Muhammad V de Granada (centro), en una pintura de la sala de los Reyes, en la Alhambra

Romancero de personajes granadinos, LXXXVII: Mohammed V (Granada, 1339–1391)

El sultán Mohammed V,
octavo emir de Granada,
dejó una profunda huella
en el edén de la Alhambra
por las bellas construcciones
que en la Sabika elevara,
así como el mecenazgo
con las culturas islámicas
siendo un referente icónico
en el reino de Granada.

Yusuf y Mohamed, su hijo,
fueron dos grandes sultanes
que en tiempos de sus reinados
se obró el Patio de Arrayanes,
con la Sala de la Barca
y el palacio de Comares.

Patio de los Arrayanes,
centro de la diplomacia
y de la sagaz política
que se ejercía en la Alhambra;
también de las recepciones
a emisarios y embajadas,
siempre esperando al sultán
para auditar sus demandas.

El mirto o el arrayán,
dos nombres para una planta,
embellecen los jardines
de estética musulmana
como ocurre en esta alberca
de lisura verde y blanca,
sorprendiendo al visitante
al reflejarse en el agua
los cercados de arrayanes
y la energía de la Alhambra,
oculta entre los nenúfares
con oriental elegancia.

Al hablar del paraíso
en las suras del Corán
siempre el agua está presente,
sea en río o en manantial,
cual en la Alhambra, este estanque
perfumado de arrayán
que en deslumbrante metáfora
irradia sensualidad.

Capiteles con mocárabes,
como en el arco central
de la bella galería,
es un detalle esencial
en la alta ornamentación
de este patio singular
que ilustra en sus yeserías
las alabanzas a Alá;
también se pueden leer
poesías de Ibn Zamrak
con apasionadas loas
al nazarita sultán.

La inscripción más reiterada
en tacas y yeserías,
Sólo Alá es vencedor”,
que era el lema nazarita
para reafianzar la fe
los creyentes islamistas;
y por doquier se repite
en aljamiada grafía
con bellos trazos inscritos
por apreciables tallistas
que también puntean los versos
de melodiosas casidas,
donde inspirados poetas
riman belleza con mística.

La epigrafía arábica
que orla la fe musulmana
equivale a las imágenes
de la religión cristiana
y de ahí la exaltación
de su presencia en la Alhambra.


La sala de abencerrajes,
de los Reyes, Dos hermanas,
así el primer hospital
alzado junto a las aguas
del Darro, por los Axares
de la urbe musulmana,
fueron otras magnas obras
de este sultán en Granada.

El patio de los Leones

El sultán Muhammad V
fue el hacedor de esta estancia,
reliquia del arte arábigo,
edén de la luz y el agua,
delicada arquitectura
para el solaz de las almas
y el recreo de los cuerpos
en alegórica Arcadia.

Del ornamento geométrico,
tan distintivo en la Alhambra,
se pasó al Naturalismo
por influencias cristianas
pues el patio se circunda
de unas galerías con salas
emulando los conventos
con simetrías monásticas:
al oeste, la de Mocárabes;
al norte, las Dos Hermanas
con la de los Ajimeces
y el mirador de Daraxa;
al este, la de los Reyes
y al sur, la grandiosa estancia
llamada de Abencerrajes
con una historia que impacta
al reflejarse en el suelo
sangre roja derramada,
todas en bellas labores
e inscripciones aljamiadas.

Doce leones sostienen
la marmórea fuente blanca,
diseñando un dodecágono
el contorno de la taza,
donde a Alá y al sultán
le dedican alabanzas,
cúfica caligrafía
hermosamente tallada,
siendo el conjunto un modelo
de escultura musulmana.

El poeta Ibn Zamrak,
visionario de la Alhambra,
en sus versos encumbró
esta fuente mayestática,
emblema del arte islámico,
y en una casida, llama
“perlas fundidas” las gotas
que por los bordes resbalan
como si fuera una amante
que está derramando lágrimas.

Todo un bosque de columnas
en mármol de color blanco
del pueblo de Macael
se alinean por el patio,
aspirando a ser palmeras
de un oasis africano
para que los peregrinos
gocen lo paradisiaco.

A la vez, en las paredes,
zócalos alicatados,
como espejuelos destellan
desde el alba hasta el ocaso,
porque, después, con la luna,
enmudecen cabizbajos.

Los doce leones son
su icono más emblemático
y a la vez, equivalentes,
a meses que tiene el año,
a las tribus israelitas
o a los signos del zodiaco.

Maestros los árabes fueron
en la usanza de las aguas
regando vegas y almunias
o simplemente escuchándola
en surtidores y fuentes
de los palacios o plazas
cuando se convierte en música
para el deleite del alma.

El sultán Mohammed V,
tal vez el mejor emir
de los reyes de Granada
por su afán en construir
maravillas en la Alhambra,
pasó algún tiempo en Guadix
huyendo de los conflictos
de la corte nazarí,
ahíta de conspiraciones
en continuo sinvivir.

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Comentarios

Una respuesta a «Romancero de personajes granadinos, LXXXVII: Mohammed V (Granada, 1339–1391)»

  1. Magnífico.

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