Escultura a Pedro de Mena a la entrada del Museo Revello de Toro, Málaga. Autor: Virgilio Galán Sánchez

Romancero de personajes granadinos, LXVI: Pedro de Mena y Medrano (Granada, 1628 – Málaga, 1688)

Pedro de Mena y Medrano,
otro escultor del Barroco
de familia imaginera
curtida en lo religioso,
esculpió bellas imágenes
suscitadoras de asombro
por su espiritualidad
y el realismo portentoso,
que en la Escuela Granadina
era un rasgo perentorio.

En el taller de su padre,
como aprendiz y discípulo,
comenzó las andaduras
en el arte de este oficio
y, aunque nacido en Granada,
anduvo varios caminos
siendo la vecina Málaga
el final de su destino.

Del maestro Alonso Cano,
asimismo, recibiera
una impagable enseñanza
convertida en influencia
para modelar imágenes
desbastando la madera
y, con la gubia y cincel,
limar nudos y asperezas.

Perfiló rasgos y rostros,
en un principio, alargados,
con una policromía
de contrastes resaltados,
mas, con el tiempo buscó
los perfiles ovalados
tal vez porque así labraba
el insigne Alonso Cano.

Sobresaliente es el coro
de la catedral de Málaga
que Pedro de Mena obró
con excelsitud preclara
rubricando su destreza
el artista de Granada.

Entre sus múltiples obras
muchas son las que destacan,
como el Francisco de Asís
en la seo toledana;
o apóstoles, dolorosas,
Ecce homos, santos, santas
repartidos por iglesias
y catedrales de España,
además de los portados
a tierras americanas.

El museo de Bellas Artes
en la ciudad de Granada
alberga varias imágenes,
siendo el san Pedro de Alcántara
la muestra más eminente
de su pericia en la talla.

En Santos Justo y Pastor,
ornando su tabernáculo,
están los evangelistas;
y un san Pedro y un san Pablo
se hallan en san Antón
engrandeciendo un retablo
con otras bellas imágenes
de este escultor consumado.

La catedral granadina
y su hermana malagueña
albergan las esculturas
con solemnidad estética,
de Fernando e Isabel,
policromadas y austeras,
en reverenciada pose
junto al altar donde rezan.

Cristo de la Buena Muerte,
que en Málaga se venera
cuando por Semana Santa
los timbales y cornetas
desfilan con la Legión
a ritmo de penitencia
y los ocasos se aroman
con biznagas malagueñas,
la tradición lo menciona
como si fuera de Mena.

Pero este Crucificado
no es el de Pedro de Mena
ya que al suyo lo quemaron
antes de empezar la guerra,
en tiempos de la República
allá por los años treinta
cuando algunos desalmados
asaltaron las iglesias
destrozando las imágenes
con vesánica inclemencia,
sino una espléndida copia
que Francisco Palma hiciera
tomando como modelo
el Santo Cristo de Mena.

El escultor granadino,
Pedro de Mena y Medrano,
en los tiempos del Barroco
alcanzó un cimero rango
por sus religiosas tallas
y el audaz policromado
con que lucían las imágenes
sus ropajes estofados.

En el convento del Císter
de la ciudad malagueña
yace enterrado el eximio
escultor Pedro de Mena,
imaginero realista
de espiritualidad plena
que en el siglo XVII
nos legó tallas excelsas,
pues la escultura barroca
es modelo de excelencia
y la Escuela Granadina
generó excelentes muestras.

Juan José Gallego Tribaldos

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