse dos vasos y otros dos derramar. Consecuencia: cabeza rota y lobazo al canto, y del resultado nunca se enteraba.
El apodado “Tito Morcilla” o “El Cangrejero” era bebedor. ¡Sí! suya no era la culpa, ni razón para acusarle de nada había; porque todo era consecuencia y responsabilidad de una vida frustrada y de circunstancias adversas repleta… pero era buen hombre, para todos; noble, de sencilla y llana sinceridad y, cuando fresco estaba, presto también era para ayudar.
Se ganó el mote de “El Cangrejero”, por méritos propios; aprovechando el gran río cangrejero que era el Río Moro (en cangrejos autóctonos de los mejores de España), él, por encargo de alguien, y siempre con licencia, se acercaba un rato al río y, en minutos, aparecía con una bolsa de enormes cangrejos, que por docenas recontados, vendía. Bueno, vendía cuando cobraba. El buen hombre la mayoría de las veces los regalaba y no era por sobra de dinero, era algo más noble y sincero su proceder. Era su corazón. Pobre hombre “El Cangrejero”, circunstancias adversas hicieron de su vida una difícil misión.
Terminó el fútbol, terminó el duelo, terminó el derby. En este caso, los locales golearon por 3 a 1. Buen resultado y justo. No opina de igual manera, el entrenador y afines del rival.
El desalojo del campo del Real Club de Fútbol Local, gracias a las medidas y previsión del servicio desplegado por las fuerzas de seguridad, fue muy ordenado y sin novedad. Quedando totalmente desalojado y evacuado todo el público de la Ciudad Deportiva “El Rastrojo” en pocos minutos.
A la salida del fútbol, el ferial se comenzó a animar; los feriantes sus primeras ventas hacían y los columpios sus primeras vueltas daban y primeros tickets vendían. La tómbola por sus altavoces, se hizo dueña del ambiente, retumbando sus canciones por calles y esquinas, y hasta del pueblo salían y hasta los alrededores machacaban con su brutal sonido.
No lo mejoraba su parlanchín vendedor que, con microfono en mano, gritaba, aspaventaba y, a su vez, llamaba a toda persona que por su vera caminando o paseando intentaba disfrutar de un ambiente brutalmente roto por el tombolero y sus altavoces.
Los músicos de la verbena, un grupo del momento, “Los Capri”, orquesta que comenzaba y tuvo cierto éxito. En el pueblo sonaron mucho, mucho, y aquí casi se hicieron, se curtieron y formaron para su posterior lanzamiento al mercado regional.
Bien compuesto y uniformado, emulando al Dúo Dinámico, templaban sus guitarras eléctricas. Fueron las primeras, éstas que en el pueblo sonaron y, por cierto, atrajeron gran curiosidad.
Cuando un acorde daban en su más alta escala y volumen, llenaban el recinto vibrando y ensordeciendo a los que allí danzaban. Dichos instrumentos que, junto a una trompeta, un saxo y acordeón, con una bien equipada batería hacían que sonaran bien aquellos músicos.
Hacían pruebas de sonido y algunos jóvenes de los primerizos bailones, con su boca abierta miraban desde abajo a aquellos, “sus ídolos”, que sobre tablas en un rústico escenario afinaban.
Los bares y tabernas a rebosar estaban, la gente se estrenaba con su primer refresco o cerveza y, al tiempo, comentaban lo ocurrido en el partido de fútbol jugado.
Pero más visitada estaba la calle principal de la fiesta. A la altura donde hoy está la Rural, instalaron aquel año, dos cacharritos (como en Córdoba dicen a éstos). Nosotros los conocemos como columpios, nombre más fuerte y directo. Uno de ellos con unas barquillas de madera colgadas que se balanceaban adelante y atrás con la fuerza de los pasajeros que con maña habían de, con rítmicos y acompasados movimientos, agachaban su cuerpo oscilar hacia allá y lo estiran al volver, de esa manera empujaban la barquilla, con tal fuerza, que la vuelta completa en giro, podían dar. Pero el hombre que vigilaba dicho entretenimiento, si observaba que alguno a punto de dar la vuelta estaba, pisando una palanca, un tablón subía y rozando la quilla de la barca, la paraba, y muy dispuesto el señor que les había frenado, dirigiéndose a ellos, les invitaba a pagar el doble por conseguir la vuelta entera.
