Cuando el rey Carlos III
era el monarca de España,
vino a este mundo en Motril
María Antonia “La Caramba”,
que en el siglo XVIII
por los tablaos fascinaba
con sus bailes sensuales
y una seductora gracia.
Siendo aún adolescente
un día abandonó su casa
fugándose decidida,
sin decir a nadie nada,
con cómicos ambulantes
que en Motril representaban
un espectáculo humilde
de circo, cantos y danzas.
Por los locales de Cádiz
se estrena en los escenarios,
mas pronto marcha a Madrid
que era su sueño dorado,
actuando diariamente
en antros mal reputados
hasta conseguir llegar
al olimpo del teatro,
donde empieza a destacar
con sus múltiples encantos.
Canta y baila tonadillas
en sainetes y zarzuelas,
pero donde más destaca
la agraciada motrileña
es, cuando cantando sola,
se convierte en una estrella
y en un auténtico ídolo
de las noches madrileñas,
por su ademán picaresco,
su descoco y su belleza,
enamorando a los hombres
de estirpe noble y plebeya.
La llamaron “La Caramba”
y hasta había caballeros
que por ella peleaban
desafiándose en duelos
con el fin de seducirla
o rendirla a sus cortejos,
pues levantaba pasiones
con provocativos gestos
de mujer voluptuosa
por quien bebían los vientos
los jóvenes, los ancianos,
los casados y solteros.
Alta, morena y esbelta,
de figura muy agraciada,
“La Caramba” era un ídolo
que todo el mundo admiraba
y ella se sentía una diosa
en la cresta de la fama,
saboreando sus éxitos
de forma desmesurada.
Cuando en un día del otoño
por la calle paseaba
la sorprendió una tormenta
que desde el cielo bramaba;
se cobijó en una iglesia
donde un cura predicaba
recordándole a los fieles
las encendidas palabras
que María Magdalena
en su tiempo pronunciara,
lamentando los pecados
de su vida casquivana.
Tanta impresión le causaron
las palabras escuchadas,
que un tormento inesperado
en su pecho golpeara
como si fuera el badajo
de una sonora campana.
La lacerante congoja
el corazón le oprimió
y de su liviana vida
con dolor se arrepintió,
decidida a abandonar
la que era su profesión,
que, aunque lujosa, vacía
de un satisfactorio amor.
Al salir de aquella iglesia
se refugió “La Caramba”
en la soledad austera
que le otorgaba su casa,
convertida en tabernáculo
de las bienaventuranzas,
solamente decorado
con imágenes y estampas.
Dedicada a la oración,
ahora todos la llamaban
con palabras cariñosas,
María Antonia “la beata”
por la mutación sufrida
de la noche a la mañana,
al cambiar los escenarios
y vanaglorias mundanas
por un retiro enclaustrado
de soledades monásticas.
Joven y pobre murió
María Antonia “La Caramba”,
que habiendo sido el icono
de pasiones desatadas
entre el deseo y la lujuria,
cambió a una vida de santa
y en el templo madrileño
decidió ser enterrada
quien fue la tonadillera
más conocida de España,
con el hábito y rosario
de la humildad franciscana.
La muerte de María Antonia
fue un suceso extraordinario
que a Madrid conmocionó,
haciéndose legendarios
los romances y aleluyas
a “La Caramba” ofrendados,
recordando su figura
por los tablaos y teatros
de aquel siglo XVIII
tan complejo como ingrato.
