Figura del cante, Enrique,
granadino albaicinero,
osado renovador
en el arte del flamenco
al entretejer los palos
más clásicos en el tiempo
con compases trasgresores
agitando sentimientos.
Ya bailaba con los seises,
de niño, en la catedral,
cuando las fiestas del Corpus,
en tiempo primaveral,
transportan juncia y mastranzo
de la vega a la ciudad
y en Bibrambla las carocas
lucen su sagacidad
junto a los tilos, que aroman
el icónico lugar.
Muy joven marchó a Madrid,
como “Enrique, el granaíno”
donde estudió y trabajó
fijando su propio estilo
con Pepe de la Matrona,
que le marcó los caminos
y las sendas del flamenco
por sus secretos más íntimos
hasta hundirse en el aljibe
sacrosanto del quejío.
La liturgia del flamenco
y de las manos crispadas;
del escalofrío del cante
hecho un nudo en la garganta;
del misterio de los ojos
cabalgando a horcajadas
sobre la yegua del sueño,
indómita y desbocada;
del amargor de unos versos
acibarados de lágrimas;
de lunares chispeantes
al revuelo de las faldas
y de indomables zapatos
taconeando las tablas.
Actuó Enrique muy joven
con el ballet de Mariemma
en una primera gira
por escenarios de América,
que más tarde prolongó
por ciudades europeas,
llegando al lejano Oriente
de las tierras japonesas
donde alcanzó con su cante
las mieles de la leyenda.
Criticado fue Morente
por los tradicionalistas
pero se mantuvo fiel
a sus tendencias artísticas
y aunque fuese heterodoxo
era también clasicista,
pues dominaba los cantes
con sutil sabiduría
y, aun siendo un rompedor,
tuvo una mente creativa
componiendo varias músicas
para facetas artísticas
como el teatro o el cine
o series televisivas.
Conocimiento profundo
del cante Enrique tenía
como así lo demostró
a lo largo de sus días,
en la línea de Chacón
y cantando con Sabicas
o con los Habichuela,
encomiables guitarristas
cuyo toque provocaba
palpitaciones divinas.
Uno de sus grandes éxitos,
enmarcado como emblema
de los retos de la vida,
fue la canción de “La estrella”,
donde Morente buscaba
la luz y la pura esencia
que le sirviera de guía
para encontrar la excelencia.
Textos de grandes poetas,
Lorca, Hernández, los Machado,
Lope, Guillén, Bergamín,
y otros de rango elevado,
Enrique los sumergió
en el siempre mundo mágico
del flamenco y su liturgia
donde el grito desgarrado
zigzaguea por la garganta
con la fiereza de un rayo.
El grito como relámpago,
bisturí del mil cesáreas
por el vientre de la voz
espumándose en cascada
sobre el ara de unos pubis
emboscados con guirnaldas.
Este cantaor de raza
realzó la misa flamenca
y se atrevió con el rock
en una aventura extrema,
tanto con el “Lagartija Nick”
como en el álbum Omega,
haciendo que un vals vienés
evoque la hierbabuena
que en las tapias de los huertos
y en los tiestos de macetas
nos traslada al Albaicín
en noches de luna llena,
cuando suenan bulerías
cantadas por su hija Estrella
o se escucha la guitarra
de Montoya o de Habichuela.
El flamenco del cortejo
o de silencios monásticos,
cuando la sensualidad
se adueña de los tablaos
y las niñas taconean
al ritmo de los fandangos
o al ¡ay! de una siguiriya
lesa en su propio desgarro.
El flamenco es un torrente
de carbones y de escarcha
que quema en la siguiriya,
la petenera o la caña
o se deshace en violetas
por los tientos y livianas.
Versos de excelsos poetas
forman su “Misa Flamenca”,
los de san Juan de la Cruz,
Fray Luis, Lope de Vega
o los de Juan del Enzina
que tanta mística encierran
y que en la voz de Morente
con alta excelsitud suenan.