[Continua la próxima semana]
ÍNDICE
Prólogo, nota de autor e introducción
Capítulo I Desayunos de pueblo, teléfonos, gañanes, pastores y porqueros
Capítulo II Lluvias, nevadas, noche Santos, gachas, cerraduras y largas veladas
Capítulo III A “La quinta de hogaño”, mediciones, tallaje, coplillas y anécdotas
Capítulo III B “La quinta de hogaño”, mediciones, tallaje, coplillas y anécdotas
Capítulo III C “La quinta de hogaño”, mediciones, tallaje, coplillas y anécdotas
Capítulo IV A De sus campos, sus personajes y vecinos
Capítulo IV B De sus campos, sus personajes y vecinos
Capítulo V A De la “plaza” jornaleros, manijeros, la sierra y sus ¿trufas?
Capítulo V B De la “plaza” jornaleros, manijeros, la sierra y sus ¿trufas?
Capítulo VI A De la Alsina, la “aduana”, su paseo, Semana Santa y procesiones
Capítulo VI B De la Alsina, la “aduana”, su paseo, Semana Santa y procesiones
Capítulo VI C De la Alsina, la “aduana”, su paseo, Semana Santa y procesiones
Capítulo VI D De la Alsina, la “aduana”, su paseo, Semana Santa y procesiones
Capítulo VI E De la Alsina, la “aduana”, su paseo, Semana Santa y procesiones
Capítulo VII A Del final de campaña, almazara, “cagarraches”, día de las banderas
Capítulo VII-B Del final de la campaña, almazara, “cagarraches” y el Día las Banderas…
Capítulo VIII-A De Ben-Alúa, su nombre, sus tributos, la hortaliza, el riego
Capítulo VIII-B De Ben-Alúa, su nombre, sus tributos, la hortaliza, el riego
Capítulo VIII-C De Ben-Alúa, su nombre, sus tributos, la hortaliza, el riego
Capítulo VIII-D De Ben-Alúa, su nombre, sus tributos, la hortaliza, el riego
Capítulo IX-A De los pedimentos, desmote, el ajuar, las invitaciones, las bodas
Capítulo IX-B De los pedimentos, desmote, el ajuar, las invitaciones, las bodas
Capítulo IX-C De los pedimentos, desmote, el ajuar, las invitaciones, las bodas
Capítulo IX-D De los pedimentos, desmote, el ajuar, las invitaciones, las bodas
Capítulo X-A De los primeros televisores, las sordás, el Día de la Virgen
Capítulo X-B De los primeros televisores, las sordás, el Día de la Virgen
Capítulo X-C De los primeros televisores, las sordás, el Día de la Virgen
Capítulo X-D De los primeros televisores, las sordás, el Día de la Virgen
Capítulo XI-A Del sosegado otoño, “ahoyar” el pajar, rastrojeras, fiestas
Capítulo XI-B Del sosegado otoño, “ahoyar” el pajar, rastrojeras, fiestas
Capítulo XI-C Del sosegado otoño, “ahoyar” el pajar, rastrojeras, fiestas
Capítulo XI-D Del sosegado otoño, “ahoyar” el pajar, rastrojeras, fiestas
Capítulo XI-E Del sosegado otoño, “ahoyar” el pajar, rastrojeras, fiestas
Capítulo XI-F Del sosegado otoño, “ahoyar” el pajar, rastrojeras, fiestas
Capítulo XII Del otoño dador de frutos, de ariegas, “¡arrr!”, tostaillos






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