Próximo romance: NATALIO RIVAS
Anteriores entregas
II. Ángel Ganivet García (Granada, 1865 – Riga, 1899)
III. Ibn Zamrak (Granada, 1333 – 1394)
IV. Isabel de Solís, Soraya (Martos, Jaén, – ¿Sevilla? S. XV, 2ª mitad)
V. Mira de Amescua (Guadix, 1577 – 1644)
VI. Francisco Alonso (Granada, 1887 – Madrid, 1948)
VII. Juan Latino (Cabra o Etiopía, 1518 – Granada, 1597)
VIII. Chorrojumo (Ítrabo, 1824 – Granada, 1906)
IX. San Juan de Dios (Montemor: Portugal, 1495 – Granada, 1550)
X. Boabdil (Granada, 1460 – Fez, 1533)
XI. Doña Juana I de Castilla (Toledo, 1479 – Tordesillas, 1555)
XII. Alonso Cano (Granada, 1601 – 1667)
XIII. Elena/Eleno De Céspedes (Alhama de Granada, 1545 – Yepes ¿1588?)
XIV. Hermanos fosores de Guadix (Comunidad fundada en 1953)
XV. Mencía de Mendoza (Jadraque, Guadalajara, 1508 – Valencia, 1554)
XVI. Fray Leopoldo (Alpandeire, 1864–Granada, 1956)
XVII. Manuel de Falla (Cádiz, 1878–Alta Gracia, Argentina, 1946)
XVIII. Eugenia de Montijo (Granada, 1826– Madrid, 1920)
XIX. Manuel Benítez Carrasco (Granada, 1922–1999)
XX. Fray Luis de Granada (Granada, 1504 – Lisboa, 1588)
XXI. Abén Humeya (Válor, 1545 – Laujar de Andarax, 1569)
XXII. Mariana Pineda (Granada, 1804 – 1831)
XXIII. Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Granada, 1936)
XXIV. María de Pacheco (Granada, 1496 – Oporto, 1531)
XXV. Aixa (Siglo XV. Granada – Fez)
XXVI. Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, 1833 – Madrid, 1891)
XXVII. Ángel Barrios (Granada, 1882 – Madrid, 1964)
XXVIII. Pedro Soto de Rojas (Granada, 1589–1658)
XXIX. Emilio Herrera Linares (Granada, 1879 – Ginebra, 1967)
XXX. Elena Martín Vivaldi (Granada, 1907 – 1998)
XXXI. Ruiz del Peral (Exfiliana, 1708 – Granada, 1773)
XXXII. La Perla de Granada (Granada. Siglo XII)
XXXIII. Hernán Pérez del Pulgar (Ciudad Real, 1451-Loja, 1531)
XXXIV. Judá ben ibn Tibón (Granada, 1120 – Marsella 1190)
XXXV. María ‘la Canastera (Granada, 1913 – 1966)
XXXVI. El Gran Capitán (Montilla, 1453 – Granada, 1515)
XXXVII. Juan Alfonso García (Santos de Maimona, 1935 – Granada, 2015)
XXXVIII. Diego Hurtado de Mendoza (Granada, 1503 – Madrid, 1575)
XXXIX. José de Mora (Baza, 1642 – Granada, 1724)
XL. Álvaro de Bazán (Granada, 1526 – Lisboa, 1588)
XLI: Francisco López Burgos (Granada, 1921–1996)
XLII: Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935 – 2019)
XLIII: El doctor Olóriz Aguilera (Granada,1855 – Madrid, 1912)
XLIV. Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 1787 – Madrid, 1862)
XLV: Don Emilio Orozco (Granada, 1909 – 1987)
XLVI: Padre Ignacio de las Casas (Granada, 1550 – Ávila, 1608)
XLVII: Frascuelo: Salvador Sánchez (Churriana, 1842 – Madrid, 1898)
XLVIII: Alhamar (Arjona, 1194 – Granada, 1273)
XLIX: Conchita Barrecheguren (Granada, 1905 – 1927)
L: Juan José Santa Cruz (Madrid, 1880 – Granada, 1936)
LI: Duque San Pedro de Galatino (Madrid, 1857 – 1936)
LII: Antonio Gallego Burín (Granada, 1895 – Madrid, 1961)
LIII: Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza (Guadalajara, 1466 – Valencia, 1523)
LIV: Moraima (Loja, 1467 – Laujar de Andarax, 1493)






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