Otro de sus grandes logros
tuvo lugar en Granada
con la obra “El loco romántico”,
por Morente dedicada
al querido don Quijote,
el soñador de la Mancha
que a lomos de Rocinante
contra todos peleaba
defendiendo a los más débiles
con la fe de la esperanza
para ofrecer la victoria
a Dulcinea, su amada.
Primer cantaor flamenco
con el Premio Nacional
de Música, merecido
galardón a resaltar
pues instaló el cante grande
en eximio pedestal.
Nominado fue también
“Medalla de Andalucía”
otorgada por la Junta
con oportuna justicia
por ennoblecer el cante
hasta cotas fidedignas.
Temprano se murió Enrique
y Dios lo tenga en su cielo
que sin duda debe estar
sobre el barrio albaicinero,
y que su voz siga viva
alimentando recuerdos
de quienes en verdad aman
la liturgia del flamenco,
tan luminosa por fuera
como profunda por dentro.
Próximo romance: LUIS DE NARVÁEZ
Anteriores entregas
II. Ángel Ganivet García (Granada, 1865 – Riga, 1899)
III. Ibn Zamrak (Granada, 1333 – 1394)
IV. Isabel de Solís, Soraya (Martos, Jaén, – ¿Sevilla? S. XV, 2ª mitad)
V. Mira de Amescua (Guadix, 1577 – 1644)
VI. Francisco Alonso (Granada, 1887 – Madrid, 1948)
VII. Juan Latino (Cabra o Etiopía, 1518 – Granada, 1597)
VIII. Chorrojumo (Ítrabo, 1824 – Granada, 1906)
IX. San Juan de Dios (Montemor: Portugal, 1495 – Granada, 1550)
X. Boabdil (Granada, 1460 – Fez, 1533)
XI. Doña Juana I de Castilla (Toledo, 1479 – Tordesillas, 1555)
XII. Alonso Cano (Granada, 1601 – 1667)
XIII. Elena/Eleno De Céspedes (Alhama de Granada, 1545 – Yepes ¿1588?)
XIV. Hermanos fosores de Guadix (Comunidad fundada en 1953)
XV. Mencía de Mendoza (Jadraque, Guadalajara, 1508 – Valencia, 1554)
XVI. Fray Leopoldo (Alpandeire, 1864–Granada, 1956)
XVII. Manuel de Falla (Cádiz, 1878–Alta Gracia, Argentina, 1946)
XVIII. Eugenia de Montijo (Granada, 1826– Madrid, 1920)
XIX. Manuel Benítez Carrasco (Granada, 1922–1999)
XX. Fray Luis de Granada (Granada, 1504 – Lisboa, 1588)
XXI. Abén Humeya (Válor, 1545 – Laujar de Andarax, 1569)
XXII. Mariana Pineda (Granada, 1804 – 1831)
XXIII. Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Granada, 1936)
XXIV. María de Pacheco (Granada, 1496 – Oporto, 1531)
XXV. Aixa (Siglo XV. Granada – Fez)
XXVI. Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, 1833 – Madrid, 1891)
XXVII. Ángel Barrios (Granada, 1882 – Madrid, 1964)
XXVIII. Pedro Soto de Rojas (Granada, 1589–1658)
XXIX. Emilio Herrera Linares (Granada, 1879 – Ginebra, 1967)
XXX. Elena Martín Vivaldi (Granada, 1907 – 1998)
XXXI. Ruiz del Peral (Exfiliana, 1708 – Granada, 1773)
XXXII. La Perla de Granada (Granada. Siglo XII)
XXXIII. Hernán Pérez del Pulgar (Ciudad Real, 1451-Loja, 1531)
XXXIV. Judá ben ibn Tibón (Granada, 1120 – Marsella 1190)
XXXV. María ‘la Canastera (Granada, 1913 – 1966)
