La Bon à Tirer de Ana Villén

In memorian Dolores Montijano, creadora


¡Mamá! que yo quiero ser artista. Ana Villén a su madre en su Alcaudete natal.
Su infancia tiene huerto, limonero, pero también tuvo olivos y… tienda, que atendían sus padres en las temporadas que dejaba libre el laboreo de la tierra jiennense.

Infancia de Ana Villén

Enriqueta, la madre, como tantas otras de la historia de España de después de una guerra…que sí, Ana, pero que primero tienes que estudiar una carrera.
Y Ana Villén, llegó a Granada.
No tenga usted cuidado, madre, que la niña terminó sus estudios universitarios,
pero, y usted lo sabía, le salió artista. 

Sólo que tenía que encontrar su lenguaje.
Se formó en lo tridimensional, con la forja artística en la Escuela de Arte de
Caravaca de la Cruz, realizó la especialidad de Diseño Gráfico en la de Granada.

 

Ana Villén, escultora en Caravaca de la Cruz

Y se enganchó, vaya si se enganchó, cuando la tinta de la estampación entró
en su vida y corrió por sus venas.
La culpa la tuvo Pepe Lomas, su maestro, su mentor.
Como si del Renacimiento se tratará, la escuela granadina de grabado de la
segunda mitad del siglo xx, tuvo como mecenas a la Fundación Rodríguez
Acosta becando a José María García Lomas para ampliar estudios y, creando el Taller de la Fundación en la calle Cetti Meriem. Pepe, que conoció los secretos del grabado clásico, innovó el grabado granadino y compartió cartel con los grandes, Cayetano Aníbal, Jesús Conde…de esa corta (estuvo activo desde 1973 a 1979) pero fructífera raíz surgieron otros talleres como el Taller Sureste o el Taller del Realejo.

Pepe siguió creando Escuela como profesor de la de Artes Aplicadas y Oficios de Granada hasta 2003. 

Parece indiscutible su papel como padre de la Escuela de Grabado Contemporáneo de Granada.

Pepe Lomas en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Granada

Así por lo menos se lo reconoce Ana Villén, que se considera deudora, discípula y continuadora de su legado.
Al igual que en otras disciplinas artísticas, la escuela granadina de grabado
granadino está felizmente viva. Antes de la creación de la Facultad de Bellas Artes, Francisco Izquierdo, el que hasta ahora ha estudiado más a fondo la historia del grabado granadino, afirmaba que Granada era una de las ciudades con más tórculos por habitante de España, así que calculen por dónde andará en este primer cuarto de milenio.
Ana ha seguido en solitario (pero echa de menos a su maestro).

Su lado creativo no sólo se vió reconocido cuando ganó un premio del concurso
de grabado de la Fundación Pilar í Joan Miró, sino que la artista Ana Villén fue
invitada a experimentar e innovar en Palma de Mallorca. Allí conoció el grabado
japonés.
Su lado técnico se afinó, al trabajar entre los grandes en la experiencia creada
por Manuel Martínez Vela en Alcalá la Real, el Centro Andaluz de Arte Seriado (CAAS). Aprendiendo junto a Canogar,  Miguel Villarino, Hernández Pijúan, Jose Ramón Alcalá, Julio León…compartiendo el proceso de creación con tantos y tantos artistas que pasaron por allí como Jefa de Taller.
Y ahí, justo en el barrio del Realejo, Ana Villén decidió crear el suyo propio, “Bon á Tirer”.

Con su maestro Pepe Lomas y en su taller

Villén es  una de las mujeres más fuertes que se conocen en el territorio creativo
granadino. Se ha visto zarandeada por la crisis económica, por la crisis sanitaria …y, continua trabajando. Es buena, muy buena, en lo que hace. El grabado necesita precisión en la plancha,  medida con los ácidos, gusto en el color, fuerza para el tórculo, algo de intuición y…¡buena mano con la tirada! Ese es el mérito de cualquier buen grabador. Después de repetir el proceso de tintada, de presión…que todos las copias de la edición salgan iguales. Y Ana tiene ese don.

Por eso recibe encargos de otros grabadores para que realicen sus estampaciones, incluso para que ella les grabe las planchas.

Es uno de los extraños casos en las que una grabadora crea obra propia.Siempre nos hemos preguntado por qué Ana optó por el lenguaje del grabado.

Prefirió los buriles, las planchas, las tintas, los aguafuertes, las aguatintas,  las matrices, los ácidos, las pruebas de artista, PA, las Bon á tirer, BAT, las pruebas de estado, PE, las tarlatanas…Y eso…por el momento mágico que vivo cada vez que separo el papel de la matriz. No deja de sorprenderme. Siempre único y siempre irrepetible.

Ana es artista grabadora. El proceso de estampación además de riguroso y técnico necesita de una inmensa capacidad de ver el mundo del revés. Se crea a la inversa. La técnica calcográfica ha necesitado del espejo hasta que irrumpieron en nuestra vida los novísimas tecnologías.  Los estampadores tienen algo de personajes de Lewis Carroll en el país de la maravillosa creación artística (no solo es un recurso literario fácil, creemos firmemente en esta afirmación).

Pero no se dejen llevar a engaño. Debemos aprender a ver su obra de artista con perspectiva. Alejémonos un poco. Así la veremos mejor.

La obra de Ana es madura

Su obra, es poética, atrevida, original. Es una obra plena de sentido y significado. Son obras para ser leídas, para ser sentidas. Se trata de Poética visual.
Como artista no se conforma. Experimenta e innova. Arriesga con el color, con
los materiales. Juega con las texturas. Crea otro lenguaje con lo matérico, no
importa su procedencia. Busca soportes. Conocemos alguna de sus incursiones creativas sobre vestuario. En su última creación para una exposición colectiva, se verá el resultado del proceso inverso. Estampar sobre prendas de ropa o utilizar prendas de ropa para estampar. Todo ello imaginando el mundo del revés… para seguir sorprendiéndose y sorprender.

Ella sabe que debe enseñar lo que ha aprendido y compartir lo que se siente cuando se trabaja el universo de la obra gráfica. Ha impartido talleres de grabado en la casa de Porras, en el Centro de profesores. En Alcaudete , su pueblo, ha creado un precioso proyecto de Artes Plásticas que renueva en el estío.

El arte seriado es un vehículo para que el arte llegue y nos llegue a todos. Para democratizar la sensibilidad

Con alumnado en Casa de Porras

Ana Villén, es hija de Enriqueta que sabía dibujar las ranas rojas y, de Enrique, que aún la espera en Alcaudete.
Después de una carrera de fondo, Ana Villén sigue creando para ella y para otros artistas. Con la misma capacidad de entusiasmo. Con la misma intención de dejarse sorprender.

Es, y ha vivido como mujer artista y libre. Libertad creativa y vital.

 

Serie ‘La Historia sirve’ :

Próximas entregas:

  • Pepe “Loga”. El geólogo humanista

Carmen Gómez Letrán

Profesora de Geografía e Historia

IES Padre Suárez

 

 

 

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Carmen Gómez Letrán

Profesora de Geografía e Historia del IES Padre Suárez

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