El Exmo. S. D. Antonio de Mendoza, Conde de Tendilla, Primer Virrey desde 1535 haste el de 1550 que pasó al del Perú (Palacio Ayuntamiento de México)

Romancero de personajes granadinos, LIX: Antonio de Mendoza y Pacheco (Mondéjar, 1490 – Lima, 1552)

Del marqués de Santillana,
uno más de sus bisnietos;
sobrino del Cardenal,
el tercer rey en su tiempo;
hijo de Íñigo López,
el Gran Tendilla alhambreño,
aquél que en Granada tuvo
todo el poder del momento;
hermano del escritor
de Mendoza Hurtado, Diego,
y también de la valiente
María Mendoza Pacheco,
La leona de Castilla”,
para mejor entendernos.

Este personaje fue
un Mendoza de altos vuelos,
destinado al Nuevo Mundo
por el rey Carlos Primero
que le encomendó funciones
muy importantes para el reino,
pues España se expandió
con espíritu resuelto
por América y por Asia
en pleno Renacimiento,
cuando todos perseguían
hacer realidad los sueños.

Tras sus juegos infantiles
por las torres de la Alhambra,
de joven es nominado
virrey de la Nueva España,
donde se enfrentó a Cortés
aunque luego lo apoyara
en tierras de California,
que, si hoy son americanas,
por aquellos tiempos fueron
parte del reino de España.

Con Antonio de Mendoza
y de segundo, Pacheco,
España escribe en América
otra epopeya de mérito
gobernando como virrey
en lo que hoy llamamos México
y entonces, la Nueva España,
en su primer nombramiento.

El deferente Mendoza
propició en la Nueva España
la acuñación de monedas
en cobre, en oro y en plata,
y también llevó la imprenta,
recientemente inventada,
imprimiendo manuales
con que ejercer la enseñanza
por las iglesias, escuelas
y aulas universitarias,
pues en la ciudad de México
un gran rango se alcanzara
en artes, humanidades,
ciencias y cultura clásica.

Nuestro Mendoza Pacheco
fundó pueblos, hospitales,
carreteras, acueductos,
iglesias, colegios, ciudades,
anteponiendo, ante todo,
los proyectos culturales
y la evangelización
encomendada a los frailes,
que tanto bien reportaron
en cuestiones esenciales
enseñando a los indígenas
técnicas elementales
para cultivar las tierras
y hacer pueblos habitables.

Adquirió un nivel muy alto
la universidad de México
que, junto con la de Lima,
fueron centros académicos
equiparables a Europa
por sus estudios modélicos
en las materias de ciencias,
de letras y pensamiento.

Estimuló expediciones
al Océano Pacífico
llamado “Lago español”,
escenario de periplos,
llegando hasta Filipinas,
topónimo establecido
como nombre derivado
del sustantivo Filipo,
por aquel entonces, príncipe
y primogénito hijo
de quien era emperador
del Imperio: Carlos V.

La universidad primera
del continente asiático
tuvo su sede en Manila,
no debemos olvidarlo,
porque fueron españoles
con espíritu esforzado
quienes iban por el mundo
queriendo colonizarlo,
facilitando el progreso
allá por donde pasaron.

Exigió que se tratara
con dignidad a los indios,
prohibiendo la esclavitud
como estaba en el edicto
que la gran reina Isabel
había firmado y suscrito
potenciando el mestizaje
entre hispanos y nativos,
grandeza que para España
es un rasgo distintivo.

Las nuevas tierras de América
no fueron nunca colonias
sino otras provincias más
de la nación española
en equidad de derechos
sin distinción de personas,
ya que con el mestizaje
fijó su ley la corona
expandida por el mundo
en su misión redentora.

Nada de pedir perdón,
dicho sea desde Granada
donde la Historia fijó
hitos de suma importancia.

América debe estar
muy agradecida a España
porque siempre la trató
como se trata a una hermana,
en igualdad de derechos
sin distinciones sectarias,
propiciando el mestizaje
y ayudando a liberarla
de esclavitudes indignas
que en otros sitios llegaran
hasta el siglo XIX
con obscena contumacia.

Y aunque existieron caudillos
de conductas arbitrarias
explotando a los nativos
en labores inhumanas,
los mismos Reyes Católicos
firmemente castigaban
a quien la ley incumplía
en tierras americanas.

Por lo tanto, la labor
que España hizo en América
debemos catalogarla
como auténtica proeza,
de la que estar orgullosos
aunque algunos lo desmientan
acatando lo que dice
la falaz Leyenda Negra,
que tantos bulos sembró
pero ya no hay quien los crea
pues el sol siempre ilumina
la oscuridad de la niebla.

Juan José Gallego Tribaldos

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Comentarios

2 respuestas a «Romancero de personajes granadinos, LIX: Antonio de Mendoza y Pacheco (Mondéjar, 1490 – Lima, 1552)»

  1. Gracias Juan José por ilustrarnos con la historia de otro miembro de la gran familia Mendoza que tanta huella han dejado en Granada. Un abrazo y feliz domingo

  2. José Pascual Ruiz

    Cuánto aprendo y disfruto, Juanjo Gallego, con tus romances dominicales, sobre la Historia de España y de América y de filosofía del pensamiento político. Me quedo con la reflexión de que el sol ilumina la oscuridad de la tan trasnochada y cansina leyenda negra. Muchas gracias y un abrazo.

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