Bastantes milenios antes
de las cristianas calendas
nómadas tribus erraban
por la Península Ibérica,
habiéndolo demostrado
los hallazgos de la ciencia
como ha sido el Homo Sapiens
descubierto en Atapuerca.
Apareció el Paleolítico,
la etapa más duradera
desde que el género humano
deambulara por la tierra:
de economía destructiva,
se refugiaban en cuevas
como la de Las Ventanas,
la de Nerja o La Pileta
o la cántabra Altamira,
dejando en todas sus huellas
con las pinturas rupestres
pigmentadas en las piedras.
Más tarde llegó el Neolítico
que impuso costumbres nuevas,
como dejar de ser nómadas
para habitar en aldeas:
monumentos megalíticos,
la labranza de la tierra,
ganadería y cerámica
cultivadas con presteza,
economía constructiva
y leyes de convivencia
son nuevas formas de vida
que el Neolítico trajera.
Geógrafos e historiadores
de la antigua Roma y Grecia
fueron quienes aportaron
las primeras referencias
de los pueblos primitivos
asentados en Iberia:
grupos heterogéneos
sin uniformidad étnica,
mil años antes de Cristo,
en la neolítica época,
transitaron los caminos
de la Península Ibérica.
Al no existir documentos
todo lo envuelve la niebla
y solo la arqueología
nos aporta algunas pruebas
que descifran un pasado
de multiformes vivencias.
Esas etnias tan lejanas
por nuestras tierras se asientan,
íberos al este y sur,
al norte y centro, los celtas,
tal y como lo aprendimos
cuando niños, en la escuela.
Fenicios, griegos y púnicos
explotaron las riquezas
en minas y yacimientos
de la Península Ibérica;
pero a la vez difundieron
sus inventos y estrategias
que en los pueblos primitivos
mejoraron la existencia.
El conocido Arte Ibérico
florece y se manifiesta
con las obras escultóricas
de bronce, plata y madera;
urnas, ánforas, vasijas
de barro cocido y piedra
y piezas de orfebrería
realizadas con destreza
donde oro y joyas reales
patentizan su excelencia.
Incineraban los muertos
según arcanas creencias
y recogían las cenizas
para honrarlos en su ausencia.
Los túmulos funerarios
nos confirman la evidencia
del papel de la mujer
con matriarcal anuencia
en la vida y en la muerte
de la sociedad ibérica.
Las damas de Elche y de Baza
se establecen como emblemas
del arte más genuino
de aquellas tribus ibéricas
que construyeron figuras
con alta precisión técnica.
Datada en el siglo IV,
antes de la era cristiana,
se sitúa la escultura
de nuestra Dama de Baza
en caliza policroma
y en el siglo XX hallada
donde estaba la necrópolis
de la antigua Bastetania,
yacente en el interior
de una recóndita cámara.
Junto a la Dama encontraron
útiles y armas quemadas
indicando que el difunto
era una guerrera dama
o reina sacerdotisa
de la elite bastetana.
Durmiendo un sueño de siglos
en la funeraria estancia
por azar fue descubierta
la hermosa Dama de Baza,
en sedente posición
con boato engalanada,
ofrendando a una mujer
de la clase aristocrática,
plácidamente en un trono
flanqueado por dos alas
y unas garras de león
en las respectivas patas.
Con pelo negro, ondulado,
de mujer mediterránea,
una cofia circundándole
las facciones agraciadas,
los ojos ensimismados,
sus mejillas sonrojadas,
luce la bella escultura
de la tierra bastetana.
Pendientes de gran tamaño,
gargantillas en el cuello,
collares con colgaduras,
gruesos anillos en dedos,
aretes en las muñecas
engalanando su cuerpo
y un pichón sobre la mano,
conjuntan el monumento
que nos despierta el asombro
ante un panteón ibérico
cuya función cineraria
se muestra como modelo.
Esta ibérica escultura,
la hermosa Dama de Baza,
labrada en piedra caliza
y policromada pátina,
la podemos contemplar
con la de Elche, su hermana,
en el Museo Arqueológico
de la capital de España.