XXXVI. El Gran Capitán (Montilla, 1453 – Granada, 1515)
XXXVII. Juan Alfonso García (Santos de Maimona, 1935 – Granada, 2015)
XXXVIII. Diego Hurtado de Mendoza (Granada, 1503 – Madrid, 1575)
XXXIX. José de Mora (Baza, 1642 – Granada, 1724)
XL. Álvaro de Bazán (Granada, 1526 – Lisboa, 1588)
XLI: Francisco López Burgos (Granada, 1921–1996)
XLII: Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935 – 2019)
XLIII: El doctor Olóriz Aguilera (Granada,1855 – Madrid, 1912)
XLIV. Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 1787 – Madrid, 1862)
XLV: Don Emilio Orozco (Granada, 1909 – 1987)
XLVI: Padre Ignacio de las Casas (Granada, 1550 – Ávila, 1608)
XLVII: Frascuelo: Salvador Sánchez (Churriana, 1842 – Madrid, 1898)
XLVIII: Alhamar (Arjona, 1194 – Granada, 1273)
XLIX: Conchita Barrecheguren (Granada, 1905 – 1927)
L: Juan José Santa Cruz (Madrid, 1880 – Granada, 1936)
LI: Duque San Pedro de Galatino (Madrid, 1857 – 1936)
LII: Antonio Gallego Burín (Granada, 1895 – Madrid, 1961)
LIII: Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza (Guadalajara, 1466 – Valencia, 1523)
LIV: Moraima (Loja, 1467 – Laujar de Andarax, 1493)
LV: María Fernández, ‘La Caramba’ (Motril, 1750 – Madrid, 1787)
LVI: Natalio Rivas (Albuñol, 1865 – Madrid, 1958)
LVII: Padre Francisco Suárez, S.I. (Granada, 1548 – Lisboa, 1617)
LVIII: San Cecilio (S. I.)
LIX: Antonio de Mendoza y Pacheco (Mondéjar, 1490 – Lima, 1552)
LX: Luis Portero García (Madrid, 1941 – Granada, 2000)
LXI: Dos monjas clarisas: Sor Beatriz y Sor Ana (S. XVII) (S. XVIII)
LXII: Agustín Lara (México,1897 – 1970)
LXIII: Joaquina Eguaras Ibáñez (Orbaiceta, 1897 – Granada, 1981)
LXIV: Manuel Cano Tamayo (Granada, 1925 – 1990)
LXV: Ibn-al Jatib (Loja, 1313 – Fez, 1374)
LXVI: Pedro de Mena y Medrano (Granada, 1628 – Málaga, 1688)
LXVII: La Dama de Baza (S. IV a. de C.)
LXVIII: Francisco Ayala (Granada, 1906 – Madrid, 2009)
LXIX: Gabriel Morcillo Raya (Granada, 1887 – 1973)
LXX: Moses Ibn Ezra (Granada, 1055 – 1135)
LXXI: Fray Juan Sánchez Cotán (Orgaz, 1580 – Granada, 1627)
LXXII: Enriqueta Lozano y Velázquez (Granada, 1829–1895)
LXXIII: José Pareja Yébenes (Granada, 1888–1951)
LXXIV: María Manrique de Lara (Amusco, 1469 – Granada, 1527)
LXXV: Ibn Tufail, Abentofail (Guadix, 1105–Marrakech, 1185)
LXXVI: José Martín Recuerda (Granada, 1926 – Salobreña, 2007)
LXXVII: Nicolás Prados López (Granada, 1913–1990)
LXXVIII: José María López Mezquita, Granada, 1885 – Madrid, 1954)
LXXIX: Marino Antequera García (Granada, 1897–1994)
LXXX: Andrés Manjón y Manjón (Sargentes de la Lora, 1846 – Granada, 1923)
LXXXI: Yusuf I de Granada (Granada, 1318–1354)
LXXXII: José Risueño Alconchel (Granada, 1665–1732)
LXXXIII: Miguel Ángel Gómez Martínez (Granada, 1949–Málaga, 2024)






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