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II. Ángel Ganivet García (Granada, 1865 – Riga, 1899)
III. Ibn Zamrak (Granada, 1333 – 1394)
IV. Isabel de Solís, Soraya (Martos, Jaén, – ¿Sevilla? S. XV, 2ª mitad)
V. Mira de Amescua (Guadix, 1577 – 1644)
VI. Francisco Alonso (Granada, 1887 – Madrid, 1948)
VII. Juan Latino (Cabra o Etiopía, 1518 – Granada, 1597)
VIII. Chorrojumo (Ítrabo, 1824 – Granada, 1906)
IX. San Juan de Dios (Montemor: Portugal, 1495 – Granada, 1550)
X. Boabdil (Granada, 1460 – Fez, 1533)
XI. Doña Juana I de Castilla (Toledo, 1479 – Tordesillas, 1555)
XII. Alonso Cano (Granada, 1601 – 1667)
XIII. Elena/Eleno De Céspedes (Alhama de Granada, 1545 – Yepes ¿1588?)
XIV. Hermanos fosores de Guadix (Comunidad fundada en 1953)
XV. Mencía de Mendoza (Jadraque, Guadalajara, 1508 – Valencia, 1554)
XVI. Fray Leopoldo (Alpandeire, 1864–Granada, 1956)
XVII. Manuel de Falla (Cádiz, 1878–Alta Gracia, Argentina, 1946)
XVIII. Eugenia de Montijo (Granada, 1826– Madrid, 1920)
XIX. Manuel Benítez Carrasco (Granada, 1922–1999)
XX. Fray Luis de Granada (Granada, 1504 – Lisboa, 1588)
XXI. Abén Humeya (Válor, 1545 – Laujar de Andarax, 1569)
XXII. Mariana Pineda (Granada, 1804 – 1831)
XXIII. Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Granada, 1936)
XXIV. María de Pacheco (Granada, 1496 – Oporto, 1531)
XXV. Aixa (Siglo XV. Granada – Fez)
XXVI. Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, 1833 – Madrid, 1891)
XXVII. Ángel Barrios (Granada, 1882 – Madrid, 1964)
XXVIII. Pedro Soto de Rojas (Granada, 1589–1658)
XXIX. Emilio Herrera Linares (Granada, 1879 – Ginebra, 1967)
XXX. Elena Martín Vivaldi (Granada, 1907 – 1998)
XXXI. Ruiz del Peral (Exfiliana, 1708 – Granada, 1773)
XXXII. La Perla de Granada (Granada. Siglo XII)
XXXIII. Hernán Pérez del Pulgar (Ciudad Real, 1451-Loja, 1531)
XXXIV. Judá ben ibn Tibón (Granada, 1120 – Marsella 1190)
XXXV. María ‘la Canastera (Granada, 1913 – 1966)
XXXVI. El Gran Capitán (Montilla, 1453 – Granada, 1515)
XXXVII. Juan Alfonso García (Santos de Maimona, 1935 – Granada, 2015)
XXXVIII. Diego Hurtado de Mendoza (Granada, 1503 – Madrid, 1575)
XXXIX. José de Mora (Baza, 1642 – Granada, 1724)
XL. Álvaro de Bazán (Granada, 1526 – Lisboa, 1588)
XLI: Francisco López Burgos (Granada, 1921–1996)
XLII: Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935 – 2019)
XLIII: El doctor Olóriz Aguilera (Granada,1855 – Madrid, 1912)
XLIV. Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 1787 – Madrid, 1862)
XLV: Don Emilio Orozco (Granada, 1909 – 1987)
XLVI: Padre Ignacio de las Casas (Granada, 1550 – Ávila, 1608)
XLVII: Frascuelo: Salvador Sánchez (Churriana, 1842 – Madrid, 1898)
XLVIII: Alhamar (Arjona, 1194 – Granada, 1273)
XLIX: Conchita Barrecheguren (Granada, 1905 – 1927)
L: Juan José Santa Cruz (Madrid, 1880 – Granada, 1936)
LI: Duque San Pedro de Galatino (Madrid, 1857 – 1936)
LII: Antonio Gallego Burín (Granada, 1895 – Madrid, 1961)
LIII: Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza (Guadalajara, 1466 – Valencia, 1523)
LIV: Moraima (Loja, 1467 – Laujar de Andarax, 1493)
LV: María Fernández, ‘La Caramba’ (Motril, 1750 – Madrid, 1787)
LVI: Natalio Rivas (Albuñol, 1865 – Madrid, 1958)
LVII: Padre Francisco Suárez, S.I. (Granada, 1548 – Lisboa, 1617)
LVIII: San Cecilio (S. I.)
LIX: Antonio de Mendoza y Pacheco (Mondéjar, 1490 – Lima, 1552)
LX: Luis Portero García (Madrid, 1941 – Granada, 2000)
LXI: Dos monjas clarisas: Sor Beatriz y Sor Ana (S. XVII) (S. XVIII)
LXII: Agustín Lara (México,1897 – 1970)
LXIII: Joaquina Eguaras Ibáñez (Orbaiceta, 1897 – Granada, 1981)
LXIV: Manuel Cano Tamayo (Granada, 1925 – 1990)
LXV: Ibn-al Jatib (Loja, 1313 – Fez, 1374)
LXVI: Pedro de Mena y Medrano (Granada, 1628 – Málaga, 1688